Opinión

  • | 2011/07/14 17:00

    Jugando con fuego

    La demora por parte del congreso de los EE.UU. para incrementar el límite máximo de endeudamiento en que puede incurrir el tesoro americano para financiar el abultado déficit fiscal de los EE.UU. está empezando a generar ruido en el mercado y acciones concretas por parte de las agencias calificadoras de riesgo. Opinión de Juan Eduardo Zuluaga.

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Aunque es imposible creer que en un escenario razonable los partidos políticos no lleguen a un acuerdo sobre este tema antes de principios de agosto, momento en el cual se produciría una situación de incumplimiento de pagos del gobierno federal por falta de recursos hay temor en el mercado de que por un tema simplemente electoral repúblicanos y demócratas no puedan llegar a un acuerdo. El símil que algunos plantean es esas carreras de carros que aparecen en algunas películas donde dos corren derecho hacia un precipicio y gana el que frene de último. Al día de hoy, a pesar de que ambos partidos reconocen que no quieren llegar a este punto, ninguno quiere frenar y estamos a tres semanas de llegar al abismo.

El dilema que la situación actual plantea para las agencias calificadoras de riesgo está relacionado con el riesgo político que es uno de los soportes más importantes de la calificación de riesgo de los Estados Unidos, especialmente en el entorno actual donde los fundamentos de la economía se han deteriorado de forma sustancial como consecuencia del aumento en el gasto público en los últimos años. Recientemente, las tres agencias calificadoras de riesgo más importantes han llamado la atención haciendo comentarios sobre los fundamentos que amenazan la calificación o, de forma más directa, colocando la perspectiva de calificación negativa, como es el caso de S&P, o bajo observación, como lo hizo Moodys.

Desde el punto de vista del mercado, se está empezando a presentar algo que nunca había pasado y es el aumento en el costo de asegurar deuda del gobierno americano a niveles que superan los del gobierno colombiano en un horizonte de un año.

A pesar de que todavía es posible llegar a un acuerdo y solventar esta coyuntura, la dinámica de esta negociación ha terminado por develar un incremento del riesgo político en los Estados Unidos como consecuencia de las divergencias ideológicas entre demócratas y republicanos que, a pesar de concurrir en el mismo diagnostico acerca de la insostenibilidad de la situación fiscal actual, están buscando salidas por caminos completamente distintos.

En el caso del partido demócrata, la reducción del déficit fiscal está más concentrada en aumentar los ingresos fiscales y disminuir gastos que no estén relacionados con programas de alto impacto social. Por su parte, los republicanos están buscando cerrar el déficit sin aumentar los tributos y cortando beneficios en salud y pensiones. Esta discrepancia está dificultando de forma sustancial la búsqueda de consensos entre los dos partidos como se está evidenciando en la aprobación del techo de la deuda actual. En el pasado, esta situación se terminaba resolviendo en una dinámica donde se gastaba más a cambio de recaudar menos con el deterioro consecuente en la situación fiscal. Sin embargo, hacia el futuro, esta situación puede tornarse en una dinámica de bloqueo del proceso legislativo, especialmente si se agrega a la situación la radicalización que se ha dado en el partido republicano como consecuencia del fortalecimiento de la base del partido más cercana al conservadurismo fiscal “tea party”.

Dadas las consecuencias negativas que un incumplimiento de pagos tendría para el gobierno de los Estados Unidos, es difícil creer que no prime el sentido común con el fin de evitar una situación crítica. El problema es que aún resolviéndose la situación coyuntural, la percepción del riesgo político no volverá a ser la misma, lo que pesará sobre la calificación de riesgo americana de cara al futuro.
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