Opinión

  • | 2010/08/16 16:45

    Goldman en medio del huracán

    El banco de inversión Goldman Sachs, el que mejor logró capear la crisis financiera, está siendo sacudido por escándalos éticos y legales. Su respuesta: cambiar la forma de hacer negocios. ¿Logrará salir indemne? La opinión de Juan Eduardo Zuluaga.

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Goldman Sachs fue fundado en 1869 por el inmigrante alemán Marcus Goldman y su yerno Samuel Sachs. Desde esta época ha sido uno de los protagonistas más activos del mercado de capitales de los Estados Unidos, siendo famoso por su papel en la creación del mercado de papel comercial y de las colocaciones de las primeras ofertas públicas de acciones.

Goldman Sachs es sin duda el banco de inversión que mejor logró capear la crisis financiera en los Estados Unidos. En una crisis donde sucumbieron algunos de sus más fuertes rivales como Bear Sterns, Merril Lynch y Lehman Brothers, Goldman consiguió consolidar su franquicia y mantenerse independiente. Aunque recibió ayuda del gobierno (US$10.000 millones de capitalización del gobierno), fue el primer banco de inversión que repagó la deuda y trató de independizarse de las limitaciones que la ayuda del gobierno tenía implícitas, especialmente la relacionada con la compensación de sus empleados que ellos pensaban atentaba contra su modelo de negocio basado en contratar los corredores y banqueros de inversión más hábiles y talentosos del mercado.

Después de sobrevivir la crisis y salir relativamente fortalecido en comparación con sus competidores, la actitud de su presidente ejecutivo, Lloyd Blankfein, empezó a cambiar. De cauto y conciliador pasó a ser un poco más arrogante, lo que lo llevó a manifestar en una entrevista en noviembre del 2009 que él estaba haciendo el trabajo de Dios.

Al mismo tiempo, empezaron a salir a la luz pública algunas actuaciones que le han generado a la firma problemas en algunos casos reputacionales y en otros legales a nivel local e internacional. Siendo los más famosos en Estados Unidos los relacionados con el salvamento de AIG y, recientemente, la estructuración de obligaciones respaldadas por deudas hipotecarias Abacus – 2007.

En el caso del salvamento de AIG, la polémica ha rondado acerca de la posible vinculación de la firma en la decisión de salvar a la aseguradora y de cómo hacerlo. En este caso, la firma se benefició de un monto que algunos analistas estiman cercano a los US$12.900 millones por los pagos que recibió inmediatamente después del salvamento por parte del gobierno americano en septiembre del 2008. Para efectos ilustrativos, el patrimonio de la entidad ascendía a la misma fecha a US$49.000 millones. En su defensa, la firma ha sostenido que gran parte de su riesgo estaba cubierto a través de instrumentos derivados por lo que sus pérdidas hubieran sido sustancialmente menores a los pagos recibidos. La preocupación sobre la vinculación se debe a que el Secretario del Tesoro del momento, el señor Paulson, había sido empleado de Goldman Sachs y mantuvo un contacto permanente con el Señor Blankfein durante la operación de salvamento. Estos hechos, unido a la cantidad de personajes del mundo financiero internacional de primera línea que han pasado por sus filas, ha creado la idea de que conexiones e influencias políticas son parte de su éxito. Entre los personajes más importantes del mundo financiero internacional que han trabajado en Goldman se encuentran: Robert Rubin, Robert Zoellick, Mario Draghi, Romano Prodi, etc.

Por otra parte, está el tema más interesante que es el caso Abacus - 2007 donde a Goldman se le acusó de de haber estructurado títulos valores (CDO) diseñados para que un cliente suyo se lucrara de un colapso del mercado hipotecario por un valor de US$1.000 millones. El problema no está en haber diseñado estos títulos. La base de la acusación es que Goldman no comunicó a los compradores de los títulos y a la entidad que calificaba las obligaciones, que el título se estaba estructurando bajo encargo de un inversionista que quería especular a la caída del mercado. Por el contrario, se sugirió que este mismo inversionista tenía planeado tomar una posición larga en la inversión. Las implicaciones políticas de esta acusación se magnificaron porque los títulos fueron adquiridos por dos bancos europeos (ABN Amro hoy Royal Bank of Scotland e IKB) que hoy se encuentran en poder de los gobiernos de Inglaterra y Alemania por las pérdidas que sufrieron en la crisis. Después de haber rechazado de forma enfática las acusaciones, el 15 de julio Goldman acordó pagar US$550 millones al gobierno americano y a los inversionistas de los títulos por los perjuicios originados. Adicionalmente, se comprometió a cambiar la forma en que estructura negocios hipotecarios. Por el momento continúan nuevas acciones legales contra el banquero de inversión responsable de la operación, Fabrice Tourre.

De forma simultánea, han salido a flote otras actuaciones controversiales donde se ha acusado a Goldman de haber ayudado al gobierno de Grecia y a otros gobiernos nacionales y subnacionales europeos a esconder su deuda pública a través del uso de derivativos y la promoción de prácticas predatorias de crédito. Dichas acusaciones se suman a los conflictos de interés con algunos de sus clientes, donde ha actuado a la vez como banquero de inversión e inversionista.

En este momento de calma aparente, el reto para Goldman Sachs es cómo mantener un modelo de negocio exitoso adaptando sus prácticas a las nuevas realidades regulatorias y políticas. La reacción por parte de la compañía ha sido crear un comité de Nuevos Principios de Negocio, que busca atacar los comportamientos que han colocado a la firma bajo la arremetida de la opinión pública. Algunos de los temas que este comité busca tratar son: responsabilidades para cumplir con los objetivos de los clientes considerando los conflictos de interés que pueden surgir como consecuencia de la multiplicidad de productos que la firma ofrece; diseminación de información; venta de productos estructurados a la clientela; educación en principios éticos a sus empleados. Todos y cada uno de los temas están ligados a los escándalos y problemas legales que han surgido recientemente.

Es claro que la manera de hacer negocios en general en la industria tiene que cambiar y lo que suceda con este banco de inversión, considerando su liderazgo en el mercado, va a marcar el derrotero del negocio bancario después de la crisis. Es un poco temprano para pensar que muchos de los comportamientos negativos que se dieron durante la crisis no vayan a tener repercusiones reputacionales y legales, por lo que la conclusión de este capítulo todavía se encuentra lejana. Sin embargo, es evidente que la severidad y la duración de los cambios se verán influenciados por la velocidad con la que los bancos busquen mecanismos de auto-regulación adecuados. En caso contrario, la regulación les terminará siendo impuesta de forma rígida por las mismas autoridades, como ya está sucediendo.

Lo que debe de quedar claro para Goldman y en general para los grandes bancos estadounidenses, es que el alto costo de la crisis para el contribuyente americano, las secuelas de largo plazo que está dejando y la rapidez con la cual los banqueros quisieron voltear la pagina después de que se completó el salvamento financiero, han vuelto más sensible a la opinión pública acerca de la inconveniencia de muchas de las prácticas de negocios que eran comunes antes del estallido de la crisis. Continuar el negocio como venia, business as usual, no es una opción.




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