Opinión

  • | 2011/05/10 11:00

    Globalización y liderazgo empresarial

    Los líderes deben desarrollar competencias sociales, emocionales y cognitivas que les permitan conseguir el logro colectivo de metas. Generar procesos que perturben el sistema, esto es, que movilicen la organización. La opinión de Ivarth Palacio y Francoise Contreras.

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La globalización en su sentido amplio es un proceso que comprende aspectos políticos, económicos, sociales y culturales, que van más allá de la sola eliminación de aranceles o medidas para-arancelarias en el flujo de comercio entre naciones y bloques.

Los países, independientemente que estén clasificados en la categoría de desarrollados o en vías de desarrollo, han progresivamente venido entendiendo que éste proceso los involucra de alguna forma y que no pueden excluirse del mismo por cuanto si lo hacen el costo lo deberán pagar las futuras generaciones.

Como cualquier proceso y al mirarlo a lo interno de cada uno de los países genera costos y beneficios y son los gobernantes, el sector privado, la academia y todo lo que conforma la sociedad civil, quienes en cada caso deben hacer los análisis que permitan aprovechar al máximo las oportunidades, mitigar las amenazas, corregir las debilidades y aprovechar las fortalezas que con estrategias sólidas y coherentes maximicen los beneficios sociales y económicos de estos procesos.

Colombia cada vez más se ha venido insertando al mundo a través de una serie de tratados y acuerdos internacionales unos de tipo político, otros económicos, sociales y culturales y algunos mucho más completos que incluyen todo lo relacionado con el comercio entre países y bloques, inversión, transferencia tecnológica, patentes, propiedad intelectual, movimiento de productos, servicios y factores de producción principalmente capital por cuanto en el tema de mano de obra es poco lo que se ha avanzado sobre todo en los tratados de comercio con los países y bloques más fuertes en el concierto internacional.

Para el caso específico de la empresa colombiana las nuevas dinámicas que genera la globalización y todos aquellos tratados y acuerdos internacionales de comercio demandan un nuevo liderazgo empresarial, se trata de líderes con visiones de largo plazo que estén en la capacidad de ajustar sus organizaciones a las realidades actuales y futuras que permitan empresas perdurables en el tiempo y que estratégicamente puedan prevalecer en ambientes complejos.

Actualmente, las empresas deben hacer frente a éstas y otras muchas circunstancias que hacen parte del contexto globalizado en el que deben no solo permanecer sino progresar y crecer, se trata de ambientes dinámicos, que cambian de manera vertiginosa e impredecible, para lo que los líderes de hoy y del futuro deben estar preparados.

Más allá de la visión tradicional del líder, éste debe ser visto entonces como un agente de cambio, líderes cuyas actitudes, aptitudes, conocimientos y habilidades personales y directivas les permitan modificar ya sea de forma deliberada o espontánea la dinámica del equilibrio que suele producirse en las organizaciones y las vuelve rígidas y vulnerables a los continuos cambios del medio. Desde esta perspectiva, las organizaciones son vistas como sistemas, y los líderes como aquellas personas que logran flexibilizar su estructura, potencian la innovación y la creatividad y las preparan para hacer frente a los cambios del ambiente y a la incertidumbre creciente.

El ejercicio del liderazgo resultante será entonces, una propiedad de las organizaciones, entendidas éstas como sistemas complejos, cuyos agentes (componentes) se relacionan de forma recíproca, interdependiente e incluso difusa, regulando sus dinámicas internas y externas, lo que se hace evidente en la forma en que las organizaciones se relacionan con todos los grupos de interés.

Los líderes organizacionales entonces, deben desarrollar las competencias sociales, emocionales y cognitivas que les permitan dirigir estas influencias recíprocas hacia el logro colectivo de metas, en últimas es generar procesos dinámicos que perturben el sistema, esto es, que incidan sobre la relación entre los distintos agentes y movilicen las estructuras organizacionales.

Desde la anterior perspectiva, el liderazgo efectivo ocurrirá entonces cuando los cambios observados en uno o más agentes favorecen la evolución, crecimiento y desarrollo de las organizaciones, el líder efectivo será aquel que logre incidir sobre el sistema para que éste se aproxime al resultado deseado, teniendo en cuenta que la incertidumbre estará siempre presente y que el sistema puede tener cambios espontáneos en su interior o hacia el exterior, justamente por la relación difusa, indirecta e intrincada entre los diversos elementos que hacen parte del mundo empresarial.

Lo anterior permite inferir que el líder para el presente siglo debe potenciar la capacidad de aprendizaje, tanto a nivel organizacional como a nivel personal, esto es, lograr la modificación, relativamente estable, de los procesos individuales y organizacionales a partir de experiencias previas. El aprendizaje potenciará en los líderes su sensibilidad para prever los cambios y anticiparse a través de una lectura global del contexto. Estos procesos agitan los sistemas para que emerjan repertorios más acordes con las circunstancias del momento, efecto que solo se produce en organizaciones cuya flexibilidad lo permita.

Esta capacidad del líder de visualizar el futuro, debe estar acompañada de las competencias necesarias para establecer relaciones de confianza con sus colaboradores, que cada vez serán más diversos, -incluso hoy se habla de la necesidad de desarrollar competencias interculturales-, pues el líder debe ser consciente que las organizaciones requieren del trabajo colectivo, y que sin éste no pueden existir como tal. Formar grupos efectivos entonces, es otra habilidad fundamental, que implica el reconocimiento de la diversidad y su potenciación, es dar la posibilidad a las personas de aportar aquello que mejor saben hacer, es permitirles innovar, crear, sugerir nuevas formas de hacer las cosas. Cabe aclarar, que ésta liderazgo se da solo en ambientes laborales propicios para el desarrollo personal y humano, y es lo que se ha relacionado en la Facultad de Administración de la Universidad del Rosario con la responsabilidad social empresarial.

Los sistemas vivos ofrecen un soporte interesante frente a esta perspectiva del liderazgo en un mundo globalizado; ante las amenazas o las oportunidades, las organizaciones, al igual que los sistemas vivos, deben transformarse y auto-organizarse para aumentar la posibilidad de encontrar soluciones nuevas, sobrevivir e incluso fortalecerse ante la adversidad (resiliencia). Tal como sucede en los sistemas biológicos, la diversidad garantiza mayores oportunidades, lo que requiere de líderes creativos que acepten y estimulen la diversidad, que sepan identificar, valorar e incluso potenciar las diferencias, lo cual enriquecerá de forma notable a las organizaciones y garantizará en cierta medida su supervivencia, crecimiento y desarrollo.

 
Los autores son profesores de la Facultad de Administración de la Universidad del Rosario.



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