Opinión

  • | 2011/05/06 09:40

    Evaluación del CEO

    La evaluación del CEO es una de las responsabilidades más distintivas del Directorio de la compañía, puesto que la calidad de su gestión tiene un impacto directo sobre el desempeño y los resultados de la organización como un todo. Opinión de Rafael Ortega Ryberg.

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En otras palabras, es la gestión que tiene mayor visibilidad para los inversionistas de la empresa, he allí la importancia de este monitoreo por parte de los directores. En escenarios de transición, basta con observar las reacciones de los precios de las acciones de las compañías que cotizan en las bolsas de valores frente a los anuncios de quién será la persona que ocupará este rol, para entender la magnitud del impacto que el CEO tiene sobre los resultados y el porvenir de las organizaciones. En este sentido, el nombramiento del CEO es quizás la decisión más importante del directorio, decisión que iría de la mano tanto del establecimiento de incentivos adecuados para una buena gestión, como de la realización de acciones correctivas cuando las circunstancias lo requieren.

La tarea primordial que el CEO debe realizar consiste en la formulación de una estrategia de negocio efectiva, y asegurar la alineación de la organización en torno a la misma. En otras palabras, debe ser claro para todas las personas hacia dónde se dirige la organización y lo que se requiere para llegar allá. No obstante, el CEO no está solo en esta función, ni debería intentar estarlo. Así como el Directorio tiene la responsabilidad de ejecutar los derechos de control sobre la gestión del CEO, también tiene la obligación de ser su principal asesor en los temas relacionados con la formulación y ejecución de la estrategia. En este sentido, si bien los directores deben exigir los resultados esperados, también tienen la responsabilidad de acompañar al CEO en la toma e implementación de estas de decisiones.

Asumiendo que se la estrategia seleccionada es la adecuada, la gestión del desempeño de la organización reflejará principalmente la calidad de su implementación. En otras palabras, la estrategia debe brindar los resultados esperados. Como punto de partida para este proceso, el CEO debería contar con la habilidad de comunicar la estrategia de una manera efectiva, sencilla y fácil de entender para el resto de la organización. Con pocas palabras y mucha energía, debería contar con la capacidad para describir el propósito de la organización y cuál es su visión del futuro. Debe liderar primordialmente con un gran sentido de integridad, asegurando que sus palabras y sus acciones cotidianas se conviertan en un ejemplo a emular por todos en la organización, viviendo los valores que se requieren para el éxito de la compañía. Como paso fundamental para lograr la alineación de la organización con la estrategia, partiendo de este mensaje del CEO las personas deben estar en capacidad de describir de manera sucinta cuál es la estrategia del negocio y cómo se traduce en su trabajo del día a día. Idealmente, todos en la organización deberían ser capaces de describir en unas pocas líneas cual es la esencia de la estrategia del negocio y cómo desde su propia gestión contribuye al éxito de la misma.

Una vez que se cuenta con la estrategia del negocio, el CEO debería tener claro cuáles son los requerimientos de la organización y su talento para poder ejecutarla, e identificar las brechas que estas podrían tener frente a dichos requerimientos. Si bien algunas de las capacidades organizacionales, es decir, aquellas actividades que la organización debe realizar particularmente bien para ser exitosa en la ejecución de su estrategia, requieren de inversiones en capital tangible, estas también son el reflejo de la sumatoria de las competencias de las personas. En este sentido, es fundamental entender cuáles con las competencias que se requieren al nivel de las personas cuyo trabajo se relaciona con cada una de estas capacidades organizacionales, pues estos perfiles a su vez son los que orientan los procesos de selección, desarrollo, despliegue y sucesión. En otras palabras, el CEO debe ser capaz de conectar la estrategia con la gestión del talento de la organización, asegurando la identificación y desarrollo de los potenciales sucesores a todo nivel.

Naturalmente, el CEO debe ser capaz de inspirar y movilizar a sus colaboradores. Las personas deben sentir orgullo y admiración por su líder, y contar con la convicción de que este los conducirá hacia el éxito que añoran lograr. Quizás el concepto más relevante en este campo es el nivel de “engagement” del talento de la organización, el ha cobrado gran importancia en los últimos años, dada su relación con el desempeño de las empresas. Es quizás el indicador más integral que determina no solo el grado de felicidad de las personas al hacer parte de la organización, sino que tan dispuestas están a tomar decisiones, actuar y asumir los sacrificios necesarios como si fueran accionistas de la empresa, sin que necesariamente lo sean en la práctica. Hoy día muchas compañías de clase mundial miden regularmente el nivel de “engagement” de su talento, siendo este uno de los indicadores clave por los que el CEO es responsable.

Finalmente, el CEO no solo debe ser competente, sino también coherente. Esto significa que en la práctica, sus acciones en el día a día deben coincidir plenamente con el propósito, los valores y las metas de la organización. Recordando algunas de las más célebres palabras de Warren Buffet, los accionistas pueden llegar a entender que en ciertos escenarios no se llegue a los resultados esperados. Pero impactar de manera negativa la reputación de la organización es imperdonable. 
 

Principal LTC, Korn/Ferry International
Colombia & Ecuador

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