Opinión

  • | 2011/11/20 09:00

    Entre Wall Street y Zuccotti Park - ¿Buda en Nueva York?

    Cuenta la leyenda que el príncipe Siddhartha vivía en su palacio, tranquilo, sin preocupaciones ni molestias. Hasta que un día se despertó en su interior la curiosidad y las ganas de aprender, el afán por descubrir las realidades existentes más allá de las paredes de su impecable enclave.

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Con la ayuda de su cochero Siddharta se aventuró a la exploración de lo desconocido, se atrevió a abrir sus ojos y a abrirse al mundo. Sigilosamente se escapaba de su confortable morada, y en cuatro noches se propiciaron cuatro encuentros reveladores: conoció la pobreza, la enfermedad, la vejez y la muerte.

Al percatarse que no todo era color de rosa, y constatar la vulnerabilidad de la condición humana, Gautama no tuvo alternativa que sentarse a meditar y replantearse el mundo. De allí su esfuerzo extraordinario por buscar una salida a las frustraciones que atestiguaba su época y contexto.

Aunque lejanas a nuestro tiempo y cultura, las realidades presenciadas por el buen Siddhartha no resultan tan distantes a nuestra existencia. Incluso sin mayores sensibilidades espirituales es posible percibir coincidencias y reiteraciones; pues prácticamente en cualquier ciudad del mundo se sigue manifestando nuestra fragilidad, con contrastes cada vez más deslumbrantes e inquietantes.

En estos días donde la humanidad calcula que la población desborda el simbólico guarismo de siete mil millones, me pregunto si algo hemos aprendido de la iluminación del Buda. Al constatar las cifras las poblaciones que se empobrecen y envejecen, y al presenciar las luchas (afortunadamente) inútiles por erradicar todas las enfermedades y alcanzar la inmortalidad, creo que reflexiones como las de Buda siguen siendo tan necesarias como nunca antes.

Por ejemplo ¿qué descubriríamos si examinamos el mundo a gran escala? ¿Qué realidades revelaríamos al examinar trozos representativos de la realidad? Propongo ambas alternativas, pues no deberíamos evadir la complejidad del primero, pero también podríamos aprovechar la ventaja de examinar vicisitudes más cercanas y concretas.

Por ejemplo, imaginemos que Siddharta camina por Nueva York, en pleno siglo XXI y precisamente en la semana que nuestra población alcanza records inéditos. Siddhartha sale del pomposo NYSE en Wall Street, camina por una amplia pero concurrida vía (Broadway), y a escazas dos cuadras llega a Zuccotti Park, dónde encuentra en la calle de la Libertad (Liberty Street) a unas personas, que indignadas, protestan por ciertas consecuencias nefastas de nuestras formas de organización económica y política.

Aunque la situación podría ameritar análisis muy abstractos al nivel macro: por ejemplo, acerca de las repercusiones políticas de la primavera árabe, o acerca de las fluctuaciones de las inversiones en financieras derivadas de las últimas crisis y las especulaciones incesantes, muy probablemente nuestro príncipe preferiría enfocar su mirada en realidades concretas a nivel micro. ¿Por qué hay individuos que protestan? ¿Por qué algunas personas sufren hambre en medio de la mayor abundancia de recursos, en pleno corazón financiero del mundo? ¿Por qué hay pobreza en medio de la más rica de las ciudades?.

Al contemplar los grupos de protestantes, al mirar sus rostros, al percatarse de sus circunstancias, podría pensarse que se trata de mucho más que una simple coincidencia. El Manhattan de hoy, pareciera un avatar deliberado de la historia del Buda, pues del lujo de Wall Street, se transita fácilmente a escenarios de pobreza, enfermedad, vejez, y hasta de muerte, pues el cementerio de Trinity Church, (paradójicamente localizado entre el centro financiero que simboliza el status quo y los manifestantes que quisieran cambiarlo), constituye un claro recordatorio de la naturaleza común de todos los implicados, de nuestras finitudes y limitaciones.

Si Siddhartha caminará por Manhattan, tal vez encontraría una forma sabia de conciliar los contrastes, de conectar los aislamientos, de integrar las fragmentaciones… ¿Qué diría Siddhartha? Pero como no está, nos toca imaginarlo y esforzarnos por construir nuestras propias respuestas.

Dichas respuestas probablemente no serían muy transcendentales, pero quizás si deban buscar la transcendencia, al menos como inspiración, como ideal, como posible punto de llegada. Si Siddhartha caminara por Manhattan tal vez se sorprendería de ver multitudes inmensas, inmensamente colmadas de soledad; conectadas a mundos virtuales pero desconectadas de sí mismas y de los demás; avanzando a ritmos frenéticos por el mundo, pero inconscientes de las consecuencias de sus actos en el mundo.

Si Siddhartha caminara por Manhattan quizás pensaría que efectivamente tenemos que repensar y re-crear nuestros modos de organización económica y comercial. Un mundo sustentable, requeriría que generemos menos desechos –sobretodo humanos- y mayor bienestar; requeriría formas de negocios que sean parte de la solución y no simplemente de perpetuación de dinámicas insostenibles. Necesitamos nuevas formas de negocios que puedan plantearse como interacciones constructivas entre personas, y no sólo como molestos costos de transacción que todos buscamos externalizar.

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