Opinión

  • | 2009/10/29 04:40

    Ellas saben más

    Hombres de abundantes espermatozoides atrapados en el celibato, opinan que no debe enseñarse los derechos reproductivos a las mujeres. La relación entre el aborto y el crímen. Opinión de Manuel Maiguashca.

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Steven Levitt y Stephen Dubner, el primero economista y el segundo periodista, publicaron un libro en 2005 titulado “Freakonomics”. Un capítulo del libro trata las razones de la declinación en crímenes en Estados Unidos durante la década de los noventa. Explica que la tasa de homicidios en la ciudad de Nueva York disminuyó de 30,7 homicidios por 100.000 habitantes en 1990 a 8,4 en 2000. Una caída del 73,6%.

 

Varios factores parecen haber influido en esto. Particularmente en Nueva York, las estrategias efectivas de un nuevo cuerpo de policías incorporado por el alcalde Giuliani. Sin embargo, en otras ciudades del país el indicador tenía las mismas tendencias. Inclusive en Los Angeles, célebre por la corrupción de sus policías. Otros factores parecían incidir. Los autores se atreven a plantear una hipótesis arrojada: el principio de la década de los noventa coincidía con la época en que llegaban a la tardía adolescencia, período en que los jóvenes entran en su potencial criminal, la camada de nacidos en la mitad de la década de los setenta.

 

En enero 22 de 1973 la Corte Suprema de Estados Unidos, en el famoso fallo del caso Roe versus Wade, legaliza el aborto en todo el país. En el primer año posterior al fallo, 750.000 mujeres abortaron, en 1980 la cifra fue de 1,6 millones. Antes del 73, las mujeres que accedían a abortos eran las de clase media y alta; pagaban seguros procedimientos ilegales y costosos. Después del fallo cualquier mujer acudía a procedimientos legales económicos. Las mujeres que más abortaban eran adolescentes solteras o provenían de hogares infelices o en extrema pobreza. Crecer en estos ambientes hace el doble de propensos a los niños a cometer crímenes.

 

Los factores que llevaron a las mujeres a decidirse por el aborto son los mismos que predicen que sus hijos tendrían una vida infeliz y probablemente criminal. Un efecto, tardío en revelarse, de la legalización del aborto, era la baja criminalidad de los noventa. La camada peligrosa fue detenida por la discreción de las madres que no fueron. El libro asombra con las correlaciones entre criminalidad y aborto en los diferentes estados del país.

 

Las causas de los beneficios en tres bandas sugeridos por la demografía y el aborto residen en la biología. Desde hace 4 millones de años la especie humana se multiplica gracias a las relaciones sexuales entre parejas. El hombre cuenta con un material reproductivo abundante y permanente, es fértil desde la pubertad y hasta la muerte. La mujer, cuenta con un material reproductivo fugaz; es fértil desde la pubertad hasta la menopausia y además críptico en ocasión y frecuencia; solamente durante tres no precisos días al mes. El óvulo es indiscutiblemente mucho más valioso que los abundantes espermatozoides. Simple regla de la economía.

 

Después de la concepción, la mujer carga en su vientre la cría por nueve meses y posteriormente la alimenta por otros tantos. Desde el punto de vista de inversión, es la mujer quién arriesga más en la crianza. El hombre muchas veces no aparece después del orgasmo. Pocas especies cuentan con un ser tan portentoso como la mujer para apreciar y cuidar la vida de sus hijos. La naturaleza les delegó los poderes de juicio de los beneficios o maldiciones de traer vida. Ellas saben más, mucho más que los hombres sobre esto.

 

El debate de los últimos días en Colombia insulta a las mujeres. Hombres de abundantes espermatozoides atrapados en el celibato, opinan que no debe enseñarse los derechos reproductivos a las mujeres. Derechos que aún no descubren el juicio total a abortar sino solamente en casos que no deberían ni siquiera discutirse. Hombres de abundantes espermatozoides deciden que el proceder para el aborto no está en regla, debe revisarse. Mujeres embarazadas, con riesgos de salud para ellas o sus bebés o violadas, deben esperar al juicio sosegado de los machos. Lo cierto es que la biología es dictadora. Inclusive los más fervientes creacionistas y los más exaltados juristas no se pueden librar de su sentencia africana de hace millones de años: ellas saben más.

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