Opinión

  • | 2008/09/29 00:00

    El siglo de los huracanes

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En su película “Una verdad incomoda” (2006), Al Gore predice que las condiciones que han causado el calentamiento global producirán una mayor número de huracanes como el Katrina que devastó New Orleans. En este año Ike, Hanna y Gustav han amenazado el caribe y las costas de Estados Unidos con una frecuencia aparentemente sorprendente, lo que parecería ratificar la tesis de Gore.

Bien sea que Gore tenga razón sobre esto o no, si se puede afirmar que el siglo XXI estará plagado de huracanes por las nuevas condiciones mundiales, pero huracanes financieros. La actual crisis, que ha sido comparada con el “crash” del 29, puede no ser tan profunda como este pero ha mostrado que la globalización ha creado una volatilidad en los mercados nunca antes vista. El dólar tiene la mayor caída de la historia en Colombia. Luego se recupera para volver a caer después. El precio internacional del petróleo presenta el mayor aumento de la historia. Banco tras banco cae como consecuencia del vendaval desatado por la “tormenta subprime”, pero en lugar de un desplome fulminante del Dow Jones se tienen subidas y bajadas en la bolsa donde la euforia y el desengaño matizan una montaña rusa incontrolable para las autoridades económicas que atizan el fuego al dudar frente a la posibilidad de rescate de los bancos. La instabilidad de la principal bolsa del mundo se refleja en el resto del mundo inmediatamente e incluso nuestra bolsa de valores presenta un comportamiento impredecible.

¿Cuál es la causa de la volatilidad? El final de la crisis asiática mostró como la velocidad que los capitales habían adquirido gracias a las nuevas tecnologías de comunicación habían sido causante de la crisis. Los capitales golondrina, aquellos que van y vienen entre países en busca de mejores rentabilidades, se movían muy rápido aprovechando la revolución de las comunicaciones de los noventa. El célebre economista y premio Nobel James Tobin propusó un impuesto que sirviera como freno de los mismos, idea que, aunque había sido planteada desde los setenta, parecía urgente con las nuevas condiciones tecnológico-financieras.

En la actual turbulencia financiera las tecnologías han contribuido nuevamente a la transmisión de tendencias alcistas y bajistas como jamás hubiera sucedido durante el “crash” del 29. La interdependencia de los mercados y el aumento del comercio internacional han estimulado esta transmisión de la volatilidad del mercado americano. Sin embargo el origen de la volatilidad misma se halla en la velocidad de la información y el característico comportamiento de manadas que tiene el sistema financiero, donde frente a una mala noticia todos se apresuran a vender, deprimiendo aún mas los precios (y lo opuesto durante la euforia alcista). Cualquier nueva señal, positiva o negativa, pone en marcha a todos los agentes del mercado hacia movimientos erráticos en la medida en que pronosticar una tendencia de las variables financieras es casi imposible en las actuales condiciones.

El actual sistema financiero es altamente sensible, volátil y posee una desmesurada influencia sobre el sector real. La incertidumbre que generan estas condiciones es un mal aún mayor que la crisis misma.

¿Podrá el paquete de rescate discutido por el gobierno norteamericano dar un poco de calma después de la tormenta? Si bien los US$700.000 millones pueden dar un poco de certidumbre al mercado (cifra por demás escandalosa si se recuerda, como señaló Barack Obama en el último debate presidencial, que es equivalente al gasto de guerra en Irak) difícilmente podrá controlar el nerviosismo de los mercados ante un sistema financiero débil y sensible frente a cualquier nueva noticia. En Colombia la TRM y el IGBC bailarán inevitablemente al compás de la volatilidad mundial.

 
 
Coordinador Área de Finanzas. Programa de Economía. Universidad Jorge Tadeo Lozano. leonardo.santana@utadeo.edu.co

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