Opinión

  • | 2008/05/22 00:00

    EL PROBLEMA DE LA CRISIS?DE ALIMENTOS

    ? La idea que parece defender nuestro Ministro es que nuestras deficiencias en producción de alimentos no tienen importancia.

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Mientras todos los organismos internacionales, desde la Unicef hasta el Banco Mundial, advierten sobre las consecuencias que está produciendo la escasez mundial de alimentos. Nuestro gobierno, por boca del Ministro de Agricultura, nos dice que vivimos en otro planeta y que gracias a su gestión no compartiremos ese flagelo universal.

No habla ni menciona que Colombia ha venido dependiendo cada año más de las importaciones de alimentos; ni que el sector de menor crecimiento es el sector agropecuario; ni que por eso cada vez estamos más distantes de la autosuficiencia.

Señala la expectativa de desarrollar los millones de hectáreas de potencial agrícola, pero no recuerda que su programa es el de entregar tales tierras a las grandes empresas, y se refiere al crecimiento del PIB, pero sin tener en cuenta que ese crecimiento se concentra en las 20 empresas más grandes del país, como tampoco menciona que la mayoría de éstas son extranjeras y su razón de ser no es el bienestar de nuestra población sino el de sus accionistas.

Tampoco hace alusión a lo que destacan los analistas que tocan el tema, como es el que la escasez se refleja en la elevación de los precios, y que el efecto de esto es que las clases más pobres, las que escasamente tenían para subsistir con los precios antiguos, hoy tienen por perspectiva la muerte por hambre.

Como si no existiera lo que ha caracterizado y ha sido cuestionado del modelo que el gobierno aplica y defiende, hace caso omiso de que 'el costo social' de la implantación del neoliberalismo es el aumento, que suponen 'transitorio', del número de esos pobres, y que eso ha sido particularmente evidente en Colombia (la teoría supone que el desarrollo de las riquezas potenciales gracias al estímulo de la competencia, beneficiará a la larga a toda la población), o sea que se debe asumir que solo 'transitoriamente' aumentarán los muertos por hambre, los niños que padecen subdesarrollo mental por hambre...

Pero, además, contradice lo que el Presidente supone estar promoviendo, como es que la expansión de la actividad del campo colombiano se orientará hacia la producción de biocombustibles, y que hacia allá se están dirigiendo las políticas oficiales cuando subsidian el uso de la caña de azúcar para producir etanol o eximen de impuestos (aún más) a los palmicultores para que beneficien la fruta en forma de biodiesel.

Pareciera que también respecto a este tema el alto funcionario considerara que mediante un manejo mediático 'habilidoso' se puede transformar la realidad en lo contrario.

Ya hizo el intento con la escasez de arroz cuando, ante el inminente desabastecimiento y la inevitable alza del producto, se lanzó el mensaje de que se autorizaba la importación de 160.000 toneladas del Ecuador, esperando desactivar la espiral alcista que se iniciaba.

De hecho, esa cantidad, que representa casi el 10% del consumo anual, significaba un faltante mayor, sobre todo en relación a las cantidades habituales de desfase en la producción. Pero, en lugar de enfrentar ese déficit reconociendo lo difícil de la situación, se buscó detener el efecto con anuncios que no tomaban en consideración la realidad que se presentaba.

Las exportaciones de allá dependen de que tengan excedentes o que, como parece ha sido tradición, se haga una triangulación con arroces de los países productores de Asia. Pero la situación mundial ha cambiado, y no solo Ecuador ya no es un país aliado o interesado en subsanar nuestros problemas, sino que Tailandia, Indonesia y Vietnam, que eran los grandes exportadores, prohibieron las ventas al exterior y empiezan a cotizar para importar, incluso, del mismo Ecuador.

El resultado es que el arroz verde que compran los industriales al agricultor subió en tres meses de $70.000 a $110.000 por carga, lo cual debería haber hecho reflexionar sobre este tipo de soluciones.

Pero como si nosotros fuéramos una isla inmune a los tsunamis que afectan otras naciones, la idea que parece defender nuestro Ministro es no solo que nuestras deficiencias en cuanto a la cantidad de alimentos que producimos no tienen importancia, sino que lo que causa traumas en el mundo -o sea, lo que lleva a las rebeliones en Bangla Desh, Suráfrica, Sierra Leone, o a la restricción y la limitación a cupos de ventas en los supermercados americanos o brasileros- es algo ajeno a nosotros y no repercutirá para nada en nuestro caso. Porque, mientras en el mundo se hacen descripciones de los tres problemas mayores que afectan a toda la humanidad como un conjunto y que han llevado a esta crisis (el cambio climático, la sustitución o la destinación de la producción para biocombustibles, y el alza consecuente de los insumos -en especial de los derivados del petróleo), aquí no solo no se consideran las limitaciones internas, sino se pretende ignorar totalmente la problemática externa, como si no tuviera ninguna incidencia sobre nosotros, cuando la realidad es que somos más vulnerables y estamos de hecho siendo ya más afectados que el promedio de los países.

En cuanto al cambio climático, nuestra situación se ha deteriorado más que la del conjunto mundial, puesto que, de estar entre los cuatro países de mejores condiciones hidrológicas, pasamos al renglón número 20 y, de disponer de 60.000 litros de agua per cápita, bajamos a 44.000.

En cuanto al cambio de destinación, nuestro principal déficit es de maíz -del cual importamos más de dos millones de toneladas y es la base de toda la industria de concentrados, especialmente de todo el sector avícola que ha sido el de mayor crecimiento y es actualmente el primer renglón del sector agropecuario-; y resulta que la producción de este grano ahora es utilizada por los Estados Unidos -que es el principal abastecedor del mundo- para las cuotas de etanol que su nueva legislación exige, aumentándose en forma exponencial su precio, pero sobre todo reduciendo en forma inversamente proporcional su cuota exportadora.

Y si nuestra desventaja para competir con nuestros vecinos Ecuador y Venezuela era que ellos subsidiaban o producían sus abonos más baratos, los nuevos costos de aquellos directamente derivados de la industria petroquímica, y/o de los que son afectados indirectamente por las alzas en el transporte y en los gastos de procesamiento, hacen que la brecha que existía tienda a convertirse en abismo, mientras nuestra propia actividad petrolera se limite a la extracción sin explotación industrial de derivados y ni siquiera refinemos lo que consumimos.

En fin, lo realmente grave es que, ante este problema, la actitud del gobierno se parece en algo al manejo que da al tema de los acuerdos humanitarios o de la paz con la negativa a aceptar que existe un conflicto armado: no es posible corregir o manejar una situación que se niega que existe. Si los esfuerzos se concentran en tratar de negar la dificultad inminente en materia alimenticia, no se tomará ninguna medida para impedir que esta se dé.
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