Opinión

  • | 2009/10/01 00:00

    El niño caprichoso.

    Qué tan grave es el fenómeno de El Niño para la generación eléctrica en el país. Qué tan preparados estamos, qué falta ¿A quién le subirán las tarifas? ¿Es grave la falta de gas vehicular? Opinión de Manuel Maiguashca.

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La civilización maya fue la más avanzada de las precolombinas. La única en la región que utilizó escritura. Sin embargo, en el año 800 A.D del 90 al 99% de su población estaba extinta. Las razones, guerras y sequías frecuentes. Las sequías continúan sucediendo cada cierto tiempo. Se conoce el evento como Fenómeno del Niño. Se trata del calentamiento de las aguas del océano Pacífico. Estas corrientes cálidas se propagan hacia el oeste afectando las costas del continente americano ahuyentando los vientos cargados con nubes de lluvias.

 

El resultado es un clima seco que puede durar hasta nueve meses. Predecir las dimensiones exactas de duración y severidad no es fácil y el blanco de análisis debe ser la zona de la Polinesia cerca a Australia. Cuando comienza a mermar la temperatura en esta zona es el final del fenómeno y se espera que el clima vuelva a la normalidad.

 

En 1992, Colombia sufrió un grave racionamiento de electricidad por causas de este fenómeno y no contar con un parque de generación con combustibles diferentes al agua. El costo que pagó la sociedad fue altísimo, no contar con la energía. A raíz del evento, el país cambió la normativa del sector diseñando incentivos para la incorporación de plantas térmicas. Inicialmente, con contratos entre operadores y el Estado y posteriormente incorporando un pago fijo que se cobra a todos los usuarios y se destina a los generadores con energía en firme en momentos críticos. El esquema ha dado resultado. En 1997 el país volvió a sufrir una sequía, inclusive más severa que la de 1992. Con las plantas térmicas instaladas, no hubo contratiempo con el suministro de electricidad. Igualmente sucedió en 2006. En el futuro se resolverá el suministro con los más de 4.000 MW que están en construcción.

 

El Niño del momento es algo caprichoso ya que ocurre en un periodo cuando los embalses recargan sus niveles preparándose para el verano de enero. Pero con el respaldo térmico a gas, carbón y combustibles fósiles líquidos, no hay problema de suministro de electricidad, como lo ha dicho el ministro de Minas y Energía. En cuanto al precio, gran parte de los usuarios colombianos están representados por comercializadores de energía que cuentan con contratos a largo plazo con precios fijos.

 

Estos no tendrán efectos. Pero hay una porción del mercado, especialmente el de Cali que está descubierto y debe comprar la energía en la bolsa. Para los usuarios de estratos altos de esa ciudad habrá alzas.

 

Esta exposición a bolsa no es conveniente. A veces se causa por arrojos de valentía innecesarios del comprador y otras por la no disposición a vender de algunos generadores a empresas con problemas de liquidez. El regulador del sector ha entendido esto y ha diseñado un esquema de subastas de contratos a largo plazo en sistemas electrónicos, anónimos y con garantías líquidas para los vendedores. De esta manera, el mercado puede acudir a mejores precios y contar con coberturas en todo momento. Este es un paso importante para el sostenimiento del sistema y debe entrar a operar a finales de este año.

 

Que no haya gas para algunos vehículos en Bogotá es coyuntural y no es grave. Como lo ha anotado el Ministro, éstos pueden utilizar combustibles alternativos y la infraestructura de transporte estará lista el año próximo. El gas se requiere ahora para el arsenal de generación térmica que espera su momento estelar paciente pagando contratos de firmeza del combustible por muchos años.

 

Desde los Mayas, el Fenómeno del Niño ha afectado los destinos de las civilizaciones ribereñas del Pacífico. Mucho ha avanzado Colombia para contrarrestar sus efectos en el sector energético. Faltan puntadas en el esquema regulatorio para obligar a los agentes a contratar a largo plazo y para crear nueva infraestructura para almacenar el gas doméstico e importarlo en momentos en que al país le falte.




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