Opinión

  • | 2011/04/17 07:20

    El estrés durante el tratamiento de fecundación

    Preocupaciones usuales en personas que se someten estos tratamientos. Cómo manejarlas, como conversar de ellas. La opinión de Martha Escamilla R .

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A pesar de que los tratamientos de fecundación in Vitro, inseminación artificial, son cada vez más frecuentes y exitosos gracias a los avances de la medicina y las técnicas empleadas, hay parejas que dependiendo del estado emocional de cada uno, de la relación entre la pareja y, sobre todo, si no es el primer tratamiento, pueden experimentar estrés. Este estrés puede empañar lo que puede ser un momento hermoso e importante, de ilusión y fortalecimiento de la relación, pero se puede convertir en un camino con muchos altibajos que afectará a la relación y al proceso mismo. Cuando el hombre o la mujer se sienten presionados, con angustia o culpables por la situación, hay estrés emocional, estrés físico y estrés mental. A continuación compartiré una serie de preocupaciones que algunos pacientes han mencionado, tal vez le puede servir para hablar con su pareja, con su médico y/o psicólogo. Y esto le ayudara a que su proceso sea más fácil.

Las causas de estrés con este tipo de tratamientos (fecundación, inseminación artificial, etc.) pueden comenzar antes de tomar la decisión de iniciarlos. El reconocer que se tiene un problema de esterilidad, por ejemplo, conlleva vergüenza para algunos, porque sienten que han fallado y que le han decepcionado a su pareja. Algunas personas dicen “no soy lo suficientemente hombre o mujer, me va dejar”. Otros saben muy poco del tratamiento o tienen ideas erróneas o prejuicios sobre el mismo y esto hace que ni siquiera consulten con el médico, perdiendo la oportunidad de lograr el sueño de tener una familia.

Otro motivo de estrés físico y emocional puede ser que una vez que se toma la decisión del tratamiento, es que la mujer debe preparar su cuerpo a priori con días de anterioridad, a veces con 40 días, dependiendo del tratamiento, y esto es un proceso largo, dispendioso y para muchas estresante, especialmente si no es el primer tratamiento.

Además de lo expuesto anteriormente, otras causas de estrés son:

-La edad, a medida que aumenta la edad, las posibilidades de embarazo se reduce.
-Temor, a que el bebé nazca con alguna enfermedad o anomalía.
-Donante, ¿quién es?, ¿de dónde viene?, ¿qué enfermedades puede heredar?, ¿adicciones?, no se parecerá a mi, etc.
-Miedo al fracaso, el no saber si el tratamiento tendrá éxito causa estrés, y más aún, si es el segundo tratamiento.
-La espera e incertidumbre, son compañeros constantes en el tratamiento. La expectativa ante éste, si será efectivo; la espera ante los resultados de la prueba del test de embarazo, y si este es positivo, la incertidumbre durante los meses previos al nacimiento del bebe. Y en caso de ser negativo, empezar nuevamente con más pruebas y tratamientos.
-La parte económica, Se sabe que este tipo de tratamientos y las medicinas empleadas son muy costosas, y muchas parejas deben hacer grandes sacrificios para poder pagarlos.
-Uno de “los riesgos” de este tipo de tratamientos son los embarazos múltiples. El pensar en tener gemelos o trillizos puede generar tensión en los padres.
-Algunas mujeres comentan en terapia sentir presión y miedo de no quedar embarazadas y que su pareja las deje por no poder darles una familia.
-Si hay conflictos en la pareja, la mujer se puede sentir sola durante su proceso y es cuando más necesita el apoyo de su compañero.
-El miedo a someterse a estos procesos, estar con médicos, ir a clínicas, pedir permisos, son factores de estrés para algunos, especialmente si han tenido experiencias traumáticas anteriores. Hay personas que deben salir de la ciudad o país para recibir el tratamiento adecuado, y esto causa estrés y gastos adicionales.
-A la carga emocional que cualquier intervención pueda generar, se le puede añadir más estrés si la persona está reviviendo recuerdos traumáticos de pasadas cirugías propias o de personas cercanas.

Como ven, hay muchas razones que pueden hacer que la persona tenga estrés emocional, físico y mental durante el tratamiento, y esto ocasionará altibajos en la vida de la pareja, lo cual puede causar trastornos en el tratamiento de fertilidad. Según la revista, Human Reproducción “El estrés es un factor que provoca infertilidad. En el caso de la mujer, vivir bajo constante presión afecta la regularidad de sus ciclos y puede provocar amenorrea (falta de menstruación), y en los varones altera los niveles y la calidad del esperma. Por todo esto es importante que la madre y el padre aprenden a acompañarse emocionalmente a ellos mismos y entienden y procesen sus miedos. Cuando esto sucede, hay crecimiento personal y de pareja, y se conectan mejor con la vida que viene en camino.
Por ejemplo, el momento de la fecundación in vitro, que aunque es una manipulación externa y este acto hace que este proceso se vuelva mecánico y no que sea parte de un acto amoroso, no quiere decir que no sea un niño deseado y lleno de amor antes de ser concebido. Para ello, recuerde estar unido a su pareja, haga un ritual, lo que necesiten para sentir esa unión, así se empezaran a conectar con la esencia de esta vida que será implantada en su vientre, que será el hogar del bebe por 9 meses. Le puede hablar, cantar, acariciar y compartir sus sensaciones y emociones con el aunque aun no este y con su pareja.

Como comenté anteriormente, es importante trabajar en equipo: el médico, la pareja y el psicólogo, pues muchas veces aunque el médico ve que la mujer esta lista para concebir, que su cuerpo está sano y su útero esta listo y fuerte no se puede quedar embarazada. En ocasiones cuando esto sucede, puede haber emociones encontradas respecto al embarazo y hay que trabajarlas.
Estudios demuestran que cuando se prepara a la persona psicológicamente para cualquier intervención quirúrgica, proveyéndole de información, enseñándole técnicas de relajación, escuchándole y procesando sus miedos, la ansiedad disminuye y hay mayor posibilidad de que el tratamiento sea exitoso ya que hace que la persona tenga un sentido de bienestar y de control.

Recuerdo una paciente que vino a buscar ayuda porque había ya recibido dos tratamientos in vitro y no se quedaba embarazada. Trabajando con ella, vimos como detrás del deseo de ser madre, había también un gran miedo a que al nacer su hijo muriera como le ocurrió a su primer hijo que murió a los 2 meses de haber nacido. Fue tanto su dolor, que tenía pánico de volver a experimentarlo y se estaba protegiendo.
En otra ocasión, una mujer se dio cuenta que tenía pensamientos contradictorios hacia su embarazo. Por un lado, quería tener el bebé, pero por el otro dudaba del amor de su esposo hacia ella, y pensaba que en cualquier momento la podría dejar y no quería tener la responsabilidad de criar un hijo sin el padre al lado, como su madre lo había hecho con ella.
Un hombre tenía miedo de tener un hijo, pues su padre lo había maltratado físicamente y emocionalmente y creía que él repetiría este comportamiento. Y aunque decía “sí quiero tener un hijo”, en el fondo de su corazón prefería no tenerlo para protegerlo de él mismo.

Todas las emociones que pueda tener respecto a su proceso son válidas. Están ahí para ser exploradas, estas “verdades” no tienen que ser ciertas. Por ello en terapia exploramos la relación consigo mismo, la relación con la madre, con la vida, con la pareja, con el entorno, con los demás… Todo lo necesario para que proceso llegue a buen fin y que el nacimiento de su hijo sea el mejor regalo de la vida. Hacer todo lo que esté en nuestra mano hará más llevadero el proceso.
A todos ustedes que están en este proceso les deseo lo mejor. Formen un buen equipo, primero con ustedes mismos, luego con su pareja, su médico y psicólog@ y no olviden la parte espiritual que es también muy importante.
Psicóloga Especializada en Trauma Hipnoterapista www.traumatreatments.com

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