Opinión

  • | 2011/02/03 09:00

    El Estado de la Unión: Obama y el Estado

    El discurso de Obama fue efectivo. Apeló a los instintos más primitivos de los electores: el nacionalismo, la mentalidad suma-cero, la competencia y las metáforas de carreras, guerras, ganadores y perdedores. Pero está tremendamente equivocado en economía. Opinión de Daniel Gómez G.

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El discurso anual del “Estado de la Unión” fue excelente. Obama es un gran orador. Pero no me gustó. No me gustó porque refleja la concepción del Estado del Presidente Obama, de los Demócratas, y en gran medida, también la de los Republicanos. El discurso fue efectivo porque apeló a los instintos más primitivos de los electores: el nacionalismo, la mentalidad suma-cero, la competencia y las metáforas de carreras, guerras, ganadores y perdedores. Desde el titulo del discurso, “Win the Future”, Obama expuso su visión: Estados Unidos en competencia con el resto del mundo, y en particular China, donde las ganancias del uno son las pérdidas del otro y donde la competencia se da entre estados-nación y sus gobiernos emprendiendo grandes proyectos. El famoso “Sputnik moment” en el discurso de Obama.

 

“Win the Future” suena como el lanzamiento de la campaña de reelección de Obama 2012. Pero creo que la lógica de algunos de sus argumentos es débil desde el punto de vista económico y las referencias históricas a la era de la Guerra Fría son inadecuadas.

 

El lenguaje militar, muy efectivo para efectos mediáticos y campañas políticas, tiene poco que ver con la realidad de las relaciones económicas. En las relaciones comerciales la mayoría, si no todas, las interacciones son mutuamente beneficiosas. Es falso que el desarrollo de China ponga en jaque la prosperidad estadounidense. Es falso que el desarrollo de India y Brasil sea una afrenta a la “competitividad” gringa y a su calidad de vida. Todo lo contrario.

 

La prosperidad del mundo en desarrollo, el aumento de la productividad y los ingresos de sus habitantes, contribuye al aumento de la calidad de vida en Estados Unidos: se generan empleos debido a la demanda por exportaciones estadounidenses; se mejora la calidad, variedad y precio de productos intermedios y finales importados; se generan nuevas oportunidades de especialización y transferencia de tecnología. El comercio y el sistema económico mundial no son un juego de suma-cero donde unos ganan y otros pierden. Todos ganamos.

 

El lenguaje competitivo usado por Obama, similar al que usan los entrenadores de football americano cuando piensan en el Super Bowl, no es adecuado para describir el proceso de crecimiento económico y desarrollo. En el Super Bowl solo uno gana. Los otros pierden y no hay mayor valor en quedar segundo. Cuando hablamos de crecimiento y desarrollo, si todos crecemos y todos nos desarrollamos, nadie pierde. Todos ganamos.

 

Adicionalmente, Obama insistió en la capacidad del Estado de identificar las tecnologías del futuro, de dirigir dinero hacia ganadores y hacer inversiones rentables. La inmensa fe de Obama en el aparato estatal como principal motor de desarrollo y prosperidad, evidente en casi todos sus actos de gobierno, ignora muchas de las cosas que él mismo dijo en su discurso.

 

En varias oportunidades dijo que nadie puede saber cuál será el próximo gran descubrimiento tecnológico, pero acto seguido enfatiza los grandes proyectos estatales y las subvenciones a diferentes tecnologías como mecanismos para generar innovación.

 

Esta proposición ignora los problemas de información e incentivos inherentes en el sector público. Aun reconociendo los problemas de información, que me hicieron pensar por un instante que Obama citaría a Hayek, parece que el Presidente de Estados Unidos no cree que estos problemas sean pertinentes cuando del gasto público se trata.

 

En seguida, Obama dijo que se deberían eliminar los subsidios al sector petrolero y a las grandes petroleras. Aplausos. Pero acto seguido, propone transferir estos subsidios a otros sectores. Aun reconociendo en numerosas oportunidades el poder y la influencia de los lobbies y los intereses particulares sobre el Estado, Obama no parece creer que designando el sector de las nuevas tecnologías energéticas como sector elegido y destinándoles cuantiosos recursos podría generar problemas de economía política, captura del Estado, actividades rentistas y demás problemas que tanto denuncia en otros sectores.

 

Entre los otros temas obligados estuvo, claro, la generación de empleo, la desigualdad del ingreso y el sistema impositivo. En ninguna de estas áreas dijo Obama algo que pudiera gustar a economistas que han sido críticos de su gestión. Repitió llamados a más gasto público para generar empleo y un incremento de impuestos a los más ricos como fórmula para disminuir la desigualdad del ingreso. Hubo algo sobre la reducción del déficit fiscal, pero de muy poca envergadura.

 

De notar también: el énfasis en el tema del “declive” de Estados Unidos. Para completar la metáfora de estar perdiendo la “carrera.” El tono fatalista y la implicación de que de alguna manera se está “perdiendo” es un poco hiperbólico siendo que Estados Unidos es el país más rico del mundo, donde el ingreso de la persona más pobre es superior al ingreso de 70% de la población mundial ajustado por poder adquisitivo. Las verdaderas tragedias de desarrollo, de desigualdad y de pobreza no están en Estados Unidos. Y esto ha sido gracias a un sector privado vigoroso y a un sistema económico dinámico y relativamente libre. Es esta libertad y este vigor el que debería exaltar Obama.


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