Opinión

  • | 2011/09/14 17:30

    El dilema de los trabajos

    Los incentivos tributarios de la ley de empleo del presidente de Estados Unidos puede no tener ningún efecto sobre la desocupación. La globalización ha creado un fuerza laboral cada vez más calificada, a un salario mucho menor que en Estados Unidos ¿Hay solución? La opinión de Alejandro Rubinstein.

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Toda la información que hemos estado recibiendo acerca de la ley de empleos que promueve el gobierno de los Estados Unidos, es en algunas ocasiones confusa y termina atada a la discusión política, ya que influye directamente en la elección presidencial del próximo año.

Aquí se detallan algunos hechos reales que podrían traer luz a la discusión. Hubo altos niveles de desempleo en los años 80 (más del 10%), incluso a principios de los 90 (7,5%); en el 2003 fue de un 10 % nuevamente. En todos los periodos anteriores se tomó entre dos y seis años volver a tener una tasa de desempleo del 5%. Aunque el porcentaje parece ser en algunas ocasiones relativamente similar, la cantidad real de personas desempleadas es drásticamente diferente: un 10% en 1982 era una cantidad mucho menor de individuos en comparación al 10% el año pasado; esto en consecuencia de que la población de Estados Unidos creció de 220 millones a 320 millones de habitantes en este período. En cuanto a la tasa de participación (en proporción al total de la población que se incluye en la fuerza laboral) pasó del 60% en los años 80, a más del 67% en el 2000 y ha tenido una tendencia bajista a menos del 64% este año, lo que significa que existe una proporción de personas que han dejado de buscar empleo. En realidad, esto es muy negativo ya que la tasa de desempleo de hoy sería mucho más alta si esos individuos volvieran a buscar un trabajo.

El cuadro de ingresos, por otra parte, es extremadamente relevante: ajustado por inflación al dólar de hoy, el promedio salarial por hora cambió de US$20 por hora en los 80 a casi US$17 por hora el año pasado. El salario mínimo se ha incrementado menos del 2,5% en promedio de los últimos 30 años. El aspecto regulatorio del empleo en Estados Unidos, sigue siendo moderno y mucho más flexible que en muchos otros países. Sin embargo, se ha tornado más complicado en las últimas décadas y los pasivos han sido más costosos para ambos, tanto empleadores como empleados.

La globalización del empleo ha creado un fuerza competitiva cada vez más calificada, a un salario mucho menor que el nivel de vida de Estados Unidos. Muchos de los empleos que incluye el programa de trabajos promovido por el presidente Obama (incluso teniendo en cuenta que no se aprobó por completo) debe ser con impuestos y no está claro qué efecto multiplicador tendrá en la economía. Los emprendedores no contrataran más, incluso teniendo un incentivo de ganancia impositiva, ya que no existe seguridad en que la economía se recuperará y por lo tanto el aumento de salarios justificará pagar menos impuestos. Mientras el presidente y el Congreso debaten sobre el plan de trabajo, a miles de empleados de salarios medios y altos se les está anunciando recortes por parte de las compañías multinacionales de Estados Unidos (ayer, a modo de ejemplo, Bank of América anunció un recorte de 30.000 puestos de trabajo). Así entonces, tenemos al presidente por un lado luchando por nuevos puestos de trabajo y a las compañías preparándose para una recesión.

Algunos analistas han argumentado que el alto desempleo se mantendrá y que el problema es estructural; tal vez estén acertados. Pero el dilema real es que la economía de Estados Unidos depende en más del 63% del consumo, y en consecuencia la inexistencia de trabajos significa menos consumo, lo que implica al mismo tiempo un debilitamiento de la economía.

¿Es posible que la solución sea lograr que la economía de Estados Unidos sea menos dependiente del consumo y más de la producción? ¿Que hay acerca de la reindustrialización de los Estados Unidos? La verdad se tomará su tiempo. Necesitamos parar de pensar en el corto plazo o será pan para hoy y hambre para mañana.

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