Opinión

  • | 2009/01/08 00:00

    Educación como principio de oportunidades

    El Gerente General de Microsoft Colombia, Jorge Silva Luján, escribe para Dinero.com sobre la importancia de aprovechar la tecnología en la educación y los beneficios de la inclusión digital.

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Un informe sobre la felicidad que publicó hace unas semanas el diario El Tiempo advertía que los colombianos no son felices con la calidad educativa y señalaba que una las ciudades más tristes por esta razón, por decirlo así, es Cali.

La encuesta fue realizada en doce ciudades. Y las dos áreas de mayor preocupación de los colombianos fueron la educación, con la nota más baja, y la seguridad. Según el estudio, los colombianos perciben su nivel educativo bastante regular y esto se ha convertido en una gran preocupación y en un motivo de tristeza. La calificación sobre la calidad de la educación en términos de felicidad fue de 3,43 en promedio.

Otro estudio contratado por la empresa Cisco con la firma de consultoría IDC reveló otro fenómeno que no deja de sorprender, sobre todo para el sector de la industria de la tecnología. Según los datos del informe Colombia presenta una tasa de desempleo del 13 por ciento. Pero además, revelan los datos del informe, están quedando vacantes casi la mitad de los puestos de trabajo disponibles para profesionales de tecnología expertos en telefonía IP, redes inalámbricas y seguridad informática en redes.

El estudio fue sustentado por 811 entrevistas en Brasil, México, Argentina, Chile, Costa Rica, Venezuela y Colombia. Nuestro país, dice el estudio de IDC, está en el último puesto, con un 44% de déficit entre oferta y demanda, es decir que existe ausencia o faltan por lo menos 7.600 profesionales en estas áreas ya mencionadas.

Pues ambos estudios presentan una radiografía importante: Por un lado, la poca calidad en la educación que afecta el ánimo de la gente; y por otro, la ausencia de profesionales que se necesitan en áreas de tecnología dentro de las empresas y empresas que no contratan a estos profesionales porque no encuentran quienes prestan los servicios adecuados.

En fin, un círculo vicioso y peligroso. Ambas cosas se necesitan. Y aquí no se puede recurrir a la famosa y popular frase de “qué fue primero, el huevo o la gallina”. Primero la educación. Es así de sencillo. Un país que no tenga buenos niveles de educación estará condenado vivir en el subdesarrollo. Sobre todo ahora que ya comenzó la revolución digital y que no hay opción de salir de ella.

De hecho, creo que en muchos aspectos, la pregunta no es si la tecnología continuará evolucionando, sino cómo nuestras experiencias con la tecnología —y la manera en que interactuamos con el mundo— cambiarán en los próximos 10 años a medida que los dispositivos y el software sean aún más poderosos y la información, la comunicación, el comercio, el mundo empresarial y el entretenimiento se desarrollen cada vez más en formato digital.

Creo que Colombia, al igual que lo países más desarrollados, debe estar preparada para esta era digital. El sector de la tecnología de la información y las comunicaciones ha empezado a crecer y se fortalece gracias a factores que hacen que las expectativas sean muy positivas: la nueva ley aprobada por el congreso de ciencia, tecnología e innovación y el plan de TICs del Gobierno impulsado por la Ministra de Comunicaciones.

Así las cosas, existen elementos clave a considerar para poder articular las distintas relaciones que posibilitan el progreso de un país: educación y la capacitación. Elementos que en especial Colombia deberá capitalizar para avanzar en el Siglo XXI con una perspectiva diferente en su posicionamiento global, para no quedar rezagada de otros países en una globalización que cada vez es más competitiva e inexorable.

Se trata entonces de ofrecer capacitación de calidad para formar profesionales de calidad que respondan las expectativas de un mundo laboral y de unas exigencias que vienen de la mano de esta era digital que acabo de mencionar.

Hay que proveer de elementos a los jóvenes profesionales para que estén al día de las innovaciones tecnológicas e informáticas y sus retos. Según los analistas de Cisco, pese a las actividades de entrenamiento y certificación, en el año 2010 la diferencia entre oferta y demanda para cargos especializados en asuntos tecnológicos será de 39%, es decir, aún faltarán 6.900 profesionales en empresas así éstas los necesiten. Un ejemplo, el 97% encuestado (131 empresas nacionales) cree que sus sistemas de red es fundamental para el negocio, no obstante, menos del 20% cuenta con un profesional experto en redes.

Por esto sí son importantes los cursos y certificados que ofrecen instituciones como el SENA o academias que han obtenido certificaciones que garantizan seriedad y profesionalismo. Lo importante es entregar capacitación de calidad y que responde a las necesidades del mercado para ser más competitivos.

Lo más valioso en una empresa es justamente su capital humano. Por eso es más importante aún dotarlo de herramientas y conocimiento para que pueda resolver los cientos de requerimientos en todos los aspectos de la informática y las comunicaciones. Cuando se habla hoy en día de una sociedad del conocimiento, el talento individual cuenta mucho.

Por supuesto cualquier estrategia y mejoramiento de condiciones de la educación en el país contribuirá directamente en la retención de talento que contribuirá con el crecimiento de las empresas y el desarrollo local para enfrentar la dinámica global.

Ser experto en temas informáticos se está convirtiendo en una ventaja y esto solo es posible con una buena formación. Empresas de tecnología –como Microsoft- se han preocupado por fortalecer las disciplinas que hoy permiten un mundo digital: seguridad, desarrollo de software, inteligencia de negocios, administración de redes…en fin.

¿Cómo se está haciendo? Pues apoyando y generando importantes alianzas con reconocidas instituciones educativas, creando academias de tecnología, centros de aprendizaje tecnológico, desarrollando capacitación online para facilitar la formación, tener procesos serios de certificación y una capacitación que responda a las exigencias de la economía local, de la competencia global y del mundo digital.

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