Opinión

  • | 2010/04/13 06:00

    Ecos de la reunión del BID en Cancún

    La capitalización del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por US$70.000 millones fue sin duda la noticia más visible de la 51 asamblea de la institución que tuvo lugar en el balneario mejicano a mediados de marzo. Opinión de David Ramirez.

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La dura posición negociadora de los Estadso Unidos (en otra muestra de su errática política hacia la región) dificultó el consenso. Este país se opuso no sólo a la inyección de capital por US$180.000 millones que se empezó a discutir en la asamblea general de 2009 (Medellín), sino que tampoco aceptó los 100.000 millones de que se hablara más adelante ese mismo año, ni los 80.000 que se acordaron preliminarmente a principios de este 2010. Al final, y en esto comparto la visión de los negociadores colombianos, no se puede mirar como un fracaso el no haber convencido a los gringos de llegar a los 180, 100 u 80, sino un logro que aceptaran los 70.000(!).


Este monto va a posibilitar que el banco pueda desembolsar préstamos por unos US$12.000 millones anuales, en vez de los 7.000 a que se hubiese visto limitado sin la capitalización.


No obstante, los desembolsos potenciales del BID van a estar por debajo de los US$15.300 millones girados en 2009 y de los hasta 19.000 millones anuales que podría demandar el propio crecimiento económico y poblacional de la región. (El propio BID calcula que América Latina debería invertir unos US$436.000 millones por año en infraestructura y gasto social si se quisiera lograr la meta de cerrar la brecha con las naciones de la OCDE en el mediano plazo).


Muchos en Cancún coincidieron en que el faltante provendrá del sector privado, vía crédito e inversiones en bonos, en tanto prosiga este voraz apetito por la deuda de mercados latinoamericanos.


Y es que sólo para hablar de mercado de capitales, es increíble la forma en que los inversionistas se han “rapado” recientemente los bonos mejicanos, incluso en mercados tan distantes como Japón. Más cerca, en el mercado euro, la emisión de bonos de la brasilera Vale a principios de marzo tuvo una demanda superior en casi nueve veces al monto ofertado de 750 millones de euros. Y apenas ayer la propia Colombia retomo la emisión de TES globales, algo impensable hace siquiera 12 meses.


El asunto es hasta cuando durará esta exuberancia (irracional?). Basados en los debates que tuvieron lugar en Cancún, una primera conclusión es que, por lo menos hacia Latinoamérica, y en el corto/mediano plazo, los flujos de capitales se mantendrían altos hasta cuando cambie la política monetaria en Estados Unidos y la Eurozona, y no tanto de factores internos de la región.


Obviamente, el capital siempre ha estado en función de la rentabilidad (diferencial de tasas) vs. riesgo (los factores internos), pero precisamente lo que sorprende ahora es que la percepción de la última variable sea baja pese a que todas las grandes economías latinoamericanas—con excepción de Chile—continúan registrando serios desequilibrios macroeconómicos e incluso algunos países—Colombia, Brasil—están en medio de procesos electorales que generan incertidumbre.


Son acaso más graves los desbalances fiscales en los países desarrollados, a tal punto que los emergentes son el nuevo lugar sagrado (el “safe heaven”) para la inversión? Sin duda son más graves. Pero nunca vamos a ser el lugar menos riesgoso por una razón básica: Estados Unidos., Japón, la UE pueden sobrellevar déficits fiscales altos porque tienen, virtualmente, capacidad ilimitada de endeudamiento, mientras que nuestras monedas—pese a la engañosa fortaleza actual—siguen siendo en el fondo débiles.

 

Ojalá empresarios y hacedores de política no pierdan de vista que este frenesí es solamente un nuevo capítulo en la larga historia del libro de la especulación de capitales. De hecho, aún cuando la crisis en Grecia no ha sido suficiente para calmar la demanda por deuda emergente, la situación de liquidez en la zona Euro está tornándose complicada. Varios en Cancún recordaron que nada más los bancos europeos necesitan amortizar bonos por unos US$7,6 billones en los próximos cinco años (esto según el Institute for International Finance—IIF).Esto sin contar con posibles nuevas necesidades de capitalización.


Ni que decir del financiamiento de los déficits fiscales de los países de la zona, como lo resaltan las propias dificultades de Grecia y el resto de los llamados PPIIGS (Polonia, Portugal, Italia, Irlanda, España).


Más cerca de nosotros, en Estados Unidos, recientemente Ben Bernanke dio indicaciones de que las tasas de interés en ese país seguirán bajas por un tiempo. The Economist piensa que las alzas se darán únicamente desde 2011, y pareciera que la incipiente recuperación económica en Norteamérica le da la razón a esta predicción, lo que haría insensato apretar la liquidez en este momento.


Aún así, muchos dan por descontado que las tasas suban a finales de 2010 puesto que la economía estadounidense deberá empezar a sentir con mayor fuerza el peso de su inmenso déficit fiscal y las subsecuentes necesidades de financiación con títulos del tesoro (T-Bills), lo que indudablemente va a ejercer presión sobre el costo del dinero.
En fin, pues, la gran conclusión de la reunión de Cancún es que si bien Latinoamérica tuvo un desempeño notable durante la crisis 2008-09, y sigue con una ventana abierta para financiar sus necesidades de capital en condiciones muy favorables, nada ha cambiado estructuralmente, por lo que persisten factores de incertidumbre que empresas y gobiernos de la región deben tener presentes para que la inevitable futura reversión de flujos de capitales no los agarren con “los calzones abajo”.


***
Para finalizar con los ecos de Cancún, un comentario que contrasta con las molestias que parece causar la presencia de nuestros connacionales en otros países vecinos. Ante una pregunta en una sesión abierta sobre cómo mejorar la competitividad del recurso humano en Panamá, el ministro de economía y finanzas de ese país, Lic. Vallarino, dijo que “la llegada de colombianos fue lo mejor que le pudo pasar” a su país, pues ayudó no solamente a dinamizar la inversión sino a mejorar la calidad del capital humano panameño.


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Y hablando de vecinos, termino con un par de preguntas. Uno: que diría la máquina de propaganda Chavista si se hubiese dado a la tarea de descubrir que las importaciones colombianas de bienes venezolanos cayeron un 53%, mientras que sus compras desde Colombia cayeron “apenas” un 33%? Tendrían el cinismo de decir que el verdadero embargo fue impuesto por Uribe? (Interesante en todo caso entender en una próxima por qué del fenómeno). Dos: si una hidroeléctrica como la próxima Ituango en Colombia, con 2.600MW de capacidad, costaría unos US$4.000 millones, y aumentaría en un 20% el parque de generación nacional, ¿cuánta electricidad se podría generar en Venezuela con los 15.000 millones que se están invirtiendo en armas rusas?

 

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