Opinión

  • | 2010/09/22 14:05

    Economistas de izquierda contra economistas de derecha

    ¿Qué significa ser un economista de izquierda y que significa ser un economista de derecha? Seis diferencias sustanciales entre ambas visiones del estado en la sociedad. La opinión de Daniel Gómez Gaviria, nuevo columnista de Dinero.com.

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El resurgimiento de movimientos de derecha y libertarios en oposición al programa de gobierno y las iniciativas legislativas del gobierno Obama le han dado nueva vigencia a la confrontación entre izquierdas y derechas en temas de economía política y gobierno. Las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos prometen enfrentar de nuevo a ambos bandos con el trasfondo de una recuperación precaria a la recesión de 2007-2009, crecimiento sustancial del gasto público y del déficit en USA y una marcada diferencia en la concepción del estado. Pero, ¿qué significa ser de izquierda y que significa ser de derecha? ¿Cuáles son las diferencias sustanciales entre ambas visiones del estado en la sociedad?

En política la clasificación de derecha e izquierda se usa y abusa para encasillar y estereotipar a los opositores políticos. Aun cuando la oposición entre izquierda y derecha abarca una gran gama de temas voy a tratar de identificar las diferencias principales en temas de política económica y social. En particular voy a tratar de responder a la pregunta de qué es ser un economista de izquierda o uno de derecha.

Me atrevo a decir que las diferencias entre economistas formados en cualquier facultad medianamente respetable son bastante más sutiles que las diferencias entre sus jefes políticos. La historia del pensamiento económico y la evolución de la profesión ha resultado en un consenso en cuanto a metodología e instrumentos básicos de análisis: la teoría del consumidor, del productor, el análisis de mercados y la teoría de precios en la tradición neoclásica son por el momento el estándar en economía.

Si economistas de izquierda y de derecha suelen ser formados en la misma tradición neoclásica, usan el mismo marco conceptual y los mismos instrumentos, ¿Cómo pueden llegar a conclusiones de política tan radicalmente diferentes? ¿Cuáles son estas diferencias? En lugar de abordar el tema desde la perspectiva macro de Keynesianos vs Monetaristas o los llamados economistas “fresh water” y “salt water,” retomando una discusión en el curso introductorio de Gregory Mankiw de Harvard, quiero analizar una caracterización desde puntos aun más fundamentales y proponer seis diferencias básicas entre economistas llamados de izquierda y de derecha: (1) el efecto esperado de impuestos;(2) la prevalencia de fallas de mercado; (3) la persistencia de monopolios; (4) la eficiencia del estado; (5) la racionalidad en el comportamiento de consumidores y productores; y finalmente, (6) la naturaleza de la desigualdad del ingreso. Estos seis puntos resultan en ideas radicalmente diferentes sobre el rol del sector público.

Primero, la cuestión del efecto de los impuestos. Economistas de derecha consideran que las distorsiones en el sistema de precios introducidas por impuestos son grandes, al igual que sus costos en términos de bienestar social. Por lo tanto, les preocupa el crecimiento del sector público y los impuestos requeridos para financiarlo. La izquierda considera que estas distorsiones son menores, lo cual implica elasticidades de la oferta y la demanda pequeñas. Cada vez que se propone un nuevo impuesto para financiar gasto público donde el objetivo es aumentar el recaudo, hay diferencias implícitas enormes en los supuestos sobre elasticidades. Estas diferencias son particularmente importantes en temas laborales: economistas de derecha sugieren que la oferta de trabajo es bastante sensible y explican los altos y persistentes niveles de desempleo en el desincentivo al trabajo creado por intervenciones estatales en el mercado laboral.

Segundo, economistas de derecha consideran que las fallas de mercado son casos excepcionales y que en general los mercados generan asignaciones óptimas de recursos. La izquierda considera que las fallas de mercado son más prevalentes requiriendo más intervención estatal. La intervención puede tomar muchas formas: impuestos pigouvianos, cuotas, regulación de precios, prohibiciones.

En cuanto a estructuras de mercado y competencia, la derecha considera que el poder de monopolio es típicamente un fenómeno transitorio y que las fuerzas de mercado - entrada de nuevos productores en respuesta a beneficios positivos - son efectivas en eliminar el poder de mercado. La izquierda considera que los monopolios son más persistentes y consideran que se requiere una política de competencia más activa.

La derecha considera que la asignación de recursos por parte del estado es ineficiente y sujeta a influencias de intereses particulares, captura del estado, apropiación de rentas y en el peor de los casos, corrupción. La izquierda concibe al sector público como un contrapeso necesario a las fuerzas todopoderosas del mercado e implícitamente consideran que los costos asociados a lo público son menos grandes.

Pasemos ahora al consumidor: la derecha considera que los individuos toman las mejores decisiones posibles con el objetivo de lograr los mejores resultados dados sus recursos limitados y que los individuos son los mejor posicionados para tomar decisiones que afectan su bienestar. La izquierda considera que la gente suele cometer errores y que el gobierno puede y debe protegernos de nuestros errores a través de regulaciones y mandatos.


Finalmente, economistas de izquierda y de derecha suelen diferir en su análisis de la desigualdad del ingreso. La derecha suele ver la distribución del ingreso como el resultado de decisiones individuales de inversión en capital físico y humano y que las diferencias en ingresos responden principalmente a diferencias en retornos a inversión en diferentes habilidades y destrezas. En este orden de ideas, la desigualdad del ingreso no es necesariamente injusta e intervenciones gubernamentales deben ser limitadas a aquellas que menos distorsionen los incentivos de acumulación de riqueza. La izquierda suele ver la desigualdad del ingreso como una fuente de mayor preocupación, que afecta la cohesión social, requiriendo intervenciones agresivas por parte del gobierno.

Estas seis diferencias llevan a que economistas de izquierda crean que el estado debe jugar un papel más activo en la economía. Los beneficios de la acción estatal compensan los costos asociados en términos de posibles distorsiones, fallas de gobierno, limitaciones a libertades individuales y coacción estatal sobre el individuo. Economistas mal llamados de derecha (el término apropiado seria economistas de tendencias libertarias o liberales en el sentido clásico), consideran que los posibles beneficios no justifican los costos.

Sin embargo, muchas de las diferencias pueden ser resueltas caso por caso y con la ayuda de teoría y constatación empírica. Por ejemplo, para decidir si un impuesto genera distorsiones importantes, podemos medir las elasticidades de la oferta y la demanda; igualmente, las fallas de mercado deben ser identificadas caso por caso; la persistencia de monopolios y la estructura de mercado deben ser analizadas con rigor académico, los costos de políticas públicas deben incluir las consideraciones de economía política al igual que los costos más directos de implementación de dichas políticas.

Los próximos meses verán una intensificación en USA del debate económico: los Republicanos trataran de sacar provecho de la incipiente recuperación de la economía convirtiendo las elecciones en un plebiscito a las políticas económicas de Obama. Los Demócratas sugerirán que todo estaría peor si no fuera por lo hecho durante los últimos dos años. Otros dirán que el problema fue que no se viró suficientemente hacia la izquierda (en el sentido de los seis puntos arriba mencionados). En cualquier caso, creo que muchas de las discrepancias podrían entenderse mejor, y hasta solucionarse, si se tuviera la disciplina de analizar políticas públicas evaluando los seis puntos sugeridos en esta nota.



El autor es candidato a PhD Business Economics de la Universidad de Chicago.

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