Opinión

  • | 2011/08/06 10:00

    Desempeño ambiental: una fortaleza de Colombia y un nuevo desafío para las empresas

    Uno de los pocos indicadores en los que Colombia destaca positivamente en el ámbito internacional es en el Índice de Desempeño Ambiental que elabora la Universidad de Yale. En 2010, el país se encuentra entre los 10 primeros países. Esto tiene problemas. La opinión de Gabriel A. Ramírez.

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 Uno de los pocos indicadores en los que Colombia destaca positivamente en el ámbito internacional es en el Índice de Desempeño Ambiental que elabora anualmente de la Universidad de Yale. En el ranking correspondiente al año 2010, el país se encuentra entre los 10 primeros países, por encima de Gran Bretaña, Chile, Nueva Zelanda, Japón y muchos otros de alto nivel de desarrollo.

Esta es una fortaleza que tiene Colombia como país y que, si bien contribuye a su imagen en el exterior y afecta positivamente en las evaluaciones que los inversionistas extranjero hacen cuando deciden donde invertir, no aporta por sí solo a la competitividad de su sistema productivo. Para que esto llegue a ser un aporte es necesario que las empresas colombianas lo integren a sus ventajas competitivas específicas, lo cual plantea el complejo desafío de ser económicamente eficiente y al mismo tiempo reducir al mínimo sus efectos negativos sobre el medio ambiente natural y contribuir a reducir la pobreza y exclusión de los más pobres.

En los últimos años, a los factores clásicos de competitividad precio y calidad se han agregado dos, cuya importancia relativa ha venido creciendo, y que ciertamente se relacionan estrechamente a los anteriores: Innovación y sustentabilidad. Al primero de estos factores se le ha dado una importancia estratégica clave al situarlo el actual Gobierno como la primera de las cinco locomotoras requeridas para el desarrollo.

Por otra parte, el factor sustentabilidad ya es determinante para competir en los mercados nacionales e internacionales. Hacia la mitad de la primera década de este siglo el término y la práctica de la sustentabilidad ya se había generalizado por todo el mundo. Esto se ha expresado en ciudadanos más conscientes de la vulnerabilidad del medio ambiente natural y de los peligros que acompañarían el calentamiento global que muchos estudios señalan como ocurriendo o a punto de ocurrir. Este es un mundo en el cual las personas están decididos a optar por insumos energéticos limpios y a exigir que la empresas, en todo el mundo, se sujeten a los principios y prácticas laborales establecidas por instituciones como la Organización Internacional del trabajo y que son celosamente observadas por una variedad de organismos no gubernamentales preocupados por aquello y por la observación de los derechos humanos y de los consumidores en todo el planeta.

Un estudio reciente realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en colaboración con el Boston Consulting Group, revela que las empresas están adoptando métodos sustentables de administración y producción a tasas mucho más elevadas de las esperadas y que la mayoría de las empresas consultadas afirman que la sustentabilidad –entendida como rentabilidad económica, daños mínimos al medio ambiente y responsabilidad social frente a las comunidades locales y globales- es un tema central; tan importante como son los de logística, marketing y desarrollo de recursos humanos.

El informe señala que el 88% de los altos ejecutivos consultados en el estudio respondieron positivamente a la pregunta de si acaso “… estrategias orientadas a la sustentabilidad serían importantes ´para la competitividad, si no ahora mismo, sí muy pronto”.

Los resultados del estudio MIT-BCG confirman un hecho positivo de la sociedad global actual: una preocupación seria por los efectos empresariales en el medio ambiente natural y por el destino de los más pobres y desempleados del mundo. Aunque esta preocupación no siempre está presente en las empresas, lo tendrá que estar en el futuro próximo en la medida que un consumidor final consciente –un ciudadano responsable- decida optar por productos y marcas comprometidas con la sustentabilidad.

El principal desafío que Colombia enfrenta como nación es el de reducir, en pocos años, los índices actuales de pobreza y terminar definitivamente con sus formas extremas. Para lograrlo cuenta ya con varios de los recursos clave y ha hecho avances importantes, aunque todavía insuficiente, en materia de institucionalidad política y transparencia en la gestión pública.

Desde el punto de vista económico y empresarial, el desafío principal está dado por la necesidad de las empresas de alcanzar niveles de competitividad internacional que hagan atractivos sus productos y servicios en el mercado mundial, y para esto deben prestar debida e inmediata atención a la innovación y la sustentabilidad. Esto es un desafío no para los gobiernos, que ya lo han internalizado en sus discursos políticos y lo siguen integrando en la gestión de asuntos públicos, sino principalmente para sus empresas y las instituciones que promueven la investigación científica y tecnológica y que regulan y generan opciones para el desarrollo sustentable.

La historia económica demuestra que la competitividad -que en lo fundamental se reduce a novedad, calidad y precios de la oferta productiva- sólo se logra bajo condiciones de libre competencia. En ese sentido la búsqueda de tratados de libre comercio como el que se quiere establecer con los Estados Unidos son, en gran medida, acciones que se encaminan a generar presiones competitivas sobre la oferta productiva de las empresas de ambos países.

Curiosamente esto no es algo que favorezca de manera inmediata a las empresas de uno y otro país, los únicos que se benefician inmediatamente de las aperturas económicas y de este tipo de tratados son los consumidores que ven reducir los precios que deben pagar por la eliminación de impuestos a las importaciones y la presencia de mayor competencia, y ven ampliar la oferta de bienes en términos de calidad y acceso. Por su parte las empresas, que se ven obligadas a invertir y asumir riesgos ante la posibilidad de que en mercados más amplios se puedan lograr mayores utilidades y crecimiento, deben agregar las nuevas exigencias de sostenibilidad y responsabilidad social a sus operaciones y productos.

El autor es profesor de la Facultad de Administración de la Universidad del Rosario.

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