Opinión

  • | 2011/08/07 08:00

    ¿De turismo al Japón después del tsunami y el accidente nuclear?

    Los desastres tienen consecuencias devastadoras sobre la industria del turismo en los países afectados. Sin embargo, políticas de manejo de crisis y evacuación en caso de cualquier eventualidad, pueden ayudar a mitigar los efectos negativos en la percepción de potenciales turistas. La opinión de María Alejandra González-Pérez, Jefe del departamento de Negocios Internacionales de la Universidad Eafit.

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Estuve en el Japón el mes pasado con mi colega Anne Marie Zwerg-Villegas en la Conferencia Anual de la Academia de Negocios Internacionales (AIB). Aunque estuvimos positivamente fascinadas con la limpieza, el orden, la abundancia de atracciones turísticas urbanas y rurales, la extrema belleza natural y cultural del país, estuvimos especialmente sorprendidas por la escasa presencia de personas occidentales en sitios turísticos como Kioto, Nara y en incluso en el Monte Fujiyama. Fue muy conmovedor, que al salir del Japón, nos entregaron las autoridades de emigración, una tarjeta postal cuya traducción decía: “Nosotros los japoneses quisiéramos expresarle de corazón nuestra apreciación por su gran ayuda al visitarnos y ayudar a Japón a recuperarse. Lo esperamos nuevamente”.

Aunque han pasado casi cinco meses desde el tsunami y el terremoto en la región de Tohoku, y el accidente en la planta nuclear de Fukushima en el Japón, hay todavía zonas costeras en la región de Tohoku cuya reconstrucción se estima puede tomar algunos años. Sin embargo, en el Japón hay áreas en el país como Okinawa, Tokio, Kyoto, Hakkaido, Nagano y Kyushu en donde la vida continúa sus actividades normales.

No hay duda qué los desastres suelen tener consecuencias devastadoras sobre la industria del turismo en los países afectados. En el año 2008, de acuerdo con la agencia nacional de turismo del Japón 4,3 millones de personas fueron empleadas en actividades económicas derivadas del turismo. Según las estadísticas oficiales, ha habido en lo corrido del 2011un 30% de reducción de visitantes al país en comparación con las cifras del 2010, la gran mayoría de ellos provenientes de países asiáticos (coreanos, chinos, nacionales de Hong Kong y tailandeses). El periódico japonés Japan-i hace una entrevista a Hiroshi Mizohata, comisionado para la agencia de turismo japonesa, sobre la situación del turismo en el país, donde explica: “yo creo que los turistas y visitantes están muy preocupados por la radiación y preocupados por los efectos de ésta en los alimentos y el agua. Pero quisiera confirmar, que aparte de 20 kilómetros alrededor de la zona de la planta nuclear de Fukushima Daiichi, las mediciones demuestran que el nivel de radiación del resto del país es similar al de Nueva York, Pekín, Paris, Berlín, Singapur o Seúl”. Los gobiernos de Gran Bretaña y Canadá tuvieron restricciones para sus nacionales de viajar hacia Japón hasta pasados casi 90 días después de la tragedia.

De acuerdo con los resultados de la investigación de Tzung-Chen Huan, Jay Beaman y Lori Shelvy publicados en el 2004, para mitigar los impactos negativos en sector del turismo después de un desastre natural o ataques terroristas, se deben buscar estrategias disminuir los efectos psicológicos del miedo a la reincidencia de la amenaza del evento catastrófico. Estos resultados son compatibles con otras investigaciones donde se sugiere a los países/zonas afectadas por catástrofes naturales o de terrorismo enfocar las campañas de mercadeo turístico en estrategias para disminuir las posibilidades de recurrencia de eventos negativos y tener claridad sobre la importancia de programas de manejo de crisis y evacuación en caso de cualquier eventualidad. También en el año 2004, Charlotte Bensson y Edward Jay publicaron el reporte titulado “Understanding the economic and financial impacts of natural disasters” (en español, Entendiendo los impactos económicos y financieros de los desastres naturales), en el cual demuestran con casos específicos de Dominica, Malawi y Banglasdesh que los desastres naturales tienen efectos adversos en el crecimiento económico y en la pobreza. Además de esto, este libro muestra como en el periodo 1950 al 1990 las perdidas por desastres naturales han aumentado 15 veces, este número solo calculando las perdidas directas de infraestructura física visible.

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