Opinión

  • | 2010/12/02 12:00

    Cómo manejar la propiedad en la empresa familiar

    Cuando hablamos de este tipo de empresas siempre nos enfocamos en los problemas de las organizaciones y de cómo la familia influye positiva o negativamente en ellas, pero olvidamos que estas surgen de la intersección entre la familia y la propiedad, lo cual la convierte en una parte del patrimonio. Opinión de Gonzalo Gómez-Betancourt.

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Sin darnos cuenta, éste ámbito ha sido olvidado por la academia y relegado a un tratamiento jurídico, cuando su papel podría ser tan importante como el de la misma empresa.

Desde hace algún tiempo he visto como las familias que implementan acciones enfocadas a la gestión del patrimonio, a la luz de los valores familiares, terminan adoptando estrategias que les permiten crecer y construir de manera segura un legado para las futuras generaciones.

Esto que puede parecer tan sencillo como aplicar unos conceptos de gestión en un cúmulo de propiedades, puede resultar muy complejo si la familia no tiene clara la línea que limita la propiedad de cada miembro familiar y aquellas que quieren aportar a la construcción del legado, a la cual se le ha denominado “propiedad colectiva” en el libro ¿Cómo construir un legado familiar? Un modelo para tener familias empresarias perdurables.

La propiedad individual debe ser entendida como aquella construida de manera independiente por cada miembro de la familia, que se puede estar conformada por todos los bienes, derechos y deberes que un individuo adquiere en el tiempo gracias al fruto de su trabajo y de los beneficios generados por el patrimonio familiar.

Por otro lado, el patrimonio familiar es aquel destinado por uno o más miembros de una familia para la gestión, el usufructo y goce de las futuras generaciones familiares. Este último es un concepto difícil de asimilar en la cultura hispanoamericana, pero sus beneficios son enormes para la familia. En las empresas familiares longevas la propiedad familiar es vista como algo impersonal, de manera que todos se preocupan por el buen desempeño del patrimonio más no por el inventario de activos que tienen a su nombre, motivando así la participación activa de todos los miembros.

Como bien lo señala Ward en su libro Perpetuing the Family Business (1) con la expresión nose in, fingers out (nariz dentro, dedos fuera) los accionistas de la familia deben permanecer informados y estar muy atentos a la estrategia del negocio, pero deben evitar involucrarse en su manejo y sólo actuar a través de canales apropiados. Esto es lo que se conoce como la cultura de propietarios activos, que debe ser diseminada a través de las generaciones, enseñándole a los futuros propietarios del patrimonio familiar cómo participar y agregarle valor al patrimonio sin trabajar directamente en las organizaciones, y esto sólo se logra a través del ejemplo.

Como vemos en el campo del patrimonio familiar debemos explorar muchos modelos y romper paradigmas de la cultura latinoamericana, debido a que desde nuestra formación en casa nos inculcan que cada uno debe tener sus propias cosas en lugar de compartirlas. Lo que debemos comprender ahora es que lo más recomendable para perdurar como familia, incrementar el patrimonio y darle continuidad a la empresa familiar, es cambiar nuestra forma de pensar individualista y trabajar por el beneficio común.
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[1] Ward, J. (2004) Perpetuating The Family Business: 50 Lessons Learned from Long Lasting, Successful Families in Business. Palgrave MacMillan.

 

 

* Ph.D. Director Área Family Business - INALDE Universidad de La sabana
e-mail: gonzalo.gomez@inalde.edu.co

 

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