Opinión

  • | 2009/04/17 00:00

    Ciencia económica para todos

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La divulgación de la ciencia y la tecnología no ha sido una labor fácil para ningún gobierno. La aprensión del público hacia los temas científicos parte del prejuicio de que este tipo de temas son de difícil comprensión o su utilidad en la vida práctica es nula. Luego de la revolución en la física generada por el planteamiento de la teoría de la relatividad, este prejuicio se profundizó y a lo largo del siglo XX, los esfuerzos para popularizar los hallazgos científicos fueron en su mayoría infructuosos.

Sin embargo, a finales de la década de los 70 y durante los 80 el uso de medios masivos, como la televisión, para exponer la historia e implicaciones de la ciencia fue exitoso, como lo demostró Carl Sagan con la celebre serie “Cosmos” cuyo éxito radicó en la presentación de los descubrimientos científicos (en física, astronomía, biología y química) con un lenguaje sencillo que a la vez mostraba la importancia de la investigación en la vida humana y reflexionaba sobre el papel del hombre en el universo a la luz de estos descubrimientos. A “Cosmos” le siguieron obras como “Breve historia del tiempo” de Stephen Hawking, un clásico best-seller en el tema de divulgación científica, y las obras del Nobel de física Murray-Gellman.

La consolidación de canales de televisión dedicados a la divulgación de la ciencia, la historia y la tecnología ha logrado llegar a un público masivo, pero no han estado exentos del debate que genera la trivialización del saber. Tal es el caso de la explosión de materiales (programas de tv, radiales, libros) que en Colombia buscan mostrar la historia de forma amigable, pero que pueden presentar un sesgo en sus contenidos.

A pesar de estos avances, había cierta decepción al no existir un equivalente para la divulgación de la ciencia económica. Tales herramientas eran esperadas por quienes defendemos la categoría de ciencia que tiene la economía y su utilidad en la vida diaria. La presentación en forma popular de los contenidos de micro y macroeconomia era deseable sobretodo al ver, como profesores, a los alumnos de ciencias económicas o ingenierías enfrentándose al análisis económico con desinterés o apatía, y expresando su desilusión por los ejercicios económicos que no tienen aplicación práctica al estar sujetos a una gran cantidad de supuestos.

Es por esto que la reciente explosión de literatura económica popular viene a llenar un gran vacío en el campo. Las obras de Steven Levitt (Freakonomics), Tim Harford (El economista camuflado) o Tyler Cowen presentan la teoría económica (especialmente el concepto de racionalidad) aplicada a ejemplos tan disímiles como la prostitución en México o la segregación racial. La proliferación de bloggers en este campo también ha sido notable, mostrando como el uso de internet en el siglo XXI tiene el mismo éxito que tuvo el uso de la televisión en los 70. La aplicación de la teoría neoclásica en esta literatura dista mucho de los áridos libros de texto, sus gráficos y sus ecuaciones.

La divulgación de estos temas llega en un momento de desconfianza global con respecto al estudio de la economía, el cual erróneamente se identifica con la aceptación de políticas neoliberales. La diferencia entre la economía positiva (el estudio de las relaciones económicas) y la economía normativa (lo que debería ser el sistema económico), señalada en el clásico texto del Nobel Milton Friedman, es confusa para la mayoría de la gente que acusa a los economistas de haber llevado al mundo a un colapso por cuenta de doctrinas erradas. De la misma manera que Carl Sagan en su libro “El Mundo y sus Demonios” mostraba como la bomba atómica había creado una desconfianza en las ciencias naturales, la actual crisis ha creado una aversión hacia la ciencia económica. Las obras de divulgación económica, por tanto, han ayudado a restablecer esa confianza y a eliminar el temor y la apatía por el estudio de las relaciones sociales mediadas por recursos escasos. Ojalá en el ámbito latinoamericano aparezcan también este tipo de obras desde la óptica de nuestro contexto y nuestros aportes.


El autor es coordinador del área de Finanzas. Programa de Economía. Universidad Jorge Tadeo Lozano. leonardo.santana@utadeo.edu.co

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