Opinión

  • | 2011/11/15 09:00

    ¿A algún Pereira?

    Luego de la aprobación del TLC con EEUU, el juego es muy simple. Se llama: Uno, Dos, Tres....¡Infraestructura!

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Quienes no han entendido esto, los va a dejar la locomotora de la prosperidad. Y lo que sorprende es que el tema brilló por su ausencia en la campaña para alcaldías y gobernaciones, donde los candidatos se limitaron a repetir como loras las palabras "empleo" y "seguridad", como si alguien estuviera en favor del desempleo o la inseguridad. Talvez la única excepción fue la ciudad de Pereira, cuya campaña a la alcaldía giró alrededor del aeropuerto Matecaña y si debe modernizarse o trastearse para Cartago. Quizás esto demuestra que Pereira puede llegar a ser la ciudad donde las locomotoras de la prosperidad primero prendan motores con los 11 tratados de libre comercio en vía de implementarse.

Hay varios motivos por los cuales Pereira se enfocó en el aeropuerto. En primer lugar Matecaña ha sido desde su nacimiento un símbolo de la ciudad, de su independencia de Manizales, pues fue el único aeropuerto del país que se hizo incluso contra la voluntad del gobierno nacional, aún es propiedad del municipio y para construirlo miles de ciudadanos realizaron convites, bingos y vendieron empanadas. A pesar de que su estado actual es deplorable, sigue movilizando el 70% del tráfico aéreo que recibe el Eje Cafetero, ahora convertido en Patrimonio de la Unesco y segundo destino turístico de Colombia. Luego del fracaso del aeropuerto de Palestina en Caldas, los pereiranos están viendo que la providencia les tiene destinado el ser la capital del triángulo del café.

Pero su importancia no se acaba ahí. Pereira es la segunda ciudad de América Latina que más emigrantes ha mandado al exterior, la mayoría de ellos a España, un gran número de estos mujeres, muchas de ellas madres cabeza de familia. Y para poder visitar a sus familiares, tiene que pasar por Bogotá o Cali, porque las condiciones del aeropuerto no permiten vuelos directos desde Europa. Dada la cantidad de plata que mandan en remesas al país, se merecen un verdadero aeropuerto internacional.

Por si eso fuera poco, es evidente que el aeropuerto es hoy parte instrumental de la competitividad de una ciudad. Bogotá, por ejemplo, que está a más de 10 horas de camino por pésimas carreteras de cualquier puerto, depende absolutamente de Eldorado. A 2.600 metros más cerca de las estrellas, no se puede exportar nada que no sea servicios, o que se pueda sacar competitivamente por avión, como las flores. Y a pesar de que buena parte del impresionante desarrollo que se ha dado hacia el occidente de la Sabana es por cuenta de Eldorado, y de que se trata del primer terminal de carga de Ameríca Latina y el tercero en pasajeros después de los dos aeropuertos de Sao Paulo, los bogotanos ni siquiera le pararon bolas al tema durante la campaña. Tanto que todavía están discutiendo alegremente entre la alcaldía y el gobierno nacional, cómo hacer para que TransMilenio de la 26 llegue hasta el terminal. Mientras tanto hasta la ampliación del aeropuerto que aún no se termina, ya es obsoleta. Y los candidatos, ni pío. Ojalá a ningún tecnócrata obtuso se le ocurra llevárselo para Flandes, como han propuesto algunos.

En el caso de Medellín, el haber hecho el aeropuerto en Rionegro le ha restado competitividad a la ciudad, tanto que el taxi de Rionegro a Medellín puede costar tanto o más que muchos tiquetes aéreos nacionales, por no mencionar la pérdida en tiempo. Los paisas están ahora tratando de hacer un tunel para acortar el recorrido. Tunel que como buena parte de las obras de la ciudad, como el Metro, las hemos pagado y las seguiremos pagando el resto de los colombianos. Nuestro dinero es bienvenido, nosotros no. Gracias a su reconocido regionalismo, hasta para montar una tienda de esquina en Medellín se requiere el pasaporte paisa.

Barranquilla, con Elsa Noguera, y su ubicación estratégica en el Caribe y el Magdalena, tiene grandes oportunidades de ser una verdadera puerta de oro. El gran reto es el control del mototaxismo, que puede sumir a esta ciudad en el caos de las mafias del microtráfico y volver la movilidad de la ciudad y su competitividad industrial un show de desorden e improvisación, como la ceremonia inaugural del Mundial Su-20. El gran reto es consolidar un sistema de transporte masivo que funcione.

Cali, con un Alcalde como Rodrigo Guerrero, puede hacer avances importantes, en una sociedad tan segregada entre grandes apellidos que son dueños de todo y una clase popular que no ha encontrado la forma de graduarse a la clase media sin caer en el baile de la muerte con el narcotráfico. Eso les ha impedido ver que están al pie del Pacífico, por donde se mueve el 60% de la economía del mundo. Mientras Buenaventura siga siendo para los caleños un lugar de segunda -por no decir de quinta- no habrá verdadero progreso en el Valle. Popayán, alguna vez la ciudad más importante del norte de Suramérica -más que Bogotá-, perdió la prosperidad por cultivar los apellidos, desde que Tomas Cipriano de Mosquera se opuso a una carretera al Pacífico, "porque quien sabe qué gentuza nos va a llegar". Su desarrollo lo aprovechó Cali, pero el abandono de la dirigencia valluna a Buenaventura, hoy en manos del paramilitarismo y el narcotráfico, pareciera querer repetir la historia.

Y vuelvo a decirlo, la ciudad mejor posicionada para asumir esta prosperidad que los demas desprecian, es Pereira. A diferencia de Bogotá, no está infartada por la movilidad. Tiene a Megabús, que según un estudio contratado por Planeación Nacional es el mejor sistema de transporte masivo del país, y ejemplo para América Latina. Con la Autopista de la Montaña, estará a dos horas por doble calzada de Buenaventura, sin los constantes derrumbes en la vías que comunica al puerto más importante del país con Cali. Es un cruce de caminos entre Cali, Bogotá, Medellín, Manizales, Armenia e Ibagué, más de cinco millones de habitantes a menos de 3 horas de Recorrido por buenas carreteras. Y de hacerse realidad el Puerto de Tribugá, será la puerta de entrada a la riqueza minera y biológica del Chocó, y la Capital Pacífico de Colombia.

Su clima es privilegiado. Su cultura es abierta, todo el que llega con una buena idea y ganas de trabajar puede progresar, no importa donde haya nacido, ni su credo, color político o color de piel. Tiene 17 universidades y por su tradición en confecciones, comercio y metalmecánica, puede ser la gran maquiladora de productos chinos que lleguen por el Pacífico para transformarse en Pereira y exportarse vía aérea o marítima hacia Estados Unidos. Por eso la modernización del aeropuerto es importante, porque Pereira puede convertirse en una Aerópolis, la nueva tendencia que se está imponiendo en ciudades como Nueva Songdo cerca de Seúl en Corea del Sur, Sao Paulo en Brasil, El Cairo en Egipto, Dubai en Emiratos Árabes o Hyderabad en la India, donde las líneas de producción van directamente a los aviones, y se hacen clínicas de cirugía estética al lado de las pistas, para que los pacientes no tengan siquiera que tomar un taxi para hacerse un procedimiento y volver a su país de orígen.

Esto, en un mundo donde la tercera parte de todas las exportaciones -3 trillones de dólares- se hace por via aérea, no es cualquier cosa. Que bueno que al menos una ciudad haya dado este debate. Solo así, saliendo de los lugares comunes, llegaremos a algún Pereira.

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