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Producción conspicua: símbolo de estatus asociado con trabajar en exceso

En los entornos de producción conspicua, la competencia es por quién trabaja más duro, y en diferentes círculos trabajar muchas horas es símbolo de estatus ¿Son sostenibles los ritmos de trabajo impuestos por el fenómeno de producción conspicua?

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El consumo conspicuo o consumo de prestigio se asocia a las decisiones conducentes a inversiones que buscan mediante símbolos tangibles (joyas, yates, carros de lujo, propiedades en lugares exóticos, obras de arte, etc.) demostrar estatus, exclusividad y reputación dentro de determinados círculos sociales.

El concepto de consumo conspicuo fue introducido en 1899 por Thorstein Veblen en su libro “La teoría de la clase de ocio”.  Veblen discute en su obra cómo la codicia era el motor principal en la economía capitalista y analiza el costo humano de cuando las instituciones sociales explotan el consumo de bienes no esenciales para beneficio personal.

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A diferencia del consumo conspicuo, la producción conspicua consiste en un esquema de factores que combina la disciplina, la histamina y el alto rendimiento, con ser un modelo inspirador y al mismo tiempo demostrar con extravagancia la capacidad física de trabajo. Este concepto se le atribuye a David Riesman por su libro “American values: shift in the valuation of commodities”, publicado en 1971. Es decir, en los entornos de producción conspicua, la competencia es por quién trabaja más duro. 

Melissa Mayer, CEO de Yahoo, informó en una entrevista a Bloomberg en agosto de 2016 que trabaja 130 horas a la semana. Elon Musk, fundador de PayPal, co-fundador de SpaceX, y CEO de Tesla y Neuralink, trabaja entre 80 y 100 horas a la semana. Tim Cook, CEO de Apple, comienza a responder correos a las 3:45am, es el primero en llegar y último y salir de la empresa. Jeff Immelt, CEO de General Electric, conocido como el hombre biónico, en una entrevista concedida a Fortune en 2005 contó que llevaba trabajando 100 horas semanales durante 24 años seguidos. Indra K. Nooyi, CEO de Pepsi, trabajó como recepcionista en el turno de medianoche hasta la madrugada mientras estudió su maestría en Yale.

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Ninguno de ellos necesita dinero para sobrevivir. De hecho, todas estas personas son 500.000% más ricas que el promedio de la población estadounidense.

La producción conspicua no se trata de conseguir o demostrar poder con bienes materiales o experiencias excepcionales. Se trata de demostrar públicamente la productividad y capacidad de trabajo supra-humano como símbolo de estatus y de poder. Es decir, un fetiche en donde el número de horas de trabajo equivale al placer asociado a la productividad y la eficiencia y, por ende, a la satisfacción.

Algo desconcertante es que el fenómeno de producción conspicua no está asociado solamente a la élite empresarial. Un estudio del Economic Policy Institute encontró que las mujeres y los afrodescendientes están trabajando un número mayor de horas. No es solo por estatus, sino para satisfacer el nivel de gastos que no puede mantenerse debido al estancamiento de los salarios y a la amenaza de ser reemplazados por alguien más productivo.

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Una economía sostenible supone consumo y producción responsable (ODS12) y esto no es solamente disminuir el impacto negativo que dejamos en el medio ambiente. También debemos procurar no caer en los juegos del consumismo y, sobretodo, de la producción conspicua, que no solo promueve la cultura de trabajar hasta el agotamiento para el beneficio de la empresa, y no necesariamente para lograr nuestro propósito como individuos.  

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