Opinión

  • | 2017/10/25 00:01

    Y dejaron crecer al enano…

    Con algo de pomposidad y mucha bulla, el fin de semana pasado el presidente y el vicepresidente, acompañados por parte del gabinete y de los altos mandos, anunciaron una fuerza de 6.500 hombres para reimponer el orden en Tumaco e intentar doblegar, por no decir vencer, el monstruo del narcotráfico en esa región. Loable propósito, no hay duda.

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¿Se pregunta uno si el monstruo del narcotráfico de Tumaco apareció de la nada? No, pero en el 2011 ese monstruo era un enano. Y a partir del 2012 al enano, de manera inexplicable, en el gobierno lo dejaron crecer. Para ilustrar el problema, es oportuno trascribir apartes de una de una columna mía publicada en El Espectador en abril del 2016: “Hace algo más de un año el entonces ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, le advirtió al país: “La decisión de abandonar las fumigaciones aéreas con glifosato puede hacer que el país se inunde de cultivos ilícitos”…Las consecuencias de que el Gobierno, amparado en una vaga recomendación de la OMS, cediera ante las peregrinas exigencias de las Farc son graves: las hectáreas de coca sembradas en el 2015 alcanzaron las 159.000, la cifra más alta de los últimos nueve años.

En dos años se ha permitido que desaparezca el enorme esfuerzo que hizo el gobierno de Uribe del 2002 al 2007 en disminuir los cultivos de coca. Como lo señalábamos en reciente artículo, “ante la mirada bovina de las autoridades, cinco años de sangre, sudor y lágrimas se echaron por la borda”…La razón más sólida para continuar con las aspersiones de glifosato, según Pinzón, eran las cifras de disminución de los cultivos de coca desde 2001, fecha en que se fortalecieron las fumigaciones con glifosato en el contexto del Plan Colombia. De más de 140.000 hectáreas sembradas de coca en 2001 se pasó a 42.000 en 2013.”

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En declaraciones a El Tiempo el pasado domingo 22 de octubre el Fiscal General de la Nación, afirma que los logros de la paz se están perdiendo en las zonas de consolidación a causa del crecimiento de los cultivos de coca, e  insiste en la posibilidad de regresar a la aspersión aérea. Cuando al Fiscal le preguntan, ¿cómo ve los resultados del proceso de paz?, contesta: “Desafortunadamente, en los territorios donde debía haberse consolidado inmediatamente la paz estamos viendo un nuevo ciclo de violencia derivado del narcotráfico…Y en esos territorios, hay que decirlo con claridad, empezaron a consolidarse otros viejos grupos armados ilegales y a surgir otros, que crecen como la maleza y hoy libran una batalla campal por las rentas ilícitas, especialmente del narcotráfico.

Hace un año justo, mientras estábamos embriagados en la firma del acuerdo, no faltó quien dijera que el Fiscal era un aguafiestas cuando afirmé que “la dinámica de los cultivos ilícitos constituía una amenaza para la paz en el territorio”. Lamentablemente, el tiempo terminó por darme la razón…En septiembre del año pasado pedí replantear la política antinarcóticos para redimir estas zonas, a partir de inversión social y de la erradicación forzada. El déficit de adecuadas políticas públicas continuó, y el Consejo de Estupefacientes permaneció ajeno a sus responsabilidades, lo que ha abonado el terreno para una nueva expresión del conflicto en los territorios cocaleros.”  

A la pregunta, ¿Cree que se está perdiendo la guerra contra la coca?, el Fiscal contesta: “Pues, como vamos, no soy muy optimista. Mire usted: de 180.000 hectáreas de narcocultivos existentes a comienzos de año, se decidió erradicar apenas la mitad. El 50 por ciento de manera forzosa y el otro 50 por ciento mediante acuerdos con las comunidades. Y ¿cuál es la verdad de lo que ocurre? Mediante intervención de la Fuerza Pública se han logrado erradicar 39.000 hectáreas, aunque Naciones Unidas puntualiza que solo ha auditado a la fecha 1.000 hectáreas. Pero en lo que definitivamente vamos perdiendo la asignatura es en materia de erradicación voluntaria: de las 50.000 hectáreas previstas solo llevamos 3.000 a la fecha.”

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Para el autor de esta columna el mayor error de este gobierno ha sido el dejar que el ‘enano’ del narcotráfico se crezca a un nivel que va a ser muy complicado reducirlo. Escudándose en una babosa recomendación de la OMS y una cuestionable sentencia de la Corte, el gobierno se cruzó de brazos, haciendo caso omiso que el narcotráfico ha sido y es la mayor fuente de violencia y corrupción que ha tenido Colombia en su historia. El desatino de este gobierno en relación con el narcotráfico lo vamos a pagar durante muchos lustros la totalidad de los colombianos.  

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