Opinión

  • | 2016/05/04 00:05

    Vida de perros y el procurador

    El perro, como mascota, se ha apostado a la puerta de la literatura, del arte, de las justas militares y de los momentos más críticos de la humanidad. Responde al cariño que le hemos profesado durante siglos y no por nada, en torno a él se ha construido un mercado de cientos de miles de millones de dólares.

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Cuando él salía de caza hace varios millones de años, además de caminar con los otros hombres de la tribu por las diferentes geografías, inhóspitas por demás, entendió que si domesticaba al can (hijo del lobo), este le ayudaría a rastrear su presa, a olerla a larga distancia, a atacar cuando fuese necesario, a cuidar de su amo e inclusive a convertirse en una garantía de éxito en muchas de las empresas que significaban sobrevivir, en ese momento.

El simple cuadrúpedo, con el pasar de los siglos, se convirtió en fiel guardián, en el compañero ideal de las labores del nómada y del sedentario, en el cuidador del sembradío y del hogar, y en un miembro más del relato de la historia de una humanidad que saltando matojos ha logrado poner la balanza a su favor, tomándose muy en serio el hecho mismo de apostar la naturaleza a funcionar en su beneficio, aun cuando en muchos casos ésta ha reclamado su lugar en medio de un proceso de colonización que parecería no terminar.

Cerbero, Argos, Peritas, Blondie, Barney, Fortune, sin dejar de lado a personajes como Milú, Scooby Doo, Ayudante de Santa, Laika, Rex, Doki o inclusive Pluto, dan cuenta desde una estética muy particular, no solo del peso de los perros en nuestro cotidiano vivir, sino también de la importancia que tienen, en el marco de una relación que con ellos hemos tejido y que nació con la caza, pero que hoy va más allá de lo funcional, para convertirse en una relación afectiva que en la actualidad tiene su reflejo en la lucha por la preservación del medio ambiente.

El perro como mascota, se ha apostado a la puerta de la literatura, del arte, de las justas militares y de los momentos más críticos de la humanidad. Solo basta ver la difícil situación de nuestros congéneres ecuatorianos para entender que responden al cariño que les hemos profesado durante siglos. Y no por nada, en torno a ellos se ha construido un mercado de cientos de miles de millones de dólares a nivel mundial que está atravesado por la comida y los cuidados médicos, para llegar a Spas, guarderías y tiendas de diseñador para que se vean y sientan a la moda.

Actualmente, se estima en Colombia la existencia de algo más de 5 millones de Canis Lupus Familiaris que en su mercado gozan de un crecimiento aproximado de 9% en el promedio de los últimos 10 años. Este mercado, guarda sin duda relación con diferentes segmentos de propietarios de caninos que, basalmente podemos decir, se constituyen a partir de las edades de los tenedores, por ejemplo, en el caso de los Baby Boomers, en tanto que idos los hijos del hogar, este se convirtió en compañía; para los Exers (X) el perro como mascota se ha convertido en un cómplice perfecto de los hijos en casa y en el caso de los Millenials que quizá crecieron con perro, y que en muchos casos en niveles socioeconómicos medios y altos, se trata de tener bajo su cuidado a alguien más que a ellos mismos, el perro resulta siendo algo así, como los hijos que no quieren tener.

Dicho lo cual, y en desacuerdo con el concepto provisto por la Procuraduría que, sin duda, cae como “perro en misa” y que redunda en desconocer al mejor amigo del hombre, estamos frente a un actor activo de la cultura, frente a un dinamizador del consumo, pero también frente a un sujeto de derechos, pero ante todo de cariño que aunque el doctor Ordoñez lo desdeñe, siente desde que el mundo es mundo.  

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