Opinión

  • | 2016/03/20 00:01

    Verdades de abogados

    Importantes lecciones de los clientes sobre la relación cliente-abogado.

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Aunque resultara cuestionable que un abogado comunicara sus experiencias con colegas durante años de ejercicio profesional, recientemente una entidad del exterior me solicitó algunas opiniones sobre la práctica legal en Colombia.

Para ser imparcial recurrí a la opinión de empresarios objetivos frente al tema y producto de esas reflexiones entendí que más que infidencias, hay interesantes aspectos de la relación con nosotros los abogados cuyo conocimiento nos puede ser de utilidad así como para los hombres de negocios con los que interactuamos.

Algunos comentarios de los clientes para reflexionar.

1. “El mejor abogado es el que entiende mis necesidades”. En palabras del mismo empresario, no es el que genera más noticias, escribe más libros, dicta más clases o el de la oficina más imponente, el mejor es el abogado que está mas interesado en entender mi negocio que en demostrar cuánto sabe.

El abogado claramente debe tener el don de la proximidad, llegar a conocer el negocio de su cliente y ser confidente de sus pecados y sus expectativas.

2. Como indicaba algún financiero (probablemente exagerando), “no tiene sentido pagar honorarios extraordinarios para recibir información que se consigue en Internet”.

Lo importante es el conocimiento práctico que aporte el abogado para dar cumplimiento a la ley o proteger adecuadamente los riesgos del negocio y no simplemente indicar cuáles son las reglas del juego. Es cómo aplicarlas en bien de mi negocio.

3. “Mi abogado es famoso pero sigo emproblemado”. Sin duda alguna todo cliente quiere al mejor abogado que pueda pagar, pero es importante tener claro qué se necesita.

En momentos de conflicto la reputación del abogado puede inclinar la visión de los medios a favor o en contra y como tal identificar al abogado que se requiere es una decisión estratégica.

Si usted es un empresario que disfruta de un perfil bajo, no busque un abogado que se interese más por figurar que por atenderlo.  Además, hay abogados mediáticos perfectos para lidiar el tema frente al público, pero ellos no necesariamente son los que deben liderar una negociación o un proceso judicial pues eventualmente su reputación puede afectar el resultado.

4. “La experiencia no se improvisa”. Nada más cierto, para algunos clientes pesa más un abogado con arrugas que uno junior con ímpetu.

Sin embargo, todo depende, pues no es lo mismo lidiar con un cuantioso conflicto que realizar una debida diligencia en la que se requiere mas transpiración que estrategia. No se puede desvalorar la juventud del abogado, pero sin duda alguna, se agradece que esté dirigida por alguien con canas que pase al teléfono y vaya a las reuniones.

5. “El mío es el mejor abogado”. Como lo indicaba un ejecutivo, el cliente debe sentir que su abogado es el mejor de todos, sino no puede ser su abogado.

Si no confía en su abogado, no admira su labor, puede estar en malas manos así esté en las mejores, pues lo que importa es lo que usted sienta. Aunque parezca baladí, su química con el abogado es importante, muy importante.

6.“La factura no refleja lo que recibimos”. A veces mil horas de trabajo incurrido no justifican la factura si el cliente siente que no recibe nada a cambio. Pero a veces una hora de trabajo puede resultar en ahorros millonarios que no se compadecen con una hora facturada.

Hoy los empresarios están más dispuestos a discutir honorarios fuera del esquema tradicional del tiempo incurrido y es posible reflejar en los honorarios el beneficio que recibe el cliente. Es cada vez más común el trabajo por resultados y sumas globales por trabajo sin tiempo definido, que buscan un balance entre el resultado y el esfuerzo o la experiencia empleada.

7. ¿Firma grande o firma boutique? En opinión de algunos, las grandes cuentan con experticio en transacciones de magnitud y personal para actividades que una firma pequeña no puede desarrollar con la misma rapidez. Para otros, las pequeñas permiten mayor proximidad con un abogado experimentado que gestiona los temas directamente, aun grandes transacciones, aunque sea una a la vez. 

Al final todo depende de qué hace feliz al cliente.

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