Opinión

  • | 2016/04/17 23:45

    Venezuela, del paraíso a la miseria

    La paradoja de un paraíso llevado a la miseria por la ignorancia y la corrupción.

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Desde el exterior conocemos los excesos verbales de sus gobernantes, su Tribunal Supremo invalidando injustificadamente, las leyes de la asamblea nacional opositora y la inseguridad generalizada que ha colocado a algunas de sus ciudades dentro de las más peligrosas del planeta.

Se trata de un marco de referencia, para algunos circense, que aterra a quien visita Venezuela, pero que resulta limitado para describir la realidad de un pueblo empobrecido, cuya clase media impotente desaparece paulatinamente en medio de la abundancia de un pequeño grupo que usa un discurso socialista para mantenerse en el poder a cualquier precio.

El caso puede ser el de un profesor universitario de tiempo completo, con maestría y doctorado en el exterior, que devenga un salario que al cambio puede ser de US$55 mensuales, o el de un ejecutivo de primer nivel en una gran empresa que devenga el equivalente a US$450, o el de una enfermera que no alcanza los US$20, cuando el salario mínimo es de solo US$10.

Hoy el dólar negro, el que realmente existe, se cotiza a más de 1.100 bolívares, cuando hace dos años alcanzaba los 260, haciendo la situación insostenible ya que no existe producción industrial o agrícola y se depende sustancialmente de las importaciones, no existiendo suficientes bienes producidos a costos locales que puedan ser adquiridos con el devaluado bolívar.

Adquirir productos de primera necesidad y precios controlados como azúcar, harina de trigo, pasta de dientes, cuchillas de afeitar, entre otros, exige que sus insumos o los bienes mismos sean importados con un dólar preferencial que solo se desembolsa a los amigos del gobierno y que supone finalmente un subsidio selectivo. Las multinacionales reducen su operación al 20% pues se quedan sin inventarios por no tener acceso a divisas y pero sí precios de venta controlados, logrando que laboratorios que tenían en ese país ventas anuales de US$500 millones hace años, pasen hoy los primeros meses del 2016 sin registrar venta alguna.

Filas de días enteros para adquirir tales productos son exigibles a todos, salvo que se cuente con dinero suficiente para adquirirlos en el mercado negro a diez veces el precio controlado. No existen repuestos para maquinaria o vehículos y es normal que estén parados durante meses; escasean los insumos básicos en cualquier hospital, las medicinas y productos del exterior, pues se adeudan millones a los proveedores y el gobierno no tiene divisas para cancelar.

Un sistema producto del odio y la corrupción, basado en el afán de concentrar todo el aparato productivo en el Estado para asegurar su electorado y acabar con el sector privado que amenazaba la revolución; que extinguió la producción nacional a través de controles cambiarios, de precios, privilegios laborales y la expropiación de empresas opositoras sin indemnización previa o la mayoría de las veces sin indemnización alguna.

Una paradoja pues es dirigido por funcionarios, magistrados y altos mandos con acceso a la compra de dólares a la tasa oficial que les asegura el derecho de tenerlo todo en medio de una creciente pobreza de sus compatriotas y que parecen emplear la institucionalidad y su discurso socialista sólo para acabar con sus enemigos.

Socialistas emprendedores, que construyen centros comerciales y edificios localmente y en el exterior, viajan en yates y aviones privados y se pasean en camionetas de lujo blindadas porque la inseguridad de su país los aterra. Que mandan sus hijos a estudiar al imperio que critican y los únicos a quienes les resulta posible comprar cualquier producto en el país, pues hoy los precios son fijados teniendo como referencia el dólar negro (a más de mil bolívares) que resulta inalcanzable hoy para su convaleciente clase media.

El legado de Chávez se ha cumplido pues al igual que Cuba, hoy Venezuela tiene una moneda sin valor con la que se compran productos básicos racionados,  mientras que el dólar es privilegio de los oficiales del gobierno y los extranjeros e  inalcanzable para la generalidad de la población, que hoy se siente atapada por serle prohibitivo viajar al exterior. Hoy nadie tiene tiempo de protestar por estar haciendo fila para sobrevivir.

Si bien la izquierda cumplió su ciclo en países como Argentina y Brasil donde demostró su habilidad para corromper pero no para generar desarrollo, y Cuba en pocos años será probablemente una economía abierta, Venezuela nos recuerda una lección: la ignorancia es el mayor elector y ella es sensible a las mentiras que propagan quienes aprovechan los resentimientos de los pueblos.

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