Opinión

  • | 2017/04/25 00:00

    ¿Deberíamos expulsar a los venezolanos de Colombia?

    Esta puede ser la gran oportunidad para convertirnos en una verdadera sociedad abierta, no solo con los venezolanos. Mientras tanto, que bueno que estén acá, ayudándonos a construir la Colombia del Siglo XXI.

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Quienes crecimos o vivimos en Cúcuta padecimos en algún momento la soberbia del venezolano de frontera. La Guardia venezolana, en varias épocas y con diferentes discursos, se encargó de recordarle al colombiano que su país estaba en mejores condiciones. Adicionalmente, la eventual displicencia del venezolano de clase media-baja exacerbaba, aún más, las diferencias con los “neogranadinos”.

Tenían razón: ellos estaban mejor. Con algunas excepciones temporales, la abundancia petrolera daba para todo. Gasolina barata, adecuada infraestructura de carreteras y altos ingresos, eran solo una parte de las distancias de dos países hermanos. Sin embargo, pese a la pugna familiar, siempre existió una relación de mutua dependencia, en la que Colombia recibió beneficios de los excedentes petroleros y los colombianos buscaron oportunidades pasando la frontera.

Los tiempos cambiaron, los venezolanos le apostaron, en palabras del Presidente Santos, al “mamerto fundamentalista” de Chávez, bajo el silencio cómplice de varios países de la región, incluido Colombia. Hoy padecen las consecuencias. Se destruyó el sector privado, registran una inflación sin precedentes, las instituciones se resquebrajaron y viven un drama en el que es difícil alimentarse.

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La situación ha generado un éxodo masivo de venezolanos a Colombia. Según cifras de migración Colombia, en el país hay 1.512.000 venezolanos, entre turistas y residentes que están legalmente. Algunos, principalmente en la frontera, se preguntan si será mejor cerrarles la puerta. Después de todo, le están quitando empleo a nacionales y es bueno devolver un poco de la hospitalidad de antaño. ¿Tendrán razón?

Se equivocan quienes están casados con la postura de sociedad cerrada. Además de las válidas consideraciones humanitarias y la grandeza propia que se debe tener con un país hermano, la historia ha demostrado que a las sociedades que promueven el intercambio de ideas les va mejor. Así fue posible en la Florencia del Siglo XIV, la familia Medici utilizó sus recursos para que confluyeran poetas, científicos, artistas, ingenieros y lo más selecto de la Europa de la época. A ellos les debemos el Renacimiento.

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Para no ir más lejos, el ascenso de Estados Unidos se debe a individuos como Alexander Graham Bell (escocés), David Lindquist (sueco, desarrollador del ascensor eléctrico en Otis), Octave Chanute (francés, les ayudó a los hermanos Wright a desarrollar el avión), George Soros (Hungría), Rupert Murdoch (Australia), entre millones de personas que aportaron al crecimiento de largo plazo de la economía.

Y no solo es cuestión de grandes científicos, pensadores e inversionistas los que pueden llegar al país. La innovación empresarial, esa a la que, en palabras de Sala i Martin, no necesariamente se llega con parques tecnológicos de biomedicina o de tecnologías de la información y las comunicaciones, también recibe beneficios. Después de todo, los extranjeros promueven mecanismos para hacer cosas diferentes con métodos diferentes. Allí está el núcleo de ese intercambio de ideas.

En la gastronomía, la moda, las artes, la medicina, la literatura son grandes las experiencias que se pueden intercambiar con los migrantes. En los albores del Siglo XX el ex canciller Luis López de Mesa y el expresidente Rafael Reyes impulsaron una Ley para prohibir la migración de chinos, hindúes y turcos; promoviendo la de europeos que traerían modernidad al país. Parece que la xenofobia del Siglo pasado se mantiene en algunos sectores sociales.

Vivimos tiempos difíciles, las cifras del mercado laboral así lo demuestran, pero no por eso le debemos dar la espalda a una Nación con la que compartimos siglos de historia. En todo caso, los venezolanos que lleguen al país deberán cumplir con las normas para homologar experiencia y títulos. Ya hay varias alertas, especialmente con médicos en la frontera, de empresarios colombianos que se están aprovechando del drama social y contratan médicos sin el cumplimiento de los requisitos legales.

Esta puede ser la gran oportunidad para convertirnos en una verdadera sociedad abierta, no solo con los venezolanos. Mientras tanto, que bueno que estén acá, ayudándonos a construir la Colombia del Siglo XXI.

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