Opinión

  • | 2017/09/25 00:01

    150 años de la Universidad Nacional de Colombia. El reto: hacerla más grande

    La Universidad Nacional de Colombia, UN, cumple 150 años de servicio al país. Su desarrollo y resultados superan con creces el interés por la educación, la ciencia y el conocimiento de la sociedad, donde estos temas son secundarios en términos de política pública.

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Perdonen los lectores, pero no puedo dejar de señalar que dado mi origen familiar y el entorno social donde me críe, la única oportunidad de acceder a la educación superior de buena calidad era una universidad pública, en este caso tuve el enorme privilegio de ir a la UN. Soy la primera generación de mi familia que fue a la universidad y obtuvo título profesional. Ejercí la profesión de economista durante 10 años, siempre en temas sociales. Luego tuve la oportunidad de estudiar en la Universidad de Michigan y regresar a ser profesor de la Nacional por 4 años, me retiré y desde entonces he seguido pendiente, como corresponde, al acontecer de mi universidad.  

Escribo en primera persona porque sé que la mayoría de mis compañeros de generación de la UN también fueron los primeros profesionales de sus familias; más adelante comprobé con mis estudiantes (entre los años 2000 y 2004) que en algunos de ellos se repetía esta condición de primeras oportunidades y de primeras generaciones en ir a la universidad. No olvidemos que las tasas de cobertura en la educación superior, en el año 2016, aún no alcanzaban el 50%. La UN representa, y continúa siendo para miles de jóvenes, un camino real de cambio, que permite modificar la condición social de cuna y asistir a encuentro con jóvenes estudiantes de diversas regiones, estratos y riqueza cultural, en un país en donde este tipo de encuentros sociales y de convergencias entre diferentes son más bien escasos.       

Me formé en la Facultad de Economía con profesores quienes en su mayoría eran muy críticos del sistema político, de las reglas y decisiones económicas, de los excesos de concentración de riqueza y de las condiciones de pobreza en las cuales vivían la mayoría de colombianos. Profesores que escribían, debatían, cuestionaban y proponían, algunos con más pasión política que razón, pero ninguno equivocado en su compromiso social por el país y los marginados. Lo anterior se puede comprobar a través de la revista Cuadernos de Economía, hoy digitalizada desde el número 1 y otras publicaciones de finales del siglo pasado.

Fue en la Facultad de Economía, en sus salones y auditorios, con mis profesores y mis compañeros de la UN, que muy rápido entendí que la micro y la macro funcionan como modelos, que la realidad los trasciende, porque afuera o dentro de estos modelos están seres humanos que no tienen información perfecta y de la misma calidad; unos preparados para la competencia, otros sin ni siquiera entender qué es competir, porque siempre fueron pobres, marginales y con bajo nivel cultural. Estos últimos sí compiten para subsistir, sin cumplir los supuestos de los modelos, es decir, sin importar salarios mínimos, 40 horas de trabajo semanales, prestaciones u otra conquista dentro de la economía capitalista, ellos no son seres humanos juiciosos y sobre todo racionales a la hora de ir al mercado.

En la universidad aprendí que los economistas requieren tener un profundo valor por lo humano, que es necesario contar con una base ética sólida para acompañar sus análisis e interpretaciones a la hora de asumir posiciones de política económica, como aún lo enseña, y lo asume, el profesor Jorge Iván González.

Quienes egresamos de la Universidad Nacional no tenemos una actitud gremial, pero sí una impronta, que resumo en 3 compromisos: trabajar por el desarrollo del país, buscar caminos para encontrar y proponer soluciones justas, y, finalmente, apoyar a los más necesitados. Lo anterior hace parte de un esfuerzo permanente para utilizar el conocimiento profesional y un sentido ciudadano para hacer las cosas bien. No hay manuales, guías, códigos de ética, clubes o gremios de la UN, pero así actuamos la mayoría de sus egresados.

Alegra conocer que, a pesar del maltrato gubernamental con los recursos financieros, hoy la universidad tiene 53.582 estudiantes, 43.555 en pregrado y el resto en posgrados, y que sus estudiantes proceden del 78% de los municipios del país. Así mismo, llena de orgullo saber que, en el año 2016, el 38% de los grupos de investigación de la UN están categorizados por Colciencias en A1 y A, y que la Universidad logró que le aprobaron 36 patentes. Además, en la UN existen 58 revistas académicas, de las cuales 45 están indexadas en Publindex, y en tan solo el 2016 se publicaron 2034 artículos. También, la UN aparece en rankings como QS World University Rankings o Ranking Web of World Universities Webometrics en primer y segundo lugar de las universidades del país y en el puesto 10 y 17 de las universidades Latinoaméricas.

La UN es el centro de conocimiento y de desarrollo científico más importante del país, lidera programas y procesos de apoyo al desarrollo social, territorial e institucional, además de promover la cultura y las manifestaciones artísticas. Tiene amenazas como la falta de presupuesto que incide en las condiciones de la infraestructura, dotaciones y la necesidad de lograr un mayor número de docentes con doctorado. La participación creciente de los recursos propios con actividades de extensión y otros servicios para financiar su operación en parte desvirtúa su razón de ser y amenaza la autonomía académica. Gracias Universidad Nacional, felicitaciones a todos aquellos que han contribuido con su pasado y presente, requerimos unirnos en torno a ella para hacerla más grande en su desarrollo científico, humano y cultural. Eso será bueno para el país.

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