Opinión

  • | 2016/11/16 00:01

    Una vez conocí un líder

    Un buen líder sabe escuchar, toma consejo y reconoce cuando no tiene la razón.

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Es natural que todos tengamos al menos una vez en la vida, alguien a quien rendirle cuentas en nuestro trabajo; es decir, alguien de quien recibimos órdenes, alguien que nos guía por los truncados caminos del mundo de los negocios o a lo que sea que nos dediquemos. Una vez conocí un líder y esto es lo que me llevo de esa persona:

Aprendí que un líder no es aquel que simplemente tiene personas bajo su mando. Tener personas  a cargo representa solamente la estructura jerárquica de cualquier empresa. El liderazgo trasciende cualquier organigrama para asentarse en el espíritu de los miembros de una organización. Aprendí que un verdadero líder inspira e impulsa a trabajar mediante el ejemplo. Un verdadero líder no descansa hasta que el último elemento de su equipo haya terminado su labor.  Un líder toma la iniciativa y participa activamente a su equipo de la misma.   Un verdadero líder no  se limita a delegar, un verdadero  líder empodera y confía en las capacidades de los demás. 

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Aprendí que un verdadero líder toma responsabilidad de los aciertos alcanzados por sus subalternos,  pero también se apropia de los errores de su equipo. Aprendí de su postura ecuánime, de su tenacidad, de su amistad jamás opacada por su rol. Un verdadero líder es estricto sin perder su nobleza, piensa siempre en los demás, se interesa por la vida de quienes lo rodean y sabe que en la vida laboral hay momentos para muchas cosas, sobre todo para reír, para dar un buen consejo y en ocasiones hasta un abrazo.

Aprendí que un buen líder sabe escuchar, toma concejo y reconoce cuando no tiene la razón, se necesita grandeza para esto último, por esa razón no todos los días nos topamos con alguien así. Es tal el  brillo de un verdadero líder que te hace querer dar el máximo para crecer profesionalmente y como persona, el líder que conocí siempre reconoció las habilidades de sus subalternos, nunca fue tibio en las felicitaciones, sabía que al pedir labores complicadas o imposibles, los recompensados serían aquellos que las ejecutaron, nunca tomó crédito de nada y lo entrego todo.   Podía extraer hasta la última gota de sudor de su equipo y llevarlos al éxito, no por tener un mayor rango sino porque lo merecía.

Si usted, señor lector, conoce a alguien con estas características,  comparta este artículo. Si conoce al alguien que requiere de estas características, comparta este artículo.  Si  tiene personas a su cargo, comparta este artículo y si está buscando a alguien así, use este artículo como su manual de contratación.

Dedicado muy especialmente a Claudia Carolina Chica Riveros, una líder que conocí una vez y que dejaron ir. Si la necesita, búsquela y no se pierda el placer de aprender juntos.

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