Opinión

  • | 2017/06/20 00:01

    Una historia sin final feliz

    Hace casi 20 años, en 1998, fui Directora General de la DIAN. Yo nunca había trabajado en el sector público, pero venía de ser Directora de esta revista y mucha gente me conocía.

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Hace casi 20 años, en 1998, fui Directora General de la DIAN. Yo nunca había trabajado en el sector público, pero venía de ser Directora de esta revista y mucha gente me conocía. Desde el principio me apodaron la “Cuchilla”. Quienes me conocían sabían que yo no era sobornable. Tal vez por eso jamás me ofrecieron coimas.

En la DIAN había funcionarios excelentes en puestos claves. Uno de ellos era un subdirector en cierta Aduana donde pasaban, y se incautaban, muchísimas maletas con efectivo. Estas eran enviadas al Banco de la República para su custodia y posterior disposición.

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Después que yo salí de la entidad, este funcionario fue invitado a almorzar por un político costeño. “Ajá, hombre quiero hablar contigo” le dijo el congresista “porque Fanny no entendía el tema, pero yo creo que tu sí” añadió. Básicamente lo que yo no entendía era que tenía que bajar la guardia en esa Aduana específica y dejar pasar las maletas con dinero.

Al funcionario le pusieron un ultimátum: o colaboraba o se iba. El entendió perfectamente de qué se trataba la cosa y no quiso hacerles el juego. A la semana siguiente lo llamó el Director de Aduanas a su oficina. Básicamente la conversación se repitió. Se tenía que ir porque no estaba “colaborando”. Este Director era ficha cercana a Juan Manuel Santos, que en ese entonces fungía como Ministro de Hacienda. Era un experto en comercio exterior y siempre acompañó a Santos desde la época en que fue el primer Ministro de Comercio Exterior durante la administración Gaviria.

Este Director de Aduanas tenía fama de honesto, pero después del ultimátum al funcionario, quedó al descubierto.

Con el tiempo surgieron más funcionarios en la DIAN que sí entendían cómo era la cosa. Un funcionario del área administrativa fue el elegido para reemplazar a mi amigo que no quiso entender “cómo era la cosa”. Esta persona era de toda mi confianza cuando fungía como Secretario General en la DIAN, pero cuando se fue a esa Aduana me di cuenta que efectivamente, los únicos que no entendíamos cómo era la cosa éramos el funcionario que renunció y yo.

Mi sucesor en la Dirección acabó enredado un año después, cuando era Presidente del extinto Seguro Social. Su sucesor como Director de la DIAN fue un funcionario de mi confianza también, pero no se dio cuenta (¿?) de la gran estafa de devolución de IVA a las exportaciones ficticias de chatarra. Además cría caballos de paso en Santander. ¿Con el sueldo de la DIAN?

Siendo Embajadora en Canada, tuve la oportunidad de conocer mucho sobre los otros países latinoamericanos. Me sentí orgullosa de mi gobierno: por lo menos la rama ejecutiva a nivel de ministros y Presidente eran honestos. O eso creía yo.

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Néstor y Cristina Kirchner, Evo Morales, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Hugo Chávez y su cuadrilla, entre otros, recibieron coimas tipo Odebrecht o montaron empresas dedicadas al crimen como los Kirchner, que tenían el mecanismo perfecto para lavar activos.

Pero se empezaron a destapar escándalos en Colombia también que afectaban al más alto nivel del Ejecutivo. Empezando por los funcionarios comprados por Odebrecht, incluyendo tres campañas presidenciales: Santos 1 y 2 y Oscar Iván Zuluaga. Nos enteramos que el actual Director de la DIAN fue “gerente” de la campaña Santos 2010 y no sabía de la plata de Odebrecht. En sus narices infiltraron la campaña Presidencial. No sólo entró el dinero de Odebrecht sino también del Canal Isabel II. Y Santos no lo deja renunciar a la Dirección de Impuestos y Aduanas.

Si no es corrupción, es falta de profesionalismo. Las dos grandes cabezas de la “paz” Sergio Jaramillo y Rafael Pardo, se detestan entre sí y pelean a través de los medios. La popularidad del Presidente Santos es de sólo 12 por ciento, más bajo aún que Ernesto Samper. En la pasada reforma tributaria, que iba a dirigida a luchar contra el déficit fiscal, se crearon más de 700 puestos en la DIAN para dar gusto a los políticos.

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Vi hace poco un debate entre María Jimena Duzán y Salud Hernández en televisión. La primera sumamente optimista, sosteniendo que va a haber un gran renacimiento de la sociedad colombiana en paz, entusiasmada con el futuro. Salud, por su lado, pesimista, diciendo que aquí nada va a cambiar. Le creo más a Salud, sobre todo después de haber analizado los personajes del gobierno que uno tenía endiosados y acabaron untados. No es necesario mencionar nombres. La Fiscalía sabe dónde encontrarlos.

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