Opinión

  • | 2017/06/24 00:01

    Un gran poder conlleva una gran responsabilidad

    ¡Es un don con el que se nace! ¡Es una cualidad de unos pocos! No, ¡Es la creatividad! Un poder que muchas personas quisieran tener para crear cosas tan grandiosas como los publicistas lo hacen en su día a día. Pero, ¿estamos usando este poder para bien o para mal?

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Cuando se empezaba a escribir la historia de la publicidad y el marketing, se evidenciaba que era una actividad bastante básica, se veía al consumidor como una masa, y así mismo su estrategia de mercado, que estaba centrada en el producto, porque lo más importante era vender. Los años pasaban, y con la experiencia de tener que conocer el producto al 100%, nos centrábamos en una estrategia de conocer las necesidades del cliente, y así crear desde nuevos productos, hasta las comunicaciones para calmar las exigencias del público y de las empresas, era el momento de entender al consumidor y darle lo que pedía, porque para el mercado, ellos son los mejores embajadores de nuestra marca. En este punto los publicistas y las agencias de publicidad se convirtieron en los aliados perfectos de las empresas, para que cumplieran sus metas y sus objetivos. David Ogilvy lo plasmaba muy bien en su frase que decía “Si no vende, no es creativo”, resaltando que la misión de todo publicista era vender a como diera lugar. Vender así fuese una bebida azucarada que te mata mientras la bebes.

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Pero por fortuna, el mundo siguió avanzando, las exigencias del mercado, las nuevas generaciones ocuparon el puesto del tradicional consumidor, por lo tanto, las motivaciones eran diferentes. Un claro mensaje de que la publicidad y el marketing tenían que cambiar.

Vender y Necesidades del Consumidor son conceptos reemplazados por Inspirar y Valores de los Consumidores. La madurez y una evolución de conciencia de compra, obligan a las empresas y a la publicidad a cambiar sus modelos de crear y comunicar. Ahora nos sumergimos en un mundo donde consumidores y empresas trabajan de la mano para crear un mundo mejor. Por esta razón las agencias de publicidad deben cambiar sus típicas misiones y visiones de ser la agencia número uno en el mercado o peor aún, convertirse en el aliado estratégico de las empresas. En estos tiempos esos mensajes no inspiran a los creativos a cooperar en las agencias, porque así como un padre no puede comprar el amor de su hijo con regalos, las agencias no pueden comprar la felicidad de un creativo con un sueldo.

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Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Somos constructores de mensajes para audiencias, hacemos anuncios para millones de personas, somos más creativos que todos, somos más sensibles que los demás, pero también somos personas y ciudadanos. Tenemos un gran poder, usémoslo para algo más que llenar de premios a las agencias e inflar nuestro ego, usémoslo para hacer de este mundo, un mundo mejor.

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