Opinión

  • | 2016/10/09 00:01

    Un gran acuerdo nacional para rescatar nuestra economía

    Además de un gran pacto nacional para salvar el acuerdo de paz con las Farc, es urgente que junto a los diferentes sectores políticos y gremios productivos logremos sacar adelante una reforma tributaria estructural.

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En medio del inesperado momento político en el que el país se encuentra tras la victoria del No el pasado domingo en el plebiscito, debemos darle la importancia que merece a la enorme incertidumbre que se cierne sobre nuestro futuro económico. Durante todo este año hemos expresado nuestra preocupación por las enormes dificultades económicas que el país atraviesa y hemos aprovechado este espacio en más de una ocasión para insistirle al Gobierno Nacional en que no le diera alargue a decisiones tan importantes como la presentación de la reforma tributaria. Hoy vemos cómo  este desacierto está tomando dimensiones alarmantes.

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El Gobierno se inclinó por posponer los necesarios ajustes fiscales esperando obtener primero un resultado favorable en el plebiscito y ahora, como las cosas no salieron como se esperaban, el futuro de la economía nacional se balancea sobre una línea muy delgada. Las calificadoras de riesgo ya han puesto en tela de juicio la capacidad del Gobierno de sacar adelante una reforma tributaria estructural este año y se necesitan con urgencia mensajes de confianza que despejen todas las dudas sobre la capacidad del Gobierno de sortear esta coyuntura.

En este contexto, la reforma tributaria no da espera. Si bien, en el país existe la idea generalizada de que la reforma tributaria era para financiar el posconflicto, lo cierto es que existe un enorme déficit en las finanzas públicas por cuenta de la caída en los precios del petróleo. Ahora, la reforma a presentar debe estar acompañada de eficiencia en el gasto e importantes ajustes presupuestales. Es claro que existen inmensas necesidades de recaudo, pero no menos urgente es la activación de sectores económicos con potencial de desarrollo, que puedan generar empleo e impulsar el crecimiento económico.   

Colombia necesita una reforma tributaria que genere incentivos reales para la diversificación de nuestro aparato productivo, que hagan de nuestro sector real uno competitivo y capaz de darle mayor valor agregado a lo que produce. La propuesta de reforma tributaria que entregó la Comisión de Expertos al Gobierno es una alternativa para aumentar el recaudo del Gobierno Central en casi 15 billones de pesos según los propios cálculos de la comisión, pero como lo han manifestado importantes tributaristas como Santiago Pardo, desconoce que el sistema tributario colombiano debe ser competitivo frente a sus pares regionales.

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Hoy en Colombia los negocios formales tienen tasas efectivas de tributación de más del 75%  y si esta realidad no cambia lo que se viene es el traslado de los centros de producción de los actores económicos nacionales e internacionales que han estado invirtiendo en el país a países como Chile y Perú, donde las tasas efectivas son del 28% y 36% respectivamente. La salida es entonces gravar los ingresos y capital de los colombianos de mayores recursos para no poner cargas impositivas que por impagables ahuyenten a las empresas.                  

Otro punto de la propuesta de la comisión que tampoco es viable es el de aumentar el listado de productos gravados con el IVA, afectando la canasta familiar. El diagnóstico de la Comisión de Expertos fue claro en señalar que nuestro sistema tributario tiene un efecto casi nulo sobre la redistribución del ingreso de los colombianos y en este sentido, si la reforma concentra sus esfuerzos en aumentar impuestos de naturaleza regresiva como el IVA, no vemos cómo no se va a agudizar la inequidad perjudicando a los sectores de menores ingresos del país.  No estamos de acuerdo con que se graven los bienes de la canasta familiar, el enfoque de la reforma debe ser el de revisar a fondo las múltiples exenciones del IVA que en poco o nada benefician a los colombianos más pobres.

Estos puntos por supuesto harán parte de una discusión impostergable. Además de la imperativa necesidad de llegar a un gran pacto nacional entre los diferentes sectores para salvar el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, hoy también es urgente que con el concurso de los diferentes sectores políticos y gremios productivos, logremos sacar adelante una reforma tributaria estructural, que siente las bases de la competitividad futura del país y que realmente mejore nuestros índices de redistribución de riqueza. 

Nuestra economía tiene dificultades mayores y hay decisiones críticas por tomar.  Aquí es absolutamente necesario que comprendamos que más allá de los cálculos políticos y electorales que preferirían postergar el debate, sin esta reforma podemos poner en riesgo la sostenibilidad fiscal del país y el grado de inversión que tanto nos costó alcanzar. No estamos en momentos en los que cada cual pueda seguir halando por su lado. Desde nuestra posición, estamos listos para el debate pero insistiremos en la importancia de no perder de vista una visión de país de largo plazo, ante tan apremiantes necesidades de recaudo.

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