Opinión

  • | 2017/04/07 00:01

    Uber: el dilema entre mercado y Estado

    Desde los escenarios más insospechados y más inesperados renace una, y otra, y otra vez, la muy tradicional y determinante discusión sobre los límites del Estado y los límites del mercado en las sociedades actuales.

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Ese gran péndulo en el que se ha movido la historia reciente de la vida política, económica y social del mundo,  que se mueve entre el liberalismo más clásico y el colectivismo más radical y que ha permitido la aparición de múltiples soluciones históricas como la social-democracia, el keynesianismo, la economía social de mercado, e incluso las más atrevidas propuestas de “terceras vías”, continúa con su movimiento pendular entre sociedades que reducen el tamaño de su Estado y procuran la mayor eficiencia posible en sus mercados, y sociedades que progresivamente caen en tentaciones Estatistas creciendo el tamaño y el poder de sus Estados y reduciendo la capacidad y dinámica de sus mercados.

Los resultados históricos están más que comprobados y, aunque el mundo en su conjunto ha denunciado y sigue denunciando los excesos de los extremos de este péndulo, el mismo se sigue moviendo, y en algunos casos, con fuerza hacia cada extremo dejando resultados y consecuencias complejas para el desarrollo presente y futuro de algunas naciones.

Esto, que he llamado movimiento pendular, se traduce en lo político en esa suerte de debate inacabado entre izquierda y derecha que, aunque algunos quisieran minimizar o aunque el mapa político-electoral de América Latina resulte confuso, para cualquier elector es evidente en las propuestas y en las ejecuciones; y se traduce en lo económico en esos intentos populistas de estatizar todo lo que se encuentre al alcance o de eliminar la libertad económica y de mercado, lo que termina derivando también en la limitación de las libertades políticas y sociales.

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Decía al comienzo que realidades insospechadas e inesperadas nos hacen reflexionar sobre estos temas siempre vigentes, y es que más allá de las evidentes transgresiones a la democracia y a la libertad que todos los días pasan frente a nuestros ojos e incluso son transmitidas por nuestros medios de comunicación, surgen situaciones en las que el mercado avanza con mayor rapidez, eficiencia y contundencia que el Estado, especialmente en medio de este auge de las tecnologías de la información y de las comunicaciones.

En muchas escuelas de negocios se estudia hoy, como caso de éxito, el desarrollo de plataformas electrónicas y digitales que han logrado encontrar eso que los economistas llamamos transparencia, información simétrica y completa, y fluidez en la relación entre oferentes y demandantes, a través de la disposición de mecanismos y canales que permiten reducir todas la barreras naturales y no naturales de acceso y permanencia en esos mercados.

Hablo de plataformas como Google, eBay Alibaba, Amazon, Facebook y más recientemente Airbnb,  Cabify, Blablacar y Uber, Todas, sin excepción, han evolucionado a una comprensión más profunda y a la vez más práctica de las necesidades, expectativas y comportamientos de los productores y consumidores en determinados mercados y al mismo tiempo han evidenciado las graves dificultades que enfrentan hoy nuestros Estados de derecho, de la manera moderna que los conocemos y los comprendemos, y cuyas dinámicas, lenguajes, burocracias y controles dificultan de manera grave su adecuación y adaptación a las nuevas realidades de los mercados, de la ciencia y la tecnología, de la información y del conocimiento…  

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El muy sonado caso de Uber en nuestro país es apenas una muestra de los retos que tendrá que enfrentar el Estado en el futuro muy próximo. La errática y  contradictoria reacción del Estado en este caso nos demuestra una vez más que el mercado y la tecnología, avanzan mucho más rápido que el primero para garantizar los derechos de sus ciudadanos especialmente de aquellos grupos favorecidos por regulaciones ineficientes e ineficaces. 

El hecho del que el Ministerio de Transporte haya sido respaldado recientemente por una decisión del tribunal administrativo de Cundinamarca para reiterar su posición de declarar la ilegalidad de Uber y por ende la prohibición y persecución de su oferta y de su demanda, y que al mismo tiempo seamos testigos de la valiente posición del Ministerio de las tecnologías de la información y de las comunicaciones de negarse a inhabilitar, prohibir, vetar o bloquear el uso de redes sociales y tecnologías de información, son prueba de la validez y actualidad de esta reflexión.                           

A diferencia de lo que pasa hoy en países vecinos, cualquier modelo económico y político debe propender por el mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos, la reducción y eliminación de toda forma de pobreza en su sentido más amplio (económico, institucional, personal, moral…), la estabilidad macroeconómica y monetaria, la generación de oportunidades y empleo decente,  el impulso a la productividad, el crecimiento, la competitividad y el progreso, entendidos finalmente como la adaptación armónica del Estado y del mercado a los permanentes cambios y evoluciones estructurales para el logro del equilibrio y del desarrollo.

Una vez más, como en lo grandes hitos de la historia reciente, la capacidad que tengamos como sociedad para dilucidar el dilema Estado- Mercado, será la clave para la estabilidad y desarrollo presente y futuro de nuestra sociedad. Para ello, voces autorizadas y visionarias como las del ex canciller alemán, Konrad Adenauer,  serán siempre iluminadoras: “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”.

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