Opinión

  • | 2017/07/20 00:01

    Tierras de unicornios

    Hay una discusión vigente y de alta complejidad que se ha ventilado sobre todo en los Estados Unidos alrededor de las cláusulas de no competencia frente a la retención o atracción de talento. El caso lo expone en detalle el profesor Enrique Dans en uno de sus últimos artículos.

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Tal y como lo describe Dans, la legislación americana en este sentido es bien variada. Desde Idaho en una esquina que invierte la carga de la prueba y le asigna la responsabilidad al empleado que renuncia de probar que “carece de las habilidades que puedan afectar adversamente los legítimos intereses empresariales del empleador”, que es por supuesto algo muy difícil (absurdo) de hacer; a California en la otra esquina que las tiene prohibidas y que ha generado un espacio legislativo benigno para la atracción del mejor talento del mundo sobre todo en el plano tecnológico.

En la mitad una cantidad de estados con regulaciones variopintas que en la práctica lo que están forzando, sobre todo frente al talento sobresaliente, ese que es el que hace la diferencia, que ya no sólo tengan en cuenta sólo  las calidades y oportunidades que brinda su potencial empleador, sino además, dentro de un análisis más amplio, las condiciones que en materia regulatoria, de impuestos y de calidad de vida ofrece un determinado país, un estado o una ciudad en particular.

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El tema no es menor, y tiene implicaciones importantes cuando de movilidad de talento se trata y sobre todo cuando de construcción de nichos de desarrollo importantes en el tema macro y de política pública.

Irlanda fue tal vez pionera de esta iniciativa hace ya unos años con su famoso “Make It in Ireland”, política de estado que pretendía generar alicientes tributarios y de migración para atraer una gran cantidad de empresas y de talento extranjero que pusieran en su tierra sus plantas y equipos de investigación para desarrollar capacidades de largo plazo que hoy todavía rinden sus frutos.

Recientemente Emmanuel Macron anunció un proyecto muy agresivo de atracción de talento digital con la promesa de hacer el visado en tan solo dos semanas de todos aquellos con las competencias requeridas. Otro joven mandatario, Justin Trudeau de Canada, está liderando una campaña muy agresiva “#GoNorthCanada” para facilitar la llegada de talento extranjero que traiga su experiencia y conocimiento para el desarrollo de un Hub que potencie el crecimiento de esta industria en donde hoy se centra el interés mundial.

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Su política no solo comprende las obvias facilidades de migración y visa, sino además una gran cantidad de ayudas, foros y anuncios de oportunidades profesionales para su rápida ubicación.

Contrasta por supuesto con nuestra política o mejor, la ausencia de ella. Colombia es de lejos el país latinoamericano con menor migración extranjera. Como que por aquí nunca vino nadie, primero porque no quisimos y después por que no quisieron ellos por razones más que obvias.

Sin embargo esto es historia y lo que asombra es que alrededor de lo que pareciera es hoy el insumo más importante de todos para generar desarrollo, emprendimiento y crecimiento productivo, me refiero por supuesto al talento, no exista ningún tipo de política concreta, ni visión pública de largo plazo.

El talento hoy es móvil, es una realidad. La gente por necesidad (como está sucediendo con nuestros hermanos Venezolanos), o simplemente por oportunidad, hoy vive en donde existan oportunidades reales e integrales para hacer su ejercer su  carrera  profesional con éxito.

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Tenemos una oportunidad de oro para armar un proyecto integral que atraiga la inversión, construya conocimiento y genere oportunidades de emprendimiento, inversión y desarrollo futura que nos desmarquen de esas pocas industrias en las que hoy somos competitivos pero que bien alejadas están de tener una cadena de valor importante.

El Gobierno no puede dejar esto en manos de los particulares. Los empresarios buscan la oportunidad una vez creado el espacio. Estamos en mora como país de armar un plan de largo plazo o, ¿será que seguiremos condenados a mirarnos el ombligo?

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