Opinión

  • | 2017/12/13 07:18

    ¿Qué tan importantes son los stakeholders? Mirada a la huelga de Avianca

    Un sindicato también es una organización, aunque sin fines comerciales. Siendo así, ¿no tiene también stakeholders frente a los cuales responder?

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Como muchos, viví la huelga de 52 días de los pilotos de Avianca afiliados a ACDAC como cliente y espectador, sin conocer los manejos internos de ninguna de las partes, y descubriendo la dura labor y el compromiso de los demás empleados en tierra para sortear una crisis frente a la cual, una vez terminada, todos coincidieron que solo dejó perdedores y a los aviadores ad portas de un potencial despido. ¿Por qué ACDAC se quedó solo y con todo el mundo en contra?

Podríamos reflexionar sobre las responsabilidades de los sindicatos con la sociedad, más por las consecuencias del medio que eligieron (esta huelga) que por lo que buscaban (sus reclamos, algunos de los cuales efectivamente merecen más atención por parte de la aerolínea).

La Teoría de los Stakeholders propone que las empresas respondan no solo a sus accionistas, sino también frente a las demandas y necesidades de otros grupos de interés que comparten el riesgo de las decisiones corporativas, los cuales también realizan aportes fundamentales para el éxito del negocio y, en caso de fracasar, se verían seriamente afectados (empleados, proveedores, clientes, acreedores, gobierno, comunidades cercanas, la sociedad en general, e incluso sus competidores). Pero estas múltiples exigencias no siempre están alineadas entre sí e incluso pueden ir en contravía de los objetivos de la gerencia. Por eso las normas de gobierno corporativo buscan asegurar al máximo la estabilidad y prosperidad a largo plazo de la empresa por el bien de todos, exigiendo a los directivos transparencia, rendición de cuentas, tratar a sus inversionistas y stakeholders de forma equitativa y justa y asegurar el adecuado cumplimiento de su rol en la sociedad.

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No solo las empresas sino también las fundaciones tienen grupos de interés frente a los cuales responder. ¿No debería pedirse lo mismo a un sindicato? Así como los directivos de empresa con sus accionistas, los líderes sindicales deben responder a sus afiliados, quienes esperan los beneficios de la lucha del sindicato por sus derechos. Pero a los accionistas de una corporación lo único que debe interesarles no es la rentabilidad de corto plazo, sino la seguridad y sostenibilidad de su inversión en el largo plazo. Asimismo, un sindicato que cuida a sus “socios” entendería que sus ganancias no solo están en los potenciales “dividendos” que una nueva convención colectiva pueda darles hoy, sino también en el beneficio que va de la mano con promover la permanencia, estabilidad y dignidad de los trabajos de los cuales dependen y de la empresa que los provee.

Externamente, sus acciones generan impactos en otros grupos que deben ser considerados. Si uno depende mucho de su proveedor estratégico (sea de materia prima o recursos vitales para su producto) y genera una relación antagónica de gana-pierde con este, pronto este puede decidirse a darle toda su producción a un mejor oferente y la organización se queda sin lo que requiere para operar, viéndose obligada a bajar sus exigencias y restaurar la confianza desde una posición debilitada. Así, para tener un producto llamado “trabajos más dignos”, el sindicato necesita a unos proveedores (la empresa y sus respectivos clientes), que salieron fuertemente afectados por sus acciones (era difícil explicarle al cliente, que se quedó atascado en el aeropuerto o esperando un vuelo para cumplir con su trabajo o sus vacaciones, que la culpa estaba en la empresa cuando los otros 21,200 empleados estaban allí poniendo su mejor cara). Avianca estuvo a punto de proveer esos puestos a oferentes de otro país (aunque la ley finalmente no lo permitió) y los clientes, como fuentes de los recursos, se vieron obligados a probar otras aerolíneas que garantizaran la oferta (cosa opuesta al espíritu de los programas de millas, que pretenden desestimular el interés del cliente de probar los servicios de los competidores).

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Como stakeholder, el Gobierno pretende incentivar a todos a cumplir las reglas de juego y sentar precedentes adecuados para prevenir situaciones que atenten contra el bien común. El Ministro de Transporte necesita que el transporte aéreo funcione bien y con seguridad, y la Ministra de Trabajo requiere que se respeten los derechos de los trabajadores (de todos, no solo de los huelguistas). Pero la Corte Suprema de Justicia decretó que la huelga era ilegal, por considerar que se trataba de un servicio público esencial (cosa debatible) y porque solo 700 de los 21 mil empleados la aprobaron, dejando en manos de la empresa la decisión última de cómo lidiar con los pilotos que participaron del cese de actividades.

Reputación

También su reputación ante la opinión pública debe interesarle a una organización, que se ve reflejada en los juicios que hace la sociedad, estimulada por los medios de comunicación y las redes sociales. Sea por la maquinaria de marketing de la empresa, la presión de la pauta, los sesgos de los medios o el lobby político, todos tomaron una postura negativa frente al sindicato, que antagonizó sin argumentos convincentes. ¿No era esta asimetría de poder absolutamente evidente antes de la huelga y, por tanto, predecible en sus efectos? Más aun, porque todos estos estaban también sufriendo los efectos de no tener vuelos disponibles para su labor ordinaria, observaban desde el doble rol de cliente afectado y molesto, y de observador.

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Y la ciudadanía sentiría los efectos por medio de otros grupos y sectores económicos que dependen del transporte aéreo (el sector de hotelería y miles de personas que dependen del turismo en una época sensible). ¿Quién de estos estaba del lado del sindicato? Esto no fue como un paro agrario, de profesores de escuelas públicas, ni camioneros, con todos los demás sindicatos del país detrás y medio país parado, quizá porque un campesino o un conductor de camión tiene más derechos para reclamar. ¿Cómo se vería y cuánta solidaridad generaría una huelga de directivos de multinacional en lugar de una de operarios o una de profesores de escuelas de negocios y no de maestros de colegios públicos? Y cuando Avianca publicó en sus redes sociales parte de las peticiones que el sindicato extendió a la aerolínea, la indignación fue mayor, especialmente por las cartas de sus esposas en redes sociales, quejándose de tener solo camionetas en lugar de vehículos de lujo, en un país donde el 54% de la población si acaso gana el salario mínimo.

A una organización deben importarle sus clientes y usuarios, quienes reclaman un servicio valioso, seguro y de calidad. Los líderes sindicales se la jugaron por una estrategia riesgosa para sus propios socios-clientes y asumieron una estrategia de alto riesgo, dado que la ley implicaba una aprobación mayoritaria de otros empleados (que no los acompañaron, quizá porque era una huelga de los empleados de mayor posición y rango salarial buscando sus beneficios en una situación no generalizable al resto), y aun existiendo un vacío legal sobre qué es un servicio público esencial (pero que generaría un inmenso impacto en un servicio de uso masivo por la posición dominante de Avianca en el mercado local).

Sus competidores (otros sindicatos y aerolíneas) no se pusieron tampoco de su lado. Si los demás pilotos ganan menos, ahora tienen una oportunidad para aspirar a las plazas que queden libres (en caso de que comiencen los despidos) en la empresa que mejor paga por ese trabajo en el mercado laboral de este país. Y al ser una labor demasiado concentrada en pocos competidores, las demás aerolíneas ganarían en ventas mientras siguieran operando al tiempo con la huelga.

Solo queda seguir el consejo de la Ministra de Trabajo, quien respaldó el fallo de la Corte. Ahora que la compañía puede despedir a los huelguistas, los directivos de Avianca deben actuar con cabeza fría y generosidad, dado que sus pilotos han sido parte clave en la recuperación de la compañía desde su quiebra hace más de diez años. Y a los directivos de ACDAC les queda humildemente aprender que uno no puede actuar contra los intereses de todos sus stakeholders.

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