Opinión

  • | 2016/10/07 00:01

    ¡Tengo un título!, tienen la obligación de darme empleo

    Cada profesional tiene el compromiso de su propio desarrollo, no es responsabilidad de las empresas.

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La frase que encabeza este artículo, la escuché, no sin asombro, a un profesional que en su desesperación lanzó un grito de lamento tras haber pasado gran parte de su vida preparándose y creciendo en el ámbito laboral, haciendo estudios de educación superior, posgrados, másteres, aprendiendo idiomas y desempeñando cargos en algunas empresas multinacionales; pero que de un momento a otro se quedó sin trabajo.

Esto me sonó al pensamiento de allá por el pleistoceno de los años 80: “Estudie una carrera y prepárese y seguro encontrará un empleo”. Y ciertamente pasa, encontramos un empleo, pero no en lo que realmente quisiéramos.

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Si analizamos el contexto laboral las personas más preparadas y con mayores estudios, y por supuesto idiomas, tienen más facilidades para encontrar trabajo que las personas con menor preparación. Es por esta razón que entre los profesionales se ha instalado una desesperanza en cuanto a la formación como en ninguna otra generación, pues las expectativas se basan en empleos precarios y mal remunerados, temporadas alternas de trabajo y desempleo, o la terrible situación de los obligados a emigrar en contra de su voluntad, que nos venden como una “aventura de vida”, pero que en realidad para muchos es traumático separarse de sus familias, amistades, parejas, de su cultura y su forma de vida.

Este grito desesperado debe tener una respuesta, y esa respuesta tiene como alternativa, entre otras, el emprendimiento. Se debe trabajar en una nueva “mentalidad”, pues se hace cada vez más fuerte la idea de que cualquier persona puede ser emprendedora ante la baja expectativa de ser contratados por una empresa. Pero este “empujón” motivador está generando que algunos profesionales se lancen al agua sin tener claro si eso es lo que quieren o pueden hacer. Como ya lo había mencionado en otros artículos para generar su propia “empleabilidad” debe haber una previa reflexión y un estudio profundo, pues no se logra solo por una idea brillante o un negocio atractivo, sino con algo que realmente genere una ilusión y una energía basada en la lucha de una persona con un objetivo claro, que a pesar de los obstáculos logre sacarlo adelante.

El “emprendedor forzado” es algo que en la mayoría de los casos no funciona, pero como en todo, hay excepciones que los medios de comunicación enaltecen como ejemplo o norma habitual. Todos hemos leído, visto o escuchado la historia de una persona que no sabía qué hacer, pero que por una grandiosa idea en la ducha lanzó un negocio y de repente es el empresario del año. ¡No se engañen más! Estos casos son excepciones, no normas.

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Ser un emprendedor va mucho más allá de desarrollar una idea que surgió mientras hacíamos una cosa cotidiana en nuestra vida; requiere reflexión, meditación, información, preguntar a muchas personas y sobre todo la auto motivación férrea para salir adelante.

De nuevo nos venden un “ideal” en el que nuestra sociedad “premia” a los emprendedores que tienen ideas geniales e innovadoras como por arte de magia. Recibo una media de unos 4 o 5 potenciales emprendedores al mes, no solo de jóvenes, y grandes ideas he visto muchas, pero la gran diferencia es el “brillo en los ojos” que encuentro en aquellos que están convencidos de su proyecto y lo llevan como una misión inexcusable a realizar en su vida. Son los que pasan de la idea a la acción.

Por eso, queridos profesionales con título universitario y otros cuantos cartones que demuestran su valía, o profesionales con amplia experiencia, tienen razón: Si están preparados “deberían” tener un trabajo acorde. Pero mientras eso se resuelve ¿Qué les parece si lo intentan de otra manera? Mediten, que ahora está muy de moda, en cuáles son sus fortalezas, identifiquen su empleabilidad y desarróllenla; en la actualidad tenemos muchos medios a nuestro alcance con los que no contábamos hace unos años, las redes sociales están a disposición. Experimenten, pásenlo bien, disfruten y de paso díganle al mundo de lo que son capaces.

Mi solidaridad profunda y sincera con todos aquellos profesionales jóvenes o menos jóvenes que han tenido que cambiar, renunciar o retirarse de su entorno profesional para buscar un futuro profesional que los saque del apuro. Hoy les dedico este espacio para motivarlos a dar pasos seguros hacia otras alternativas.

Y ustedes ¿Están preparados, pero no tienen el trabajo que se merecen?

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