Opinión

  • | 2017/03/28 00:01

    ¿Hay amenazas de una menor liquidez global?

    La fuerte moderación del riesgo de deflación en el mundo desarrollado junto a un mayor dinamismo económico podrían generar un cambio de la postura monetaria en otros países, lo cual unido a una normalización monetaria en EE.UU. se convierte en una amenaza sobre los flujos de capital hacia las economías emergentes.

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Luego de la fuerte crisis económica experimentada en las economías desarrolladas en 2008 que condujo a la adopción de medidas monetarias extraordinarias aún vigentes, los inversionistas alrededor del mundo comienzan a prepararse para una normalización de la política monetaria de los principales bancos centrales. Infortunadamente, episodios históricos de incrementos en las tasas de interés en EE.UU. han sido traumáticos en varias ocasiones para los activos de las economías emergentes.

El fortalecimiento del dólar observado desde mediados de 2014 (el índice DXY se valorizó cerca de 25%) es una clara evidencia de cómo los mercados financieros se han venido anticipando al cambio de postura monetaria por parte de la Fed (banco central de EE.UU.); sin embargo, aún falta incorporar en los precios de los activos globales un potencial cambio en la postura monetaria del Banco Central Europeo.

Desde diciembre pasado, el repunte en las tasas de interés de los títulos de deuda pública de corto plazo en EE.UU., contrasta con la escasa reacción de las tasas de los bonos del tesoro de 10 y 30 años que han permanecido alrededor de 2,50% y 3,10%, respectivamente. Por otra parte, mientras que la tasa de los títulos de dos años han subido consistentemente desde niveles cercanos a cero hacia mediados de 2013 hasta 1,40% recientemente, la tasa de los bonos de diez años se encuentra por debajo del máximo observado a comienzos de 2014 (3%).

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Adicionalmente, desde 2013, la alta volatilidad que ha caracterizado el comportamiento de las tasas de largo plazo en EE.UU. sin que el nivel de los bonos de 10 años haya superado el 3%, tiene que ver con la concurrencia de varios factores explicativos, más allá de la política monetaria interna. Uno de estos ha sido la postura monetaria considerablemente laxa en otras economías desarrolladas (Alemania, Reino Unido, Japón), operando como ancla para las tasas de los tesoros americanos de largo plazo.

Los bancos centrales de las economías desarrolladas desde 2008 se han enfocado en mantener las tasas de interés de corto plazo cercanas a cero, vía la reducción de la tasa de intervención; sumado a la búsqueda de tasas de interés de largo plazo bajas, vía la compra de montos gigantescos de deuda pública de sus respectivos países, fenómeno conocido como el Quantitative Easing.

En medio de esta situación que ya casi completa 10 años de ensayos y errores, uno de los principales efectos colaterales es que los activos de las economías emergentes se han visto ampliamente favorecidos puesto que han logrado financiar fácilmente altos desbalances fiscales y/o externos, aunque muchas de ellas se mantengan muy dependientes de las exportaciones de commodities.

Por esta misma razón y a juzgar por eventos históricos que muestran que en eventos de incrementos de las tasas de interés en EE.UU. se han presentado salidas súbitas de capitales de las economías emergentes (Crisis Rusa, Crisis Asiática, Efecto Tequila) es que adquiere mayor relevancia el monitoreo de lo que pase con la postura monetaria de los bancos centrales en el mundo desarrollado, sobre todo luego de que la Fed ha comenzado a reducir la gradualidad en el ritmo de incremento de su tasa de intervención.

La finalización de compras de bonos del tesoro por parte de la Fed (Tapering) fue el primer gran paso hacia la normalización monetaria en EE.UU. hace un par de años, mientras que hoy ya ha retomado el alza en la tasa de interés. Este paso podría darlo el Banco Central Europeo este mismo año y será entonces un factor importante que presione al alza las tasas de interés globales, una vez los inversionistas comiencen a incorporar dicha posibilidad.

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Vale recordar que el bono del tesoro alemán de 10 años ha registrado un consistente repunte de niveles cercanos a cero a mediados de 2016 hasta niveles de 0.45%, recientemente. Este movimiento responde al repunte de la inflación de dicho país que ha pasado de 0,4% a 2,2% en el mismo lapso (máximo en más de cuatro años), mientras que algunos indicadores económicos muestran una sólida recuperación.

En resumen, la fuerte moderación del riesgo de deflación en el mundo desarrollado junto a un mayor dinamismo económico podrían generar un cambio de la postura monetaria en otros países, lo cual unido a una normalización monetaria ya iniciada y cada vez menos gradual en EE.UU. se convierte, sin duda, en una amenaza sobre los flujos de capital hacia las economías emergentes. Tal vez el factor más relevante que contribuye a mantener la esperanza de que las tasas de interés en Europa no cambiarán significativamente este año es la fuerte incertidumbre política en el continente y el comienzo de la implementación del Brexit en el Reino Unido, aunque en EE.UU. parece que los asuntos políticos no están afectando el juicio de la Fed.

Por ahora, el mensaje de tranquilidad que entregó la Fed a los mercados el pasado 15 de marzo al mantener intactas sus estimaciones de incrementos de tasas de interés en 0,75% este año y otro tanto en 2018, lucen hasta favorables para las economías emergentes, pero lo cierto es que el sesgo de las expectativas sobre la postura monetaria en las economías desarrolladas es definitivamente hacia una normalización que podría ser costosa para economías como la colombiana luego de experimentar una altísima afluencia de capitales foráneos hacia el mercado local de deuda pública (¿golondrina?).

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