Opinión

  • | 2016/10/25 00:01

    Sin gratitud no hay éxito

    La gratitud nos ayuda a valorar lo que tenemos y nos permite construir relaciones sólidas. De lo contrario, nunca estaremos satisfechos con lo que tenemos. Esta es una reflexión sobre gratitud, felicidad y paz.

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En días en los que se continúa hablando de los retos del post-conflicto, se hace necesario reconocer la gratitud como eje fundamental de la felicidad y la construcción de paz. La gratitud es una actitud de agradecimiento constante que nos permite valorar lo que tenemos. El problema, es que vivimos en un alto grado de insatisfacción y hedonismo en el que parece que nada es suficiente, y cuando lo contextualizamos en el ámbito laboral, podemos darnos cuenta de que esto presenta una nueva visión de lo que significa incentivar y motivar a las personas, ya que si estas no reconocen lo que tienen, cualquier nuevo beneficio que se les brinde nunca será suficiente.  

Lo anterior, es importante, pues la gratitud es una actitud que tiene una alta responsabilidad en nuestros niveles de felicidad. Por esta razón quiero introducir el ADN de la felicidad propuesto por Andrés Ramírez, que plantea 5 pilares fundamentales y no negociables para ser feliz tanto en la vida como en la empresa:

  1. Coherencia: Solo cuando lo que digo está alineado con lo que hago, lo que pienso y lo que siento, encontramos armonía. Pero ¡ojo!, esto no significa asumir posiciones pasivas ante la vida, sino que son un llamado a la cooperación.

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  1. Gratitud: El darle un valor a lo que tengo hace la diferencia. Vivamos en una actitud constante de agradecimiento, que va más allá que simplemente dar las gracias; antes bien, reconozcamos el valor de lo que tenemos y agradezcamos por adelantado todo aquello que queremos lograr en nuestras vidas. Si nos enfocamos en pensar en lo que nos hace falta, nunca podremos ser felices; y en Colombia, un país con tanta desigualdad, esto es lo que verdaderamente puede ayudarnos a alcanzar la armonía.
  1. Compasión: Es momento de que nos pongamos en los zapatos del otro, que reconozcamos sus necesidades y que actuemos frente a ellas. Entender la realidad del otro solo me sirve cuando actúo de una forma diferente. Es por esto que el cambio debe empezar en cada uno de nosotros. Somos un país que se emociona mucho, pero que actúa poco; cuando cambiemos esta actitud, la paz no será una idea cargada de emociones, sino una acción cargada de sentido.
  1. Servicio: Nuestros dones y talentos los podemos usar de dos maneras: o somos superhéroes o somos supervillanos. Seamos superhéroes para otros, pues el sentirme útil y hacer un cambio en el mundo es el nivel más elevado de servicio.
  1. Resilencia: la capacidad de levantarnos después de una situación difícil, se ve determinada por que tan claro tenemos nuestros objetivos y qué tan dispuestos estamos a luchar para alcanzarlos. El éxito no se alcanza siendo perfecto, sino construyendo sobre los errores. De hecho, se dice que las personas renuncian a los jefes, pero en realidad, renuncian a su incapacidad de relacionarse con ellos. Para ser felices, debemos aprender a relacionarnos con otros sin dejarnos afectar. Solo así, podemos vencer el miedo y el resentimiento y generar verdaderas construcciones de paz.

Si queremos empresas y colaboradores felices, creemos modelos organizacionales que exijan a las personas dar lo mejor de sí, no creemos modelos paternalistas que en medio de la sobreprotección solo logran premiar a los mediocres y aburrir a los que verdaderamente tienen potencial. Escuchar a las personas, valorarlas, dejarlos participar, es igual de potente que pagar bien. No tengamos modelos basados en el miedo en los que se pasa la cuenta de cobro al cometer errores, sino antes bien, encarguémonos de enamorar a nuestros empleados así como queremos hacerlo con nuestros clientes.

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