Opinión

  • | 2016/06/05 00:01

    Si el vecindario está mal, no podemos estar tan bien

    No podemos seguir creyendo el cuento de que la economía de Colombia pasa por un buen momento porque tiene las mejores perspectivas de crecimiento en la región. Debemos ser realistas: nuestro vecindario pasa por una mala racha y si ellos están mal, nosotros no estaremos mejor.

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Exagerar la fuerza propia significa descubrir nuestras debilidades, es decir, no podemos estar tan bien si los demás están mal. Eso es lo que está pasándole a Colombia cuando el Gobierno Nacional habla de que nuestra economía será de las pocas en la región que mantendrá un crecimiento positivo este año. Dicho argumento no puede resaltarse una y otra vez en solitario obviando la evidente crisis socioeconómica que ronda nuestro vecindario.

Empecemos por decir que las exportaciones en Colombia presentaron una disminución del 34,9% durante el 2015 y en los tres primeros meses de este año la reducción ya alcanza el 33,4% con respecto al mismo periodo del año pasado. Este comportamiento continúa explicándose principalmente por las menores ventas de petróleo y sus derivados. Además, el panorama se divisa aún más gris cuando las proyecciones de la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios Petroleros estiman una reducción del 11,9% para la producción de hidrocarburos en relación al año anterior.

Ahora bien, las menores ventas al exterior no sólo son culpa de los productos minero energéticos. El año pasado el sector de manufacturas disminuyó sus exportaciones en 11,0%; el de productos agropecuarios, alimentos y bebidas 5,6%; y los otros sectores 31,0%. En contraste, para el primer trimestre de este año ya vamos en una reducción del 15,2% en el grupo de manufacturas y de 11,1% en el grupo de productos agropecuarios, con respecto al mismo periodo de 2015.

Si dejamos de ver a nuestro país como una montaña sobresaliente y miramos a Latinoamérica en su conjunto encontramos la advertencia de la CEPAL sobre la tendencia contraccionista de la economía regional; el debacle económico venezolano; el escándalo de corrupción en Brasil, que ha agudizado aún más la crisis en ese país con una contracción de su economía esperada en 3,5%; el lamentable terremoto en Ecuador; y, sobretodo, el comportamiento de los precios del petróleo, todo lo cual demuestra las difíciles condiciones de nuestros vecinos que siempre terminan afectándonos.

Entre enero y marzo las exportaciones a la Comunidad Andina de Naciones disminuyeron 25,6% con respecto a 2015, principalmente por la caída de las ventas a Ecuador y Perú, así que desligar la importancia que tiene para el buen rendimiento de nuestra economía el desempeño económico de nuestros vecinos es como ponerse una venda en los ojos. El mismo Banco de la Republica de Colombia estableció como elemento determinante del escaso crecimiento del PIB en 2015 la caída de los términos de intercambio (relación entre el precio de las exportaciones y el precio de las importaciones) que fue del 24,0% en ese año, cuya consecuencia directa fue la reducción del ingreso nacional y, por tanto, la desaceleración de la demanda interna.

Si bien es cierto que es mejor crecer poco a no crecer nada, sustentar que estamos bien porque los demás no despegan o no crecerán como nuestro país, no es un argumento suficiente para bajar la guardia y más cuando quienes están en condiciones menos favorables son nuestros socios comerciales. Según el más reciente informe de la Contraloría General sobre desarrollo productivo “el aparato productivo colombiano se mantiene en estado de atraso en relación con las exigencias de la globalización”, es decir, faltan tanto competitividad en la producción como políticas que generen una real expansión industrial.

Adicionalmente, el gerente del Banco de la Republica redujo la cifra de crecimiento para 2016 de 2,7 a 2,5% e, incluso, la OCDE la redujo a un 2,4% recientemente demostrando que son más realistas a la hora de proyectarse en comparación de la misma Colombia que sigue enceguecida en que es “la mejor de la región”. Como lo reflejan las cifras anteriores, sostenerse en el argumento de que nuestra economía fue de las de mejor desempeño en el 2015 y de las únicas con perspectiva de crecimiento positivo en 2016, cuando el escenario regional es poco alentador, no es más que recalcar el mismo punto una y otra vez sin mirar a nuestro alrededor.

Hay que reconocer que el país ha hecho un esfuerzo por no quedarse rezagado junto con la región, pero es indispensable que partamos de lo ya hecho y miremos hacia delante. Como lo señala la ANDI en el informe ‘Balance 2015 y Perspectivas 2016’, debemos convertir lo logrado en una gran oportunidad para lo cual requerimos empezar a ejecutar los avances en materia de competitividad. Es necesario que los tratados internacionales que hemos venido firmando en los últimos años empiecen a dar sus frutos, por ejemplo, la Alianza del Pacífico no despega y de allí podríamos sacar grandes beneficios.

Colombia está obligada a replantearse su estrategia en materia de productividad  de cara a un vecindario que todavía tendrá que enfrentar varios golpes a su economía. Hay que apostarle a convertir a Colombia en un país con una economía sobresaliente no por la mala hora de los demás sino por la capacidad que tengamos de competir a nivel global con países cuyas economías tienen verdaderas perspectivas de crecimiento.

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