Opinión

  • | 2016/09/05 00:01

    Sí a la paz, condición necesaria pero no suficiente

    El éxito de la paz depende de que sepamos leer la nuevas realidades mundiales y que pasemos de la discusión de la riqueza de las tierras a la discusión de la riqueza de las mentes

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En 1989 cae el muro de Berlín y con él empiezan los procesos de paz en muchos países que habían sufrido las consecuencias de la Guerra Fría.  El cese al fuego de la guerrilla sandinista en Nicaragua, el fin de las dictaduras de derecha en Latinoamérica, la liberación de Nelson Mandela en Sudáfrica, el fin de las guerras en Asia Meridional, son algunos ejemplos.

La paz no fue un proceso fácil, pues implicó superar el dolor causado por  las masacres y  demás hechos que desconfiguran la naturaleza humana sólo con el fin de construir un nuevo colectivo de reconciliación y progreso en las naciones antes condenadas al fracaso.

Un nuevo orden mundial, donde un imperio “benevolente”, los Estados Unidos, tendría el control del comercio internacional y crearía la era de la globalización. El dividendo de la paz mundial se vería reflejado en las caídas de las tasas de interés a escala mundial.

Este nuevo orden mundial permitió que un billón de personas en China salieran de la pobreza absoluta, al mismo tiempo que  impulsó el desarrollo de una revolución tecnológica alrededor del internet y la creación de la zona Euro.

Colombia no vivió el dividendo de paz mundial

La influencia del fin de la Guerra Fría también tuvo un impacto en Colombia. El gobierno de Virgilio Barco en los 90 firmó el acuerdo con el grupo guerrillero M-19 dando un gran paso para la reconciliación del país. Sin embargo, el conflicto con las FARC y el ELN se intensificó. El narcotráfico emergió entonces como una de las chequeras tanto de los grupos paramilitares como de los grupos guerrilleros. Además, fue uno de los catalizadores para que en Colombia se desacoplaran los procesos de pacificación mundial, radicalizando así el conflicto armado. La guerra entre paramilitares, guerrillas, Gobierno y narcotráfico creó un escenario pierde pierde en nuestra nación.

Las mentes jóvenes quedaron atrapadas en dos ideas totalmente perversas en nuestro inconsciente colectivo: la guerra y la la plata fácil!

La paz 2016 y la antiglobalización:

Hoy estamos más cerca  a nuestro sueño como nación, el cual implica el sacrificio individual por la construcción de un nuevo colectivo, una nueva Colombia. La paz es un bien público que no tiene precio, aunque en el corto plazo va implicar más impuestos e inconformidad en algunos sectores.

El éxito de la paz depende de que sepamos leer la nuevas realidades mundiales y que pasemos de la discusión de la riqueza de las tierras a la discusión de la riqueza de las mentes. Como sociedad debemos crear un nuevo sueño colectivo, una identidad como millennials enfocados en desarrollar nuestra nación. El gran reto de los millennials es ir más allá de la derecha o izquierda y empezar un proyecto como nación basado en el desarrollo tecnológico y la creación de valor agregado.

Necesitamos construir una nueva nación. Una nación cuyo progreso económico esté más allá de las exportaciones de materias primas. Una nación donde los colombianos sean bilingües, donde el internet se convierta en la infraestructura de construcción del conocimiento. Sin desestimar la importancia de los recursos naturales, tenemos que pasar del petróleo y las vacas al desarrollo tecnológico. Es tiempo de incentivar a los estudiantes de que tomen riesgo y tengan actitud empresarial, de base tecnológica. El conocimiento y la toma de riesgos es un factor clave en la creación de riqueza.

La Colombia del siglo XIX y XX fueron diseñadas por abogados ¡es hora de que el siglo XXI de nuestra nación sea construido por ingenieros capaces de crear un juego donde todos ganemos!

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