Opinión

  • | 2014/07/22 12:00

    Protagonismo “cultural” de los primogénitos, sello generacional

    Desde las épocas bíblicas, hemos escuchado historias de problemas entre hermanos, por ejemplo la de Caín y Abel, o la de los hermanos de José, que lo vendieron a unos mercaderes y ni que hablar de la venta de la primogenitura de Esaú a Jacob y las consecuencias que esto tuvo. Opinión de Raúl Serebrenik G.*

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El tema de los derechos hereditarios de los primogénitos como es el caso de la cultura semita, donde estos reciben doble porción, o en el caso de las cultura Hindú, donde el patrimonio se conserva unido, pero bajo la “representación legal “en cabeza del primogénito, en la que hemos encontrado una similar situación en familias de cultura musulmana, tradición heredada de la antigua Roma.

Las relaciones entre hermanos, y sobre todo en temas de primogenitura generan rivalidades que algunas veces los padres inconscientemente se encargan de exacerbar, lo cual promueve cierto nivel de competencia entre los mismos hijos, como describe Peter Leach (experto Inglés en temas de empresas familiares); en estos casos la disyuntiva mayor sería la de poder establecer una reglas y normas objetivas en los temas de empresa y patrimonio o dejar que esta problemática se transforme en una fuerza destructiva, en otras palabras, aprenden a manejar los conflictos de manera constructiva, ojalá esto antes de que los conflictos manejen las relaciones familiares.

Cuando la familia aprende sobre las dinámicas de manejar sus conflictos y en especial los hermanos, el mensaje a las siguientes generaciones es muy poderoso y positivo, generando esto una marca de liderazgo muy profundo, característico de las familias empresarias multi-generacionales que impacta de manera positiva las siguientes generaciones, y en especial, cuando se documentan estos momentos críticos, pero también históricos de la familia; no quiero expresar que sea sencillo lograrlo cuando el daño ya está hecho, pero si vale la pena intentarlo, especialmente cuando hay voluntad y compromiso familiar, tomando conciencia, apelando a la generosidad, a la nobleza y a la inteligencia de los miembros de familia, como método que en el tiempo de verdad se logran cosas muy interesantes.

El tema de favorecer al primogénito históricamente (aunque en algunos casos pasa desapercibido), hace todo el sentido del mundo y en especial cuando hay hermanos muy jóvenes. Siempre existe el temor de los padres a morir jóvenes, más en aquellas épocas, donde la expectativa de vida era muy corta o donde habían desastres naturales impredecibles y epidemias imparables. De manera casi instintiva los padres sufrían en pensar cómo pudieran quedar sus vástagos, sin alguien que los cuidara, y gran parte de estos temores, los aminoramos traspasándole “el poder” y “la autoridad” (en caso de faltar los padres) al primogénito, esto obviamente genera una situación psicológica, donde casi sin tener ninguna formación se le indilga tremenda responsabilidad de criar o encargarse de los hermanos menores solo por el hecho de ser el mayor.

Ya de varios estudios resultado de esta práctica en la consultoría en familias empresarias de diferentes culturas, se han identificado varias características de los diferentes hermanos de acuerdo a su orden de nacimiento, como en el caso de una familia de tres hijos, en la que los psicólogos identifican las siguientes características en los primogénitos: Tienen mayor autoestima, son más conformistas y conservadores, son extrovertidos, son más dominantes y autoritarios, están orientados para alcanzar muchos logros, triunfan en ámbitos ya estructurados y se detienen ante situaciones que requieren cambios radicales, culturas nuevas o equipos en los que los roles son ambiguos, son una prórroga de la generación anterior y son responsables.

En los hermanos segundos se identifican las siguientes características: Son más diplomáticos y abiertos con los demás, son excelentes negociadores y conciliadores, son más cercanos a los compañeros y amigos que a la propia familia y se interesan por lo nuevo.

En los hermanos menores se identifican otras características, como son: Su crianza transcurrió en la necesidad de crear su propio lugar y esto les prepara para el riesgo, son más flexibles y abiertos a nuevas experiencias, son empáticos y altruistas, son más creativos e innovadores, tienen características de rebeldes, liberales y amantes de otras culturas, les mueven conceptos como justicia e igualdad y son hábiles en la negociación.

Esto sin tener en consideración otros aspectos que pueden influenciar, como son los temas de género, situaciones o circunstancias que les toco vivir a la familia, el tema cultural definitivamente como un factor muy importante en temas de herencia, legado, riqueza y cómo los hermanos deben convivir con ciertas reglas intrínsecamente establecidas en el origen de la familia para lograr su propia supervivencia en un ambiente marcado por la tradición familiar y que en cierta forma fomenta el emprendimiento y nuevas aventuras empresariales en las generaciones menores.

Sin embargo, después de estudiar varias Dinastías familiares, encontramos que estas prácticas pueden ser algo contraproducentes, si de lo que se trata es mantener el patrimonio unido alrededor de la familia, sin entrar en la discusión sobre la tradición o las leyes de cada cultura, pues hay manera de respetar estas obligaciones (existen en este sentido situaciones complejas en algunos países como por ejemplo en Francia, país en el que encontramos que hay una enorme comunidad musulmana donde cada día tienen mayor conflictividad con la ley local, en lo referente a temas de divorcios, herencia y género), siendo más flexibles, esto se logra cuando los hermanos e inclusive los primos, aprenden a desarrollar lo que podríamos denominar las habilidades esenciales para trabajar en equipo, identificando esto en las familias multi-generacionales como una de las condiciones fundamentales.

Varias son las habilidades esenciales que se requieren para el buen manejo del trabajo en equipo como pueden ser las destrezas en una comunicación efectiva, eficiente y afectiva, en el manejo apropiado de las emociones a la hora de la toma de decisiones complejas, el desarrollar habilidades para resolver conflictos de manera constructiva, positiva y en un ambiente de confianza inteligente, con un verdadero compromiso de cada miembro con la familia y con el legado familiar, y en especial desarrollar una cultura donde todo es evaluable y todos, en especial los que tienen responsabilidades en la empresa familiar o en el manejo del patrimonio, rinden cuentas con disciplina de manera transparente, bajo una reglas claras y en un ambiente de juego limpio.

Todo esto se logra con constancia y a través de programas de formación enfocado en las siguientes generaciones dentro de la cultura particular de cada familia, adicionalmente desde el punto de vista patrimonial y empresarial, desarrollado por la generaciones mayores, en una dinámica de nunca acabar, como parte del proceso de continuidad que han desarrollado y potenciado las Dinastías empresariales familiares .


* Asesor y conferencista. Experto en temas de patrimonios, legados familiares y Dinastía Empresariales.
Autor del libro: Dinastías familiares, legado y riqueza.
Creador del Modelo de Consolidación de las Dinastías Familiares.
rauls@fcwpc.com


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