Opinión

  • | 2018/01/30 00:01

    ¿Seguimos aumentando el impuesto a los cigarrillos?

    Un grupo de investigadores colombianos está generando evidencia para promover cambios en el mercado del cigarrillo en Colombia.

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Según la última Encuesta de Calidad de Vida, en Colombia hay alrededor de 3,3 millones de fumadores (10% de la población adulta). Algunos de ellos forman parte de un grupo de enfermos crónicos, que integrarían la estadística de 26.460 muertes anuales atribuibles al consumo de cigarrillo, la causa de muerte más evitable que existe en el país.

Las acciones para frenar la epidemia del tabaquismo están inventadas. Dentro de este compendio, -que pasa por el monitoreo, la protección de humo de segunda mano, la ayuda para abandonar el hábito, las advertencias sobre las consecuencias sobre la salud y las prohibiciones sobre publicidad, promoción y patrocinio-, la más poderosa para reducir el consumo de cigarrillo sería aumentar los impuestos. Revisemos la discusión y los resultados de estudios recientes de esta medida en Colombia.

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Los impuestos al tabaco

Para entender este asunto se debe recordar que los impuestos por el consumo del tabaco terminan en las arcas departamentales. Si consideramos la precariedad fiscal que enfrentan los departamentos, concluimos que a los gobernadores les conviene que el consumo de tabaco se mantenga o aumente. En un tema de salud pública, en el que no se deberían encontrar grises, tenemos un problema en la alineación de incentivos.

Entendido esto, sobre el asunto existen dos percepciones. Primero, los fumadores no van a dejar el cigarrillo porque, precisamente, son adictos y su demanda por ese producto no sería sensible al precio. Segundo, en una economía informal se encontrarían cajetillas que entraron al país sin pagar impuestos. Esta suma generaría el peor de los mundos: se disminuyen las fuentes de financiación locales, aumenta el contrabando y, peor aún, se perpetúa el tabaquismo.

Pareciera pues, que la peor decisión fue aumentar el impuesto específico al tabaco en 2016, que pasó de $700 por cajetilla de 20 unidades, a $2100 este año.

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Evaluando la hipótesis

Resulta que los economistas Norman Maldonado y Blanca Llorente, validaron esta hipótesis. Con ayuda de la Fundación Anáas, aplicaron a fondos internacionales de investigación y evaluaron integralmente ese mercado. En ese proceso organizaron un equipo encuestador que, entre 2016 y 2017, les preguntaban a los fumadores en la calle por el lugar donde adquirían cigarrillos, la cantidad que consumían y, al final, solicitaban que permitieran tomar una foto de la cajetilla, para saber si era de contrabando.

Los resultados son contundentes. Al igual que investigaciones desarrolladas internacionalmente, la demanda por cigarrillos en Colombia es sensible al precio, es decir, que los impuestos al tabaco disuaden a los que van a empezar a consumir cigarrillo, reducen el consumo e inducen a cesación de quienes ya fuman. Además, el tributo mejora los ingresos de los entes territoriales. ¿Podría haber algo mejor?

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Asimismo, para 2016 tan solo el 3.5% de los cigarrillos consumidos en el país eran de contrabando, cifra inferior de la debatida durante las discusiones de la reforma tributaria. Esta aproximación está alineada con un trabajo de Juan Miguel Gallego, profesor de la Universidad del Rosario, quien ratificó que el incremento de los impuestos no tuvo impacto significativo sobre el volumen de cigarrillos de contrabando.

Maldonado y Llorente hicieron un par de hallazgos adicionales, con impacto en la población más joven. El primero es que cerca de la mitad de los cigarrillos se adquieren al menudeo.  El segundo es que en la encuesta que realizaron en 2017, encontraron fumadores que habían recibido muestras gratis. Las dos prácticas están prohibidas por Ley.

Al parecer, algunas percepciones sobre este mercado se están desmontando. Seguir aumentando los impuestos al cigarrillo, sería una arista de salud pública en una gran reforma tributaria.

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