Opinión

  • | 2017/09/04 00:01

    ¿Se gana o se pierde al viajar?

    Viajar es una de las mejores decisiones que podemos tomar. El goce que producen las nuevas experiencias es algo irremplazable pues implica salir de la rutina. Sin embargo, en el ámbito laboral, hay una gran diferencia entre los beneficios que traen la temporalidad de un viaje y el propósito de hacerlo, y el impacto que esto tiene en nuestro(s) futuro(s) trabajo(s).

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Si se piensa en viajar a largo plazo, es decir, abandonando la vida laboral convencional, se debe hacer una evaluación exhaustiva de los pros y los contras. Dentro de las consideraciones, se debe tener claridad en cuanto a que la familia y los amigos pasan a un segundo plano, y que debe buscarse un nuevo sustento que puede relacionarse con trabajos temporales –bares o cruceros – o evaluar opciones bajo la modalidad de freelance.

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Sin embargo, cuando el lapso de tiempo es corto, el establecer un propósito o una meta suele ser lo recomendable para aprovechar al máximo el tiempo de estadía en un país extranjero. Si bien dentro de las prioridades se encuentra el conocer todos los lugares aledaños posibles o conocer aspectos exóticos de los mismos, es posible integrar ello con algún aspecto que brinde un valor agregado a la vida profesional que se planea establecer a futuro.

Por lo general, las personas hoy día toman la opción de viajar para enriquecer su conocimiento. Precisamente, las ofertas educativas en países del exterior abundan y las nuevas generaciones son las que más saben aprovechar este tipo de oportunidades, pues tienen una mayor flexibilidad en cuanto a responsabilidades, formas de establecer ingresos, nuevas relaciones interpersonales y, en sí, moverse más fácil sin cargas que les obstaculice la toma de decisión definitiva de irse a residir en el extranjero por un tiempo.

Cuando se toma la opción como estudiantes, es clave darle importancia al manejo de las finanzas personales pues generalmente no hay mucho dinero para derrochar. Asimismo, se conoce una diversidad de hostales baratos, se aprende a conseguir vuelos en aerolíneas económicas, se aprende a movilizarse entre ciudades bajo modalidades baratas, se come mal, otras veces bien. Pero lo importante es que se cambia la perspectiva con la que se percibe la sociedad, y se abre el mundo a nuevas culturas y formas de ver la vida.

Por un lado, viajar se ha convertido en uno de los factores que benefician la salud emocional. Diversos estudios de la Universidad Estatal de San Francisco han arrojado que la felicidad no reside en los bienes materiales sino en los recuerdos almacenados, especialmente aquellos de largo plazo, pues si se destinan las mayores inversiones hacia la adquisición de experiencias, se obtienen recuerdos para toda la vida que son necesarios para conseguir la felicidad.

Ahora bien, si de rentabilidades se trata, otras investigaciones también han apoyado las ventajas de viajar cuando se pretende estudiar. Aunque implica un considerable desembolso de dinero, los beneficios adicionales que se tienen en materia laboral hacen que esto valga la pena.

Por un lado, se ha obtenido que, del análisis a 75 compañías de talla mundial, hay cuatro factores importantes que busca un empleador: conocimiento técnico, habilidades gerenciales, pensamiento estratégico y experiencia multicultural. Tales aspectos se refuerzan ampliamente con los viajes al exterior, pues el 90% de las empresas tienen una fuerte creencia, por experiencia, de que la preparación universitaria hecha en un país del exterior, mejora técnica de comunicación, madurez y flexibilidad.

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Otras de las cifras a resaltar de los estudios de la universidad mencionada son que el 58% de los jóvenes que realizan estudios superiores en el extranjero se encuentran trabajando fuera de su país de origen, se tiene una probabilidad del 36% de dominar otro(s) idioma(s), el 31% efectuaron cursos reconocidos internacionalmente, y el 25% tiene una probabilidad de tener experiencia laboral internacional o en pasantías. Por el lado de la oferta, el 73% de los empleadores afirmaron que tener un estudio en el extranjero es un aspecto muy dominante e importante a la hora de establecer sus procesos de selección.

Todo ello puede tomarse como un retorno a la inversión, que es relativo a las proyecciones de vida de los estudiantes. Lo que no puede discutirse es que abre oportunidades nuevas a todos aquellos que se aventuran a adquirir o reforzar su conocimiento en instituciones de educación superior extranjeras, lo que los convierte en importantes agentes de cambio.

Por ende, el refuerzo de entidades que contribuyan a la educación en Colombia es trascendental. Colciencias en 2016 tuvo que reducir en 66% la oferta de becas para estudiar doctorado; las becas otorgadas colapsaron dramáticamente, pues pasaron de 650 en 2015 a 222 en 2016, sumando becas nacionales y extranjeras. Finalizando el primer semestre del año, junto a Colfuturo, entregó sólo 1290 becas para realizar maestrías y doctorados en el exterior. El deterioro de la educación superior en búsqueda de nuevos rumbos para los estudiantes es notorio.

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Dadas las bondades de los estudios en el extranjero es importante que los jóvenes evalúen todas las alternativas actuales que se tienen que, si bien se están viendo limitadas y recortadas, generan un alto impacto dentro del talento humano que tenemos capacidad de exportar y que puede volver al país a aportar conocimiento y valor agregado. Cuando el Gobierno aspira a que el país sea el más educado de Latinoamérica para 2025, pareciera que la meta es cada vez más lejana.

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