Opinión

  • | 2016/06/12 00:01

    ¡Sácale la lengua al trabajo infantil!

    El 12 de Junio se celebra el día mundial contra el trabajo infantil y este año está centrando en promover su eliminación de las cadenas de producción, ya que, según cálculos de la OIT hay en el mundo 168 millones de niños trabajadores, cifra que va en aumento.

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Trabajo infantil consiste en las actividades laborales que realizan los niños que los despojan de su dignidad, potencial de desarrollo psicológico y físico, y ultimadamente de su niñez.. La OIT define trabajo infantil como aquel que “es peligroso y prejudicial para el bienestar físico, mental o moral del niño; interfiere con su escolarización puesto que: les priva de la posibilidad de asistir a clases; les obliga a abandonar la escuela de forma prematura, o les exige combinar el estudio con un trabajo pesado y que insume mucho tiempo”.

 El trabajo infantil en muchísimos casos tiene implicaciones negativas en cuanto disminuye las posibilidades de escolarización formal, y por ende limita las posibilidades futuras de conseguir mejores empleos que demandan mejores niveles educativos, perpetuando así la pobreza de las familias con escasos recursos económicos. Con frecuencia, en muchas partes del mundo, la pobreza y la falta de acceso a educación de calidad ha impulsado a que muchas familias incentiven a los niños a trabajar en lugar de estudiar.

 Para el profesor Antonio Tencati de Universidad de Bocconi y de la Università degli Studio di Brescia en Milán (Italia) sobre asuntos de responsabilidad social empresarial y sostenibilidad, “la esclavitud sigue estando presente en las cadenas de suministro alrededor del planeta, y de manera recurrente nos seguimos encontrando con seres humanos que trabajan bajo condiciones laborales y salariales muy precarias o ausentes”. Explica el profesor Tencati,  que en la categoría de esclavitud, el trabajo infantil es uno de las dimensiones más problemáticas, puesto que “especialmente en los países menos desarrollados y en vía de desarrollo hay muchas familias que dependen de los ingresos y el trabajo de los niños para subsistir”. 

Existe para muchos una delgada línea entre lo que constituye trabajo juvenil y lo que es trabajo infantil. Debido a la importancia de apoyar el acceso a oportunidades laborales a personas jóvenes el programa de eliminación de trabajo infantil de la OIT, ha venido tratando de demarcar con precisión las diferencias. Como expone Emily Sims, Gerente de Centro de Servicios para Empresas de la OIT, “existe actualmente mucha confusión en la delimitación”.

Para apoyar está diferenciación, la OIT ha venido construyendo un portafolio de casos basados en preguntas recurrentes. Por ejemplo, se aclara en la OIT que no todas las tareas ni actividades que hacen los niños deben eliminarse  ya que “la participación de los niños o los adolescentes en trabajos que no atentan contra su salud y su desarrollo personal ni interfieren con su escolarización se considera positiva”. Para ilustrar esto, las  actividades y tareas como apoyar un negocio familiar, ayudar en los oficios de la casa, actividades que se realizan en vacaciones o en horario extra-escolar para ganar dinero de bolsillo, y las tareas y ocupaciones que dotan a los niños de experiencia y calificaciones que fortalecen sus capacidades y conseguir a ser personas adultas productivas al servicio futuro la sociedad.

Aunque hay casi una posición casi universalmente aceptada que el trabajo infantil es inaceptable, aún no existe un acuerdo en como enfrentar esta grave problemática tan asociada a mantener el circulo vicioso de la pobreza y el sub-desarrollo. Los países desarrollados que lograron la reducción (y prácticamente eliminación) del trabajo infantil, lo lograron mediante una combinación de implementación de políticas, cambios económicos que disminuyeron la demanda de trabajadores infantiles, y el cubrimiento universal de educación, absorbiendo de esta manera la oferta en el mercado laboral de niños. 

De acuerdo a la normativa internacional, se considera un niño a todas las personas menores de 18 años. Para Emily Sims de la OIT, para ser coherentes, tener credibilidad y delimitar lo que es correcto o incorrecto,  tanto las empresas como los gobiernos deberían aumentar sus compromisos con las normales internacionales. Sin embargo, es muy importante que tanto las empresas como los gobiernos, asuman tanto las realidades y culturas locales como una consistente responsabilidad con los riesgos para la educación, la salud y socialización de los niños.

Los invitamos a unirse a la campaña latinoamericana y demostrar activamente su posición para erradicar el trabajo infantil en sus círculos y redes sociales bajo el ‘hashtag‘ #SácaleLaLengua al Trabajo Infantil.

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