Opinión

  • | 2014/06/03 11:30

    CEO: Director de las Emociones Organizacionales

    Mucho se ha hablado del rol del CEO como Director de las Emociones Organizacionales, novedad en un mundo gerencial que cada vez se distancia más de los perfiles de líderes arropados de total autoridad. Opinión de Pablo Londoño.*

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Se inclina -sabiamente en mi concepto- hacia Directores de Orquesta con capacidad de identificar las emociones como parte central del éxito organizacional. 

En el diccionario gerencial, palabras como empoderamiento, orgullo, crecimiento personal, equilibrio, trabajo en equipo y respeto, empiezan a cobrar fuerza frente a un mercado que, hoy alejado de una era industrial que minimizaba al ser humano, le da cada vez más valor a culturas con un liderazgo centrado en la persona.

Parecería ser que es la cultura y no el contrato en sí mismo, lo que genera alto desempeño, lealtad, vocación de servicio y un sentimiento de orgullo frente a la marca. En la era del conocimiento, la ejecución tiene una íntima relación con la persona; en cómo los lideres liberan nuestro potencial, y en el centro de la persona, las emociones y no el intelecto lo que al final enciende la llama.

El CEO debe ser el termostato de la organización, y estudios serios muestran que un líder típico responde por entre el 50% y el 70% de las emociones organizacionales, siendo la Inteligencia Emocional y no el IQ, la responsable por 2/3 del éxito personal. Las emociones, como lo demuestra Nicholas Christakis, profesor de Harvard Medical School, han probado ser contagiosas, especialmente en épocas económicas turbulentas. El "miedo", herramienta que se utilizó por años como arma de retención, es la primera emoción en propagarse, logrando destruir rápidamente la moral interna y llevándose de paso al mejor talento.

El CEO no debe solo ser el audaz gestor de la estrategia. Debe también ser el encargado de identificar la emocionalidad de la organización, identificar los causantes del mal estado anímico de uno o más de sus equipos, lidiar de inmediato con los dueños del virus y actuar sin duda imponiendo tratamientos extremos. Debe ser capaz de identificar los detonantes del estado emocional propio y conocer la forma de liberarlo sin trasladárselo a la organización. Debe ser capaz de afrontar conversaciones difíciles con su staff directo, dar el coaching apropiado de manera asertiva, y establecer tiempos de chequeo para verificar el cambio. Debe ser igualmente capaz de cortar el mal de raíz incluso tratándose de alguna de las "estrellas" del equipo.

Nada que mate más rápidamente el positivismo, la buena energía, y la capacidad de logro de una organización que un jefe de baja inteligencia emocional; son predadores de la pasión y el compromiso. Nadie como el CEO para encargarse, como un buen padre de familia, de la emocionalidad de su grupo asumiendo de vez en cuando, por qué no, la tarea de recibir de primero los golpes emocionales del mercado, tratando en lo posible de que se queden encerrados en la oficina del último piso.

*Socio de CTPartners
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