Opinión

  • | 2016/03/01 16:55

    Retos básicos y ondas sonoras

    La música, un mercado competido, una industria creativa en la que se invierten miles de millones de dólares en la cadena productiva, que va desde la construcción de un personaje atractivo a la audiencia.

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Puede que hoy la industria de la música venda entre US$15.000 y US$20.000 millones de dólares anuales en discos, membresías de plataformas digitales, entradas a conciertos y derechos a nivel mundial de reproducción de música; sin duda, es un mercado competido, una industria creativa en la que se invierte miles de millones de dólares en la cadena productiva, que va desde la construcción de un personaje atractivo a la audiencia, hasta la puesta en escena de un espectáculo acorde con las necesidades de un consumidor a quien sorprenderlo resulta cada vez más difícil.

Y resulta difícil sorprender a los oídos globales, fundamentalmente porque hay una oferta muy amplia de artistas y sonidos; y dos, porque las “fórmulas mágicas” de consolidación de tendencias están haciendo de la música un commodity, que aunque se sigue comprando, estamos cada vez menos dispuestos a pagar por ella, asumiendo que está en el ambiente y que basalmente por estar ahí estamos en pleno derecho de ponerla a disposición de nuestro goce; lo cual, hace que el grueso de los compradores desistan de ir a una tienda, comprar un disco, disfrutar del arte y el diseño del mismo y darse a la tarea de apreciar la obra completa; básicamente porque todo ello lo encontramos por un lado muy similar y por el otro, porque el streamming como canal, expandió la oferta a cuantos dispositivos móviles usted y yo tengamos a la mano.

Ahora, con ello no queda dicho todo. Hoy la gama de instrumentos musicales incluye el computador portátil como actor central del juego, siendo él mismo una ventana del artista al mundo; lo cual no está mal, sin embargo, el producto final puede ser cualquiera, que aunque asiste al público como su máximo crítico y detona propuestas creativas muy interesantes, se rehúsa al control de una industria que lleva siglos especializándose en construir una masa analítica capaz de robustecer o decapitar aquello que de golpe el consumidor no quiere o no necesita.

Es claro que la industria de la música, es quizá una de las industrias creativas más embestidas por la masificación de la tecnología; la nostalgia del vinilo con 181,6 millones de dólares vendidos en los Estados Unidos en 2015y con una tasa de crecimiento anual del 52,8% , solo habla de un consumidor monógamo a la música y a la experiencia intima que ella significa, así progresivamente se convierta en un consumidor líquido de la propuesta del artista, habla de un consumidor que se resiste a la payola y a las asimetrías de mercado que produce, pero ante todo, que busca un artista honesto consigo mismo y capaz de respetar a la audiencia que sin duda espera un nuevo clásico que venerará poniéndolo en su sala al lado del equipo de sonido.

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