Opinión

  • | 2017/07/28 00:01

    ¡Renuncie!

    El callejón sin salida es una situación en la que se trabaja, se trabaja y se trabaja, pero nada cambia.

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El punto en el cual, no importa el tiempo, el esfuerzo, las neuronas o las ganas que se inviertan, pero se está consciente de que no se llegará a ninguna parte, eso es realmente un callejón sin salida. Ese trabajo “cómodo” en una empresa, en el que nada cambia, no se aprende más, en el que nunca se va a ascender, es decir, una relación con fecha de caducidad.

Pero, a pesar de tener un final avistado ¿Por qué es tan difícil cambiar de trabajo?, pues definitivamente es el miedo a la incertidumbre, cambiar eso que conocemos por algo que no se sabe qué traerá o si será mejor de lo que se tiene. En pocas palabras, conformarse con el viejo adagio de “más vale pájaro en mano que cientos volando” y quedarse anclado en ese trabajo mediocre.

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Evidentemente, es un error, pues nos adaptamos a actividades que no nos retan, en vez de desarrollar al máximo nuestras capacidades para ser los mejores en nuestro campo, asegurándonos de que lo que hacemos nos va a dejar huella, de lo contrario, renunciemos.

Pero antes de bajarse del barco hágase tres preguntas: ¿Qué beneficios obtendría si llegara a ser el mejor en lo que hago? ¿Qué tendría que hacer para conseguirlo? y por último ¿Vale la pena?

Imaginemos un trabajo en el área de gestión humana como analista de selección en una empresa en la que las personas de gestión humana son ignoradas y a los de selección, los hacen sentir el último eslabón de la cadena. Para los directivos, todos los de selección son iguales, son algo remplazable.

¿Deberíamos dejar el trabajo? La respuesta salta a la vista y es: “Sí”, y cuanto antes.

Es en ese punto, cuando un profesional se siente en un callejón sin salida, no importan las habilidades o el potencial, pues de antemano las posibilidades están limitadas. Pero también es cierto que cada día que uno siga en ese trabajo es un día perdido para el desarrollo propio, estamos cambiando miedo por crecimiento.

Sí, seguramente dejarlo ahora significa incertidumbre, un nuevo comienzo, nervios, pero… ¿y si no renuncian y los echan dentro de dos años? Sus habilidades estarán desfasadas respecto a lo que requiere el mercado, y habrán malgastado dos años de su vida profesional en los que habrían logrado mucho más.

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En el mundo existen un millón de gerentes de gestión humana, pero cada uno tiene su propio espacio, no existe el “mejor” o más “acertado”; si nuestro espacio es la “implantación de modelos de planeación de talento para empresas del sector financiero”, ese es nuestro mundo. Y nuestro objetivo es ser “el mejor” en ese nicho.

El no cambiar esta situación es similar a una banda caminadora en el gimnasio, se camina, se corre, se trota, pero no se avanza. Por eso es necesario darse cuenta y salir de esa situación cuanto antes, el costo de oportunidad de gastar la vida profesional en algo que no va a mejorar nunca, es demasiado grande.

“Definitivamente, no hay cosa más lamentable en la vida que el talento malgastado”

Es triste ver a gente brillante, que podría hacer cosas grandes, conformándose con trabajar para organizaciones mediocres. Si se tienen unas habilidades únicas, es nuestra obligación aprovecharlas al máximo. Si se enfrenta a un cambio es porque se está intentando hacer algo que de verdad vale la pena, para eso necesitaremos convertirnos en “nuestro mejor yo”.

Si se tiene la capacidad de cambiarlo todo y de crear algo extraordinario, por favor, no malgaste ese potencial en empresas que no lo llevan a ningún lado.

En los obsoletos modelos organizacionales se valora más ser “medio bueno” en todo, que ser el mejor en algo y malo en el resto. Sin embargo, el mundo real no funciona así, les apuesto que queremos que nos opere los ligamentos el mejor médico de ligamentos, no un médico que sea “medio bueno” operando ligamentos, “medio bueno” jugando golf y “medio bueno” cocinando.

La diferencia entre ser primero y ser segundo, en cualquier campo, es enorme, pues la gloria es siempre para el primero, y únicamente para el primero. Por eso, siempre que pensemos en renunciar, debemos tener claro qué se hace para ser el mejor del mundo en lo que vamos a emprender. Si no, quédese y no se queje.

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La clave para dar el paso es saber renunciar, por eso le aconsejo que haga una lista con todos los proyectos en los que ha participado e identifique, si es una banda caminadora del gimnasio, bájese inmediatamente, se necesita entereza, pero ahí probara de qué está hecho.

Un ganador entiende que pasarlo mal ahora, significa no pasarlo mucho peor más tarde.

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