Opinión

  • | 2015/01/14 10:20

    ¿Relaciones peligrosas o constructivas?

    El Ministerio de Salud y Protección Social próximamente sacará un decreto reglamentario, en él, pone en cintura a los médicos y los obliga a declarar sus relaciones con la industria farmacéutica. Un asunto que ha generado polémica entre galenos y laboratorios. Opinión de Juan Guillermo Ortiz.*

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Según la ONG Transparencia por Colombia, en una publicación de 2014 con relación al barómetro global de corrupción, el 63% de los colombianos consideraba que los servicios de salud y los médicos son corruptos. Una cifra escandalosa que motivo a una de las carteras claves del Presidente Santos a emitir un decreto que seguramente dará mucho de qué hablar.

"Queda expresamente prohibida la promoción u otorgamiento de cualquier tipo de prebendas o dadivas a profesionales y trabajadores de la salud en el marco de su ejercicio laboral, sean estas en dinero o en especie por parte de proveedores; empresas farmacéuticas, productoras, distribuidoras o comercializadoras de medicamentos o de insumos, dispositivos y equipos médicos o similares" (Ley Estatutaria de Salud 209/2013, art 17).

La palabra auto regulación es quizás la principal protagonista de este capítulo de la conocida “Ley Estatutaria de Salud”. Acá se quiere condensar el cómo se debe ejercer la autonomía profesional en el ejercicio de la medicina en Colombia. Se enmarcan cuatro palabras: auto regulación, ética, evidencia científica y racionalidad. Ya MinSalud tiene listo el borrador del decreto reglamentario que en los próximos días será conocido por la opinión pública.

La pregunta es: ¿Por qué los médicos hemos llegado a necesitar que nos recuerden en una ley escrita que debemos ser éticos, racionales, estudiosos de la evidencia y autorregulados? Pareciera que esta puesto en duda o que no es clara la relación con estos elementos. Al parecer el Gobierno nacional y siguiendo nuestra tradición santanderista, decidió escribir otra norma para prohibir lo evidente y generar un marco legal más específico de elementos deontológicos y propios de la profesión.

Quizás porque la evidencia le ha mostrado a los estudiosos del ministerio que aparecen las llamadas distorsiones entre el personal de salud y la industria. La ONG Transparencia por Colombia en su publicación de este año muestra lo referente a la herramienta del barómetro global de corrupción donde se demuestra que los encuestados en nuestro país perciben que los servicios de salud y los médicos son corruptos en un 63%.

La industria de la salud es creciente en medicamentos, dispositivos médicos y nuevas tecnologías que pueden estar superando los siete trillones de dólares anuales. Esto implica que dependiendo del país y el porcentaje de corrupción la tajada será mayor o menor a este jugoso botín.

Me pregunto ¿si el llamado "compliance" en el mundo anglosajón y toda la normatización que se viene dando en cabeza de muchas multinacionales en otras latitudes es adecuado y suficiente para nuestro contexto cultural?; no sé si publicar la lista de médicos o asociaciones científicas que reciben algún tipo de "ayuda" o "subsidio" sea suficiente. ¿Acaso este reporte incluirá los organismos fiscales y de esa manera se evitará la evasión de impuestos?; ¿Esto favorecerá que las asociaciones de pacientes o las comunidades asocien estos pagos a inducción en el uso de estos productos en nuestros usuarios?

Quizás el proceso debe iniciar en el seno de las facultades de medicina, en los corredores de los hospitales o en los escenarios de congresos y simposios científicos donde se generan las posibilidades de interacción.

El ejercicio debe ser más realista y permitir que esos pagos o dádivas sean centralizados en cabeza de las instituciones de educación, las instituciones hospitalarias de carácter universitario, organismos gubernamentales de investigación y transferencia de tecnología; pero no las asociaciones científicas que se mezclan con lo gremial o a título personal que solo favorece la inducción a elección de opciones terapéuticas o tecnologías específicas en desarrollo; pues esto salpicaría la suspicacia en ese relacionamiento. Inclusive el gobierno debería favorecer que se apoyen fondos para la educación o investigación en casos específicos.

El problema no se soluciona solamente informando a quien se le paga y el profesional escribiendo en la primera diapositiva de su exposición que recibe apoyo de tal o cual laboratorio. Se requiere una decisión social de construcción de sinergias; no a favor de quienes usufructúan la relación sino lograr que esto redunde en educación, investigación y desarrollo.

¿La cuestión es saber cómo hacerlo en forma transparente y sin suspicacias?

El primer elemento a proteger es y debe ser que no sea salpicada la idoneidad profesional, lo siguiente consecuencia de lo anterior es la inviolable relación médico-paciente. Este es un tema que se desarrollará en los próximos meses en nuestro país y deberá proyectarse en los próximos años con las diferentes iniciativas de reglamentación a la Ley Estatutaria. Cómo lograr una sinergia transparente que de seguridad a los pacientes, tranquilidad a los entes de control y sobretodo que la comunidad disminuya la percepción que hoy tiene frente a la aparente corrupción del sector salud.

Las propuestas al respecto deben buscar es que la ética del ejercicio profesional sea inherente a su praxis y no determinada por un código de origen anglosajón que determina las transacciones comerciales que seguirán dándose y no necesariamente se perderán los sesgos y manipulaciones existentes hoy en el sector.

Estoy convencido que los acuerdos entre la industria y el sector salud pueden y deben ser muy benéficos; si se blinda y protege al personal de salud a través de comités técnico-científicos, comités de tecno-vigilancia, los comités de ética hospitalarias y de investigación que custodien estas inevitables relaciones.


* Director de la Clínica Universidad de La Sabana
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