Opinión

  • | 2016/11/17 00:01

    Reforma Tributaria, equidad y desarrollo productivo (Parte I)

    La actual estructura tributaria se constituye en un obstáculo para la competitividad, muestra altos grados de regresividad, y no promueve el desarrollo productivo.

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La tasa de impuesto a la renta en Colombia llegó al 40% este año, la cual es superior al promedio de la OCDE y América Latina, lo que se constituye en un obstáculo de consideración para la competencia empresarial global (Consejo Privado de Competitividad, 2016). Situación similar se observa en la tasa efectiva de tributación de las sociedades que en Colombia llegó a 69,7% en 2014. Además, el llamado impuesto a la riqueza incentiva el “enanismo” económico para no superar los umbrales a partir de los cuales se genera aquél.

De otra parte, si se analiza la situación y la dinámica del 1% superior de la distribución del ingreso (Alvaredo, Londoño, 2014, http://www.wid.world/#Country:26), medido por la declaración de impuestos, se observan inequidades que son injustificadas, éticamente cuestionables y que contribuyen a mantener un status quo de atraso en el modelo de desarrollo productivo en Colombia. Cabe anotar que el estudio de Alvaredo-Londoño asume la información de la DIAN para el periodo 1993-2010, y que, si bien, desde ese último año se han producido al menos dos reformas tributarias, considero que los ejes centrales del diagnóstico y recomendaciones son válidos para contribuir al debate de una reforma tributaria estructural como un medio para promover el progreso acelerado y una real inclusión social.

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Dicho estudio, que adopta la metodología de Piketty, confirma la muy elevada concentración en la distribución del ingreso, ya que el 1% superior captó el 20,4% del ingreso total en 2010, neto de impuestos, cuando a partir de las encuestas de hogares esta cifra se estima en 13,5%.  Esta participación relativa de los más ricos equivale al doble de las de Japón o España, al triple de la de Suecia, y Colombia supera a Argentina. Al interior de este 1%, la cifras de ingresos promedio, en el año 2010, son: el percentil 99, con 140.523 unidades tributarias, tiene un promedio aritmético de ingresos de 126,4 millones de pesos de 2010; y las del percentil superior, el 0,001%, con 281 unidades tributarias, recibieron un ingreso promedio de 12.616 millones de pesos; esto es: 100 veces más que el promedio de los primeros, -pero al interior del 1% más rico !. Si la comparación se hace con el promedio de los declarantes la proporción es 1.051 veces mayor.

Por el hecho que la economía ilegal obviamente no está registrada en las declaraciones de impuestos se considera que esta distribución es un límite inferior.

El 1% más ricos son esencialmente rentistas y capitalistas, especialmente el 0,001% en el que el 60% de ellos son rentistas de capital. Esta situación será concordante, más adelante, con el diagnóstico del estado de desarrollo productivo que mantiene durante muchas décadas un patrón de especialización de muy bajo contenido de innovación y enfocado en la exportación de recursos naturales con escaso valor agregado.

En cuanto a la composición del ingreso, entre gravable y no gravable, menos del 40% del ingreso del 1-0,5% superior se considera que es ingreso gravable y el 60% no lo es; esta brecha se agranda a medida que se avanza hacia los grupos superiores: en el caso del 0,01% más rico el 10% del ingreso es gravable y el 90% no. Por tal razón, el pago de impuestos es regresivo en el 1% de los más ricos: ya que la mitad de éste paga un 12% de su ingreso como impuesto de renta, en tanto que el 0,01 más alto el porcentaje cae al 8%, (Alvaredo, Londoño, 2014).

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Existe un amplio acuerdo en que la estructura productiva colombiana es de tipo tradicional, esto es atrasada en comparación con economías similares, exhibiendo escasa diversificación y sofisticación. En donde aún no existe completo acuerdo es que se requiere aquellas, y menos acuerdo aún en el cómo se debe llevarlas a cabo. Hay que resaltar, sin embargo, que existe una correlación alta entre complejidad de una economía y el PIB per cápita, y más aún que el nivel de complejidad puede ser un predictor del crecimiento de la economía (Hausmann y otros, 2016).   

La política de desarrollo productivo aprobada (CONPES 3866, 2016), si bien tiene aspectos positivos como la necesidad de impulsar la transferencia de tecnología, y reconocer dos grandes tipos de políticas: provisión de bienes públicos en sectores-clave e intervenciones de mercado transversales, es incompleta frente a la necesidad de lograr una focalización a nivel nacional, a partir de un proceso participativo de descubrimiento emprendedor, y del reconocimiento de la necesidad de diversificar y sofisticar el aparato productivo también a partir de la investigación estratégica, en ciertas actividades o sectores y en el marco de las cadenas globales de valor. Se plantea esto porque el monto de la inversión pública en investigación, desarrollo, emprendimiento e innovación se debe incrementar de manera considerable y sostenida, a tiempo que se definen las necesarias reformas el esquema de la operación de Fondo de CTeI del sistema de regalías.

En el próximo artículo se analizará la propuesta de la RTE frente a algunos de los impuestos a las empresas y personas naturales, sus efectos sobre la equidad y sus efectos sobre la financiación de la profundización del enfoque de desarrollo productivo.

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