Opinión

  • | 2016/02/22 00:01

    ¿Realmente vamos tan mal?

    Sin desconocer los comentarios autorizados sobre el actual panorama, llama la atención que se pasen por alto ciertos hechos que demuestran que estamos mirando más el corto plazo que la realidad del país hacia el futuro.

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Los diarios y medios económicos rebosan estos meses de artículos sobre la catástrofe que se viene como consecuencia de la reducción del precio del petróleo, anticipando el Armagedón que involucra una devaluación increíble, el desbordamiento del déficit fiscal y de cuenta corriente, una inflación desmedida y un sacrificio del crecimiento económico por el incremento en las tasas de interés para controlarla.

Notas de prensa van y vienen que son suficientes para crear un ambiente que no pueden menos que reflejarse en una total desconfianza de los consumidores, una sensación de crisis que resulta paradójica para un país que nunca ha vivido la hiperinflación de Brasil, Argentina o Venezuela, la actual escasez de la misma, el congelamiento de los depósitos bancarios, la quiebra masiva de bancos, o el total cierre del crédito como ocurrió en Estados Unidos recién cayó Lehman Brothers.

Sin desconocer los comentarios autorizados sobre el actual panorama, llama la atención que se pasen por alto ciertos hechos que demuestran que estamos mirando más el corto plazo que la realidad del país hacia el futuro, aunque sin duda ella depende de cómo se sortea el efecto de la actual coyuntura internacional y de la responsabilidad del Gobierno de promover las reformas que se requieren dentro de un derrotero claro orientado a hacer el país competitivo.

Sería deseable que las noticias tuvieran también otro matiz, dando relevancia por ejemplo a lo siguiente:

- La coyuntura pasará, eventualmente cuando el Estado Islámico, enemigo de los principales productores de petróleo del medio oriente, sea neutralizado y se recupere el control de las zonas petroleras que hoy controla. Hoy el crudo que el EI vende de contrabando es su fuente principal de financiamiento y elevar el precio mediante recortes a la producción no conviene a los productores si con ello se le generan más recursos a su enemigo.

- Aunque a muchos les dolió la venta de ISAGEN, y hoy duele más viendo el sobrecosto de Reficar, ella refleja que los inversionistas de largo plazo confían en el futuro crecimiento de la demanda de energía fruto del crecimiento económico del país en el postconflicto.

De hecho, en el vecindario Colombia sigue siendo la tercera economía de Latinoamérica en tamaño y población y si bien no es la estrella naciente que todos quieren atrapar, hay un mercado importante que atender con una clase media en crecimiento. Hoy el país es un 50% más barato que hace dos años y eso al final atrae buenos negocios.

- S&P no ha bajado la calificación de Colombia y su representante indica tener una visión positiva de la fortaleza institucional del país, de su manejo macroeconómico, si bien entiende que la situación se está debilitando y son necesarias reformas de fondo.

Nadie duda, salvo el Gobierno, de la urgencia de que la reforma tributaria sea presentada al país para ser discutida ampliamente, sobretodo para evitar que sirva de paliativo a la coyuntura fiscal y se pierda la oportunidad de reorganizar el sistema tributario que hoy es el principal obstáculo para la competitividad del país.

- Las 4G irán y el Gobierno está empeñado en que así sea, todo para actualizar la deplorable infraestructura vial sin la cual no lograremos mejorar nuestra competitividad. Entendiendo que hay tanto por hacer y tan poca plata, del cierre del proceso de paz con las FARC y cómo reinventemos al país dependerá la visión de los inversionistas cuyos recursos son hoy tan necesarios.

- Es innegable que la pacificación del país ha permitido retornar a lugares antes prohibidos y que el país está redescubriendo su belleza y el potencial que tiene como destino turístico. Pocos países tienen tal diversidad y el calor de un pueblo como el nuestro, pero los dividendos de ese potencial dependerán de si logramos venderlo como un destino pacifico.

Para transmitirse confianza al país sobre su futuro, la visión de un verdadero nuevo país no debe quedar en retórica sino en promover las reformas que se necesitan. El país seguirá avanzando a pesar de las malas noticias porque la realidad es la realidad y las crisis solo existen cuando las inventamos y obramos en consecuencia.

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