Opinión

  • | 2017/07/09 00:01

    Quiero ser grande y no me dejan

    De las cosas más difíciles que tiene el mundo organizacional y del liderazgo es entender las necesidades individuales de cada uno de los miembros del equipo para poder potenciarlas y llevar a todos sus miembros a los resultados que buscamos.

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Guardar el equilibrio entre las necesidades individuales y las colectivas es muy importante para un buen jefe. Tengo una historia que compartir que hace poco me contaron y que me dejó pensando en hasta donde podemos realmente hacer daño a un profesional en ascenso con nuestra actitud.

Esta es la historia de una chica joven llena de ímpetu, inteligente y disruptiva que seguramente tenía una carrera llena de logros en su futuro. Esta chica decidió cambiar su área de trabajo y en la misma empresa cambió de finanzas a marketing. Todo iba bien hasta que llegó su nuevo jefe.

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Su nuevo jefe no era muy amigo de los financieros, le parecían cuadriculados y muy poco creativos, así que desde el inicio, su relación empezó con prejuicios. La chica que venía haciendo las cosas muy bien definitivamente se desmotivó y por supuesto su desempeño no fue igual. En algún momento llegó a pensar que ella definitivamente no servía para marketing.

El jefe era duro con ella. La juzgaba por lo que decía, incluso por su estilo personal. Llegó un punto donde nuestra chica impetuosa decidió dejar la compañía. Se fue a trabajar a la competencia en marketing, donde claramente no solo fue exitosa sino muy feliz porque la “dejaron ser” lo que ella quería. Se sintió mejor como profesional y se sintió mejor como ser humano.

No sé si todas las historias de este tipo tengan un final feliz, pero sí creo que un buen líder tiene demasiada injerencia en lo que puede ser el futuro profesional de todos los miembros de su equipo. Lo primero que un líder debe hacer es quitar los prejuicios sobre quienes trabaja.

No existen perfiles buenos ni malos. No existe gente buena y mala. Existen más bien estilos diversos de personalidad y liderazgo. A pesar de que esto suena tan básico, muchas veces no somos conscientes de la responsabilidad que hay detrás de tener gente a cargo.

Podemos pasar por sobrevalorar capacidades y dar más responsabilidad de la que realmente se merece un individuo (con el riesgo evidente de quemarlo) a subestimar empleados que podrían tener un perfil disruptivo que cambie el hacer normal y brinde innovación a los procesos para obtener mejores resultados.

Es cierto que las fórmulas mágicas en materia de liderazgo no existen. Pero creo que hay una fórmula básica que funciona para todo en la vida y se trata del sentido común. A veces complejizamos mucho las decisiones y vemos el mundo solo con nuestros lentes, eso sí que es la miopía total. Hay que escuchar más, cuestionar nuestros propios prejuicios mentales y si se puede encontrar a alguien que ayude a ser la voz de la conciencia. No podemos tomar siempre decisiones pensando solo en lo que creemos, hay que ver siempre el contexto general.

Me gusta la gente que quiere crecer y me gustan más los líderes que facilitan el proceso superando sus propias inseguridades y respetando que un mundo diverso es imposible estandarizar. Los procesos pueden estandarizarse, la gente no. Por esto hay que poner mucha atención cuando la gente del equipo pide pista y dice: "quiero ser grande… y no me dejan".

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